A continuación una síntesis de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.
—¿Qué impronta piensa darle a la Dirección Nacional de Trabajo?
—Ernesto (Murro) nos convocó a trabajar con una consigna que es “la cultura del trabajo para el desarrollo”. Eso hace que nos haga poner en primer orden contribuir al gran objetivo político que tiene el gobierno de Tabaré (Vázquez) en torno a un diálogo social que busque consensos en políticas de Estado. Bajo la premisa de que el arte de negociar es eso, un arte, se debe fomentar la negociación al máximo posible buscando esos consensos. Siempre hay posibilidades de apretar un poco más en ese sentido
—¿A qué se refiere?
—Y que tienen que empezar a jugar un papel distinto, por ejemplo el Consejo Superior Tripartito porque no podemos fomentar el diálogo a partir de las estructuras intermedias. O que ante la carencia de diálogo entre las tres partes, reviente en los ámbitos de la negociación por sectores. Bien concreto: yo no tendría que esperar a que venzan los convenios el 30 de junio para convocar los grupos y subgrupos a la negociación colectiva; antes me tendría que sentar a diseñar con las tres partes hacia dónde vamos.
—Usted tiene una historia y una formación bastante conocida ¿Hay una impronta especial por ser miembro de la dirección del Partido Comunista?
—Es así y eso te coloca más en la vidriera. No solamente para la contraparte del sector empleador y el de los trabajadores, sino también para mis propios compañeros en el ámbito de gobierno. Es un desafío grande y así lo tomo. Por eso, sobre finales de enero empiezo a recorrer los sindicatos para ir a conocer cuál es su realidad y escuchar sus propias demandas porque, así como fui al PIT-CNT a dialogar con algún integrante del Secretariado, no quiero que sea solo un gesto o pose para la tribuna, sino de verdad adelantarse a la aparición de los problemas.
—¿Se reunirá con las cámaras empresariales?
—Sí, pero la llamada que tengo pendiente es hablar con Cristina Fernández, que nos va acompañar en esta tarea en el ministerio, para compartir la idea. Tal véz ella tenga que hacer lo mismo con sus pares empresarios y nosotros luego elaborar una propuesta para hacer una recorrida conjunta. Pero son ideas generales aún.
—¿Trabajo es un ministerio de los trabajadores?
—No, no es. Pero en sociedades como la nuestra hace que sea uno de los ámbitos naturales donde el trabajador acude de forma inmediata. Para el trabajador es así, para el sector empleador no. El sector empleador tiene otra fortaleza y escenarios distintos, y generalmente contrata a estudios jurídicos como sus representantes en la negociación.
—¿Eso es un problema para usted?
—A veces no es lo mismo. Ha pasado en varias oportunidades donde el problema que tuvimos con el estudio jurídico, con algunas simples llamadas, lo arreglás con el empresario que lo contrató para que lo representen. Yo no soy quien para recomendar, pero a la luz de los hechos, creo que lo mejor es que negocien directamente patrones y trabajadores, sin mucho intermediario. No hago un juicio de valor, simplemente constato realidades que se repiten.
—Más allá de la visión comunista clásica sobre lo que representa el Estado, desde su perspectiva ideológica parece haberle tocado la misión de ser árbitro de “la lucha de clases”....
—No me siento un árbitro de la lucha de clases. Pero si digo que una de las expresiones de la lucha de clases es la negociación, un resultado de la lucha de clases puede ser el conflicto. Yo no soy el árbitro de eso, simplemente voy a operar sobre eso.
—¿Operar significa en algún caso decirle al sindicato que se equivoca?
—Buscaré la forma y el momento más apropiado, no será por Búsqueda ni en un estadio, pero no voy a dudar si tengo que expresarles mi opinión a los integrantes del movimiento sindical. Lo haré, no tengan duda.
—¿Qué escenario visualiza para la próxima ronda de los Consejos de Salarios?
—No es el mejor escenario. Ya que muchos dicen que los dos primeros gobiernos del Frente Amplio han sido favorecidos por el viento de cola, creo que van a venir tiempos de turbulencia. Y en zona de turbulencia, el que comanda el avión tiene un rol importante y los pasajeros van a tener que llegar a destino. En este escenario se va a demostrar más la capacidad en la búsqueda de los conscensos.
—¿Cómo se hace eso?
—Básicamente pasa por una buena discusión política en el Consejo Superior Tripartito. Ahí no se precisa carta de presentación. Obviamente que conozco a todos los principales dirigentes de la central, a los más experimentados, pero también conozco y tengo trato y confianza recíproca con buena parte del elenco de dirigentes empresariales. Además, si hay algo por lo que me consta se me conoce es por ser una persona que siempre busca puentes y con el que siempre se puede negociar.
—La capacitación y la formación de los negociadores puede ser un obstáculo para encontrar acuerdos?
—Hace poco tiempo un medio de prensa exhibió en tono catastrófico y bien sensacionalista que era más que escasa la formación de los nuevos legisladores y que incluso eran muy pocos los universitarios. ¿Alguien sabe qué nivel de instrucción tiene el sector empleador en nuestro país? Un primer análisis con sectores de la Universidad marcan que solo el 10% del sector empresarial tiene educación universitaria. Y ¿cuántos del movimiento sindical? Capaz que menos. Lo que no se puede inventar es la formación y la capacitación en las tareas gremiales. Esta es la premisa que tiene que tener el movimiento sindical y el sector empleador también.
—Por ejemplo, en la banca, donde AEBU tiene un crecimiento de afiliados con salarios inferiores a los $ 14.000, uno podría pensar que usted le tocará decir a los que ganan muy bueno sueldos: “muchachos, aguanten un poco y ayuden a los que están más abajo”. ¿Es posible imaginarlo en ese rol?
—Ese es un desafío. Sea cual sea el ejemplo, lo cierto es que 500.000 trabajadores ganan salarios de $ 14.000 que ni siquiera tributan el monto mínimo imponible. Entonces, en este Uruguay donde los índices económicos han crecido y mejoró su producción, este Uruguay hace que en una pareja, uno de los dos salga a trabajar para pagar el alquiler. Uno no puede estar conforme, desde una concepción de izquierda, ser parte de un gobierno donde la mitad de un ingreso sea para pagar el alquiler.
—¿Cómo se revierte esa realidad?
—Contribuyendo a una mejora en la distribución de la riqueza. El primer instrumento que tiene el gobierno para hacerlo es el salario. Y lo puede hacer fomentando una buena negociación colectiva, con mecanismos de aumento del salario mínimo nacional o aumentar de forma diferencial las jubilaciones. Pero no alcanza solo con eso y hay otros instrumentos: tributarios, la inversión de las rentas generales a las políticas sociales del país. Con varios de estos instrumentos vamos a mejorar la situación.
—¿Y con esto se cambia la situación de esos 500.000 trabajadores?
—Tenemos que incentivar que todo trabajador se forme y capacite más. Yo he participado en luchas porque los trabajadores reclaman la necesidad de que se den cursos en la nueva tecnología. Es más, tengo entendido que en algunas empresas forestales del país, cuando prepara a algún trabajador para la utilización de esa maquinaria moderna, si el trabajador después de recibir la capacitación se quiere ir, le saca el título y no lo recomienda con esa formación. Entonces, se trata de cómo utilizar la suerte y la vida de un trabajador como parte de un patrimonio del mismo capital. Son multinacionales con esa cabeza.
¿Por qué se generan a veces tantos conflictos en grandes inversiones y ves que no solo el capital es multinacional sino que casi todos los mandos jerárquicos y medios vienen de fuera del país? Un jefe de recursos humanos que tiene 1.000 trabajadores podrá tener mucha historia en su país, pero qué conoce de las leyes laborales, de las reglas de juego de nuestro país, qué conoce del boliche que hay que tener para poder buscar en la negociación colectiva acuerdos de consenso mucho más rápido. Una vez más: no le digo a nadie lo que tengo que hacer, pero relato experiencias bien conocidas que si uno es responsable debe tenerlas en cuenta.
—¿Ya siendo director de Trabajo, no se inclinará por nadie?
—Imparciales en esto no hay. Yo jugué un rol determinado en el movimiento sindical. Me mudé de tarea cuando renuncié al PIT-CNT y vine al Frente Amplio pero que tenía la misma concepción. Ahora, tres años después, me mudo de tarea nuevamente y vuelvo a ser la misma persona.
—¿Y cuáles serán sus preocupaciones desde esa posición?
—A mí me preocupa cada vez más que los trabajadores y trabajadoras vivan mejor. Eso es un derecho que no le cedo a nadie. ¿Esto tiene que ir en detrimento de otros? No necesariamente, pero yo vivo en una sociedad capitalista, una sociedad donde no todos somos iguales. Entonces, sin duda cuanto mejor estén los trabajadores yo me voy a sentir mejor.
En un momento a Julio Baraibar (futuro subsecretario de Trabajo) le dábamos palo porque había dicho que pusimos el dedo en la balanza a favor de los trabajadores, pero él intentó demostrar cuál era el rol de un gobierno de izquierda. Si bien tratamos la búsqueda del equilibrio en la balanza, está claro que vamos a buscar un escenario que tenga al gobierno al que nosotros obedecemos. A mí se me da esta responsabilidad y quien me dice que ocupe este lugar es el Frente Amplio. Y el Frente Amplio es una fuerza de izquierda. No necesita más presentación.
—Entonces por eso va a defender a los trabajadores...
–Por eso.