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    Javier Milei: ¿ajuste ortodoxo clásico o plan delirante?

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2253 - 30 de Noviembre al 6 de Diciembre de 2023

    La Argentina, una vez más, se apresta a ser laboratorio de un nuevo experimento económico-político: un economista, un outsider de la política, alguien que no cuenta con apoyo en el Congreso ni armado de bloque, que se autodefine anarco-capitalista (libertario, según la prensa) y que ganó prometiendo cerrar el Banco Central, es el elegido para conducir el país en los próximos cuatro años desde el 10 de diciembre. Su nombre es Javier Milei.

    The Washington Post, Bloomberg, Financial Times y el resto de la prensa internacional más consagrada ha echado el ojo sobre él. The Wall Street Journal reforzará su oficina en Buenos Aires para seguir los primeros pasos de su gobierno. Argentina lo logró una vez más: captar la atención del mundo y no por el fútbol o una crisis.

    Pero el fantasma del colapso merodea.

    El futuro presidente hereda la peor herencia desde el regreso de la democracia a este país cuarenta años atrás. Cerca de 10 puntos del producto bruto de déficit fiscal, US$ 11.000 millones de reservas netas negativas en el Banco Central, deudas con importadores por US$ 22.000 millones, brecha cambiaria de 160%, inflación anual en 200%, salarios de US$ 400 y el 43% de su población viviendo en la pobreza.

    Pero lo peor de todo esto es que la Argentina está por delante de un ajuste fenomenal que le toca afrontar en condiciones paupérrimas. Sus riquezas yacen adormecidas y encadenadas por los vicios de los poderes corporativos y facciosos. Quizá por ello Estados Unidos haya brindado desde el vamos respaldo a este Milei debilitado en lo político, pero empoderado por la sociedad a través de lo que Estados Unidos más defiende: la democracia. El argentino manifestó públicamente su respaldo a Israel y Ucrania por las agresiones de Hamás y Rusia, algo que lo coloca automáticamente del lado de Biden, que ha llamado a defender las democracias liberales de Occidente. Y como EE.UU. está desilusionado con Lula, tal vez el argentino sea el contrapeso a escala regional para Washington.

    Hay que decir la verdad. El sendero de ajuste que espera por delante a la Argentina hubiera sido el mismo tanto con Milei como con Sergio Massa, su contrincante en el balotaje del 19 de noviembre. Si Milei es un líder de derecha, para algunos de extrema derecha, Massa representaba la opción de centro-izquierda —aunque su origen político proviene de un partido de derecha—, y él también debería haber probado la acidez del ajuste. No había escapatoria.

    Argentina gastó su crédito. Ya no tendrá acceso al financiamiento externo si no empieza urgente una reforma que baje el déficit operativo de su Estado. Y cubrir el rojo emitiendo pesos mostró ser contraproducente para el actual gobierno. El kirchnerismo no perdió las elecciones porque la sociedad argentina abraza ideas de ultraderecha, discriminatorias y anacrónicas en lo cultural como muchos sostienen. La flecha que lo hirió fue una de sus propias filas: la inflación y el estancamiento.

    La inflación acumulada entre noviembre de 2019 y octubre de 2023 fue 814%. Con Mauricio Macri, 297%.

    El estancamiento es un tema más de fondo y para nada obvio.

    El visitante distraído que pasee estos días por Buenos Aires se topará con bares y cafés llenos. Avenidas despampanantes, congestionadas de tráfico de porteños apurados y restaurantes donde para cenar hace falta reservar con antelación. Ni hablar los fines de semana largos si alguien decide cruzar el charco.

    Pero así como hay filas en los Starbucks, las góndolas de los supermercados están vacías. Las empresas no entregan productos y el desabastecimiento crece.

    Dos días después del balotaje, empresas proveedoras de alimentos entregaron a los supermercados listas de precios con 50% de aumentos. El Ministerio de Economía dijo que no autorizaba más de 20% de subas. De lo contrario no podían vender. ¿Resultado? Las góndolas tienen faltantes.

    Hay otro estancamiento de la economía argentina mucho más severo y preocupante. A fin de año el producto bruto por habitante tendrá el nivel de 2007.

    El kirchnerismo argumenta que la economía argentina adolece un pecado original llamado restricción externa, esto es, un interpretación sui generis de que el país no produce la suficiente cantidad de divisas para sostener y ampliar su capacidad productiva. Y cada vez que enfrenta un revés como una sequía o una salida brusca en el flujo de capitales, lo que ocurre es una devaluación, aumento de la inflación y por ende de la pobreza.

    Sin embargo, las exportaciones con Alberto Fernández fueron más que con Macri: US$ 277.811 millones versus US$ 231.627 millones. Y aún así logró acumular menos reservas.

    En los primeros días Milei ratificó sus ideas que había anunciado en la campaña, aunque aclaró que no serían aplicadas con la secuencia ni la velocidad que pensaban muchos.

    Sobre la dolarización, Milei dijo que “la idea es que la podamos instrumentar en un año. Va a ser mucho más fácil hacer la dolarización cuando empiece a verse la mejora de los números fiscales”.

    Sobre la reforma impositiva, adelantó que “no será ahora. Necesitamos la reforma del Estado y a partir de ahí elaborar el ajuste y a partir de ahí recién podés bajar los impuestos”.

    En materia internacional, Milei se reunió en Washington con el asesor de Seguridad Nacional de Joe Biden, Jake Sullivan. El argentino durante la campaña había elogiado a su archirrival Donald Trump, favorito a ganar las elecciones en 2024. Milei allí también se vio con Bill Clinton. Por último, días atrás Milei invitó a Lula y al papa a visitar la Argentina en contra de las críticas que había propiciado sobre ambos semanas atrás.

    Conclusión: no habrá ni dolarización ni rebaja de impuestos inmediata ni una integración al mundo en contra de los intereses económicos del país.

    ¿Ganará el pragmatismo por el lado de Milei?

    El presidente electo admitió que incorporará a economistas que no militan en su espacio. Luis Caputo, que será su ministro de Economía, estuvo en la administración de Macri. Y Osvaldo Giordano, titular de la oficina a cargo de la Seguridad Social (Anses, según sus siglas en español), fue el ministro de Hacienda de la provincia de Córdoba, conducida por un líder del peronismo federal argentino, Juan Schiaretti. Milei también aclaró que está dispuesto a absorber ideas y programas que no estaban en su grupo.

    “Si vos tenés una idea, estabas militando en otro lado y a mí me sirve, yo me la llevo y ‘la pico’”. Y agregó: “No me pusieron en el cargo de presidente para hacer catación de liberalismo en sangre sino para resolver problemas. Mi responsabilidad es exterminar la inflación y mejorar los salarios”.

    La economista argentina Silvana Tenreyro, exdirectora del Banco de Inglaterra, sostuvo años atrás que la Argentina necesita aplicar un programa que debe ser shock en su anuncio y gradualista para aplicarlo. Esto va a contramano de la idea convencional de que una política de shock consiste en anunciar al mismo tiempo un cambio de rumbo y aplicarlo. Para Tenreyro podría no ser así y tal vez sea mejor comunicar que se toma un nuevo camino, pero recorrerlo de manera prudente porque de lo contrario sería exponer al 40% de la población que vive en la pobreza y otra porción no menor que está al borde de ella: un salto inflacionario como el que se avecina en la Argentina —producto de que el gobierno kirchnerista aplicó controles de precios que ahora serán desactivados— sin duda elevará el número de pobres.

    Si la izquierda en la Argentina fracasó en su experimento de los últimos 20 años debido quizá a una cierta mirada anacrónica de la economía y de relacionamiento con el mundo, la derecha ahora enfrenta sus desafíos y deberá demostrar que ha evolucionado.

    Las izquierdas en Chile, Uruguay y Brasil demostraron saber compatibilizar una mirada de la democracia liberal con la economía de mercado y bancos centrales independientes para bajar la inflación. Incluso Perú, pese a su inestabilidad y convulsión política.

    Ahora la derecha argentina enfrenta el desafío de hacer una reforma del Estado sin que sea sinónimo de achicar el sector público sino de volverlo más eficiente, y para ello no hace falta menos personas trabajando sino más equipos. Todo lo que Macri no logró en 2015-2019. ¿Por qué Macri no pudo y Milei podrá?

    Milei está delante de una disyuntiva: ¿aplica un plan delirante, férreo a sus ideas libertarias, o un plan clásico ortodoxo?

    Esto mismo es lo que deliberan Milei y Macri en estas horas. Final abierto.

    *El autor es editor jefe de Economía en el diario Clarín. Especial para Búsqueda.

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