por Eduardo Zalovich
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El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAl filo de celebrar 75 años de independencia, Israel vive una tregua ante el más duro enfrentamiento civil de su historia. El país más avanzado del Cercano Oriente y la única democracia en la zona está profundamente dividido por la política del premier Benjamín Netanyahu. Considerado un dirigente de primer nivel, parece haber perdido contacto con la realidad. La reforma judicial que impulsa provocó protestas masivas durante meses, y la crítica de aliados tradicionales como Gran Bretaña, Francia, Alemania y del propio presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que afirmó que hasta que no se resuelva la crisis Netanyahu no será invitado a la Casa Blanca. Desafiante y asociado con partidos radicales, Bibi se vio finalmente obligado a ceder. Ahora viene una etapa de negociaciones con los líderes opositores —Beni Gantz y Yair Lapid—, apoyados por el presidente Isaac Hertzog. Nadie está seguro acerca de si el diálogo llegará a buen puerto.
Tras llegar a un acuerdo para detener su reforma, que debilitaría peligrosamente al Poder Judicial, Netanyahu anunció: “Acepté tomar un tiempo para abrir nuevas negociaciones… ambas partes en la disputa quieren a nuestro país. Soy consciente de la enorme tensión que se está acumulando en el pueblo. La gran mayoría de los ciudadanos, a ambos lados de la valla, no quieren destrozar la nación”.
“Digo aquí y ahora: no debe haber una guerra fratricida, estamos en el camino de una peligrosa colisión en la sociedad israelí, una crisis que pone en peligro la unidad básica entre nosotros. Tal crisis requiere que todos actuemos con responsabilidad”, afirmó.
Uno de los líderes opositores, el exministro de Defensa Beny Gantz, se comprometió a “entrar de buena fe en las negociaciones sobre todos los temas”. También Yair Lapid afirmó su voluntad de llegar a un arreglo, pero advirtió a Netanyahu sobre “evitar sus viejos trucos”. Es que la historia del primer ministro se caracteriza por ignorar sus promesas y compromisos.
El presidente de la Histadrut (central sindical), Arnon Bar-David, suspendió la huelga general anunciada. “Seré el primero en ayudar en las negociaciones para crear una reforma formulada de mutuo acuerdo entre las partes y superar las divisiones en la nación… hago un llamado a todos mis amigos en la Knesset (Parlamento), de izquierda y derecha: dejen su ego a un lado y vean el bien del pueblo y el futuro de la sociedad. Bajo nuestra visión, se está llevando a cabo un evento, de los más grandes y difíciles en la historia de la nación, y todos debemos mostrar responsabilidad por el futuro de nuestros niños”, advirtió.
Miembros de la oposición cuestionaron la autenticidad de las intenciones del premier. Las protestas crecieron vertiginosamente en señal de indignación por la destitución del ministro de Defensa Yoav Gallant, después de que advirtiera sobre el riesgo para la seguridad de Israel que implicó la negativa de reservistas del Ejército a servir en un posible “régimen autoritario”.
En los próximos meses se verá si predomina el sentido común o si el extremismo echa por tierra esta oportunidad. Mientras tanto, las encuestas indican que si hubiera nuevas elecciones, la oposición lograría una clara mayoría. No hay partido político que no las vea.