Lo que sigue es una síntesis de la entrevista.
—¿Cuál es la situación del sector agropecuario en Uruguay?
—Existe una desaceleración en la rentabilidad del negocio agropecuario en general. Hay un par de ejemplos muy claros de esto, como las 100 carpetas verdes del monitoreo del Instituto Plan Agropecuario. Es una referencia muy válida que muestra una pérdida de la rentabilidad ganadera, a pesar de la baja en los costos. Eso en cierta forma se explica cuando se calcúlo con un valor del dólar a 30 pesos. Pero eso hoy ya no es tan así porque el dólar vale menos que en ese momento. Los costos fijos se están licuando en menor proporción en comparación con ese momento en que se hicieron los cálculos de las carpetas verdes.
En este contexto hay un negocio que se hace menos rentable, más difícil, con una perspectiva menos alentadora para el productor a la hora de invertir. Eso es algo a tener muy en cuenta por quienes tienen la obligación de buscar la manera de potenciar la productividad.
—El Plan Agropecuario advirtió que las expectativas y la confianza del productor están dañadas por esa situación. ¿Qué opina de esto?
—Sí, hay preocupación. El productor agropecuario, como en cualquier otra actividad empresarial, busca siempre poder invertir en aquello que alienta algún tipo de expectativa. Venimos de una pérdida de competitividad muy clara. Uruguay es un país exportador y en eso, los costos y el valor del dólar no están ayudando para mantener un nivel de competitividad con nuestros vecinos y otros competidores del sector.
—¿Otro tema de preocupación es la carga impositiva en el agro?
—Sí, eso también se ha venido aumentando. El reclamo es que eso se ha orientado en función de lo ideológico en el gobierno. Hay impuestos que van sobre la renta y otros que son fijos, sobre la propiedad, entonces haya o no rentabilidad igual se cobran. Y eso atenta contra los intereses básicos del productor.
No es que los productores nos quejemos siempre del clima, pero es muy claro lo que indican las carpetas verdes del Plan Agropecuario respecto a este tema.
Al norte del río Negro los productores se vieron menos afectados por la falta de agua, en comparación con lo que sucedió en el centro y en el este del territorio. Uruguay es un país climadependiente. Por lo tanto, cuando uno está produciendo a cielo abierto queda expuesto a las inclemencias del tiempo. Son cada vez más intensos los períodos de exceso o de faltante de lluvias. Y eso incide en la productividad y por tanto, en la rentabilidad del agro.
—¿La ARU no va a modificar su discurso y el planteo de algunos reclamos que hizo en la clausura de la última Expo Prado, considerando la reacción de rechazo que generó en algunos sectores del partido de gobierno?
—Es un tema muy delicado. Lo dicho, dicho está. El discurso de (Ricardo) Reilly fue muy claro, con altura y respeto. Y luego que pasaron algunos días, cuando los distintos actores del gobierno tuvieron tiempo de recapacitar y analizar, no encontraron elementos que puedan ser criticados en la esencia del discurso.
No vamos a cambiar absolutamente nada. Los planteos que se hicieron son muy fundados, con estudios que los respaldan.
Nuestra función es hacer oír la voz de la ARU, defendiendo los intereses de todo el sector agropecuario. Lo justo y lo lógico como dirigentes es manifestar nuestros problemas.
—¿Considera que hay un intento de ciertos sectores del Frente Amplio de desacreditar a la ARU cuando se cuestiona la forma en que se eligen sus autoridades, entre otros aspectos?
—La ARU tiene su historia, 145 años de vida y no creo que haga falta explicar cuál es el padrón social, que no es menor. Las 50 gremiales que la integran y la cantidad de socios y participantes muestran la real magnitud e incidencia que tiene como entidad gremial.
Todo lo demás va por cuenta de quien lo dice. Sabemos que ha habido distintos planteamientos pero de parte nuestra la cosa está muy clara. Hay toda una trayectoria que respalda a la ARU.
—¿Qué opina del endeudamiento del sector agropecuario y el aumento de la morosidad en esta actividad?
—Lamentablemente, el incremento del endeudamiento del sector creció a U$S 2.580 millones, lo que es muy significativo.
Esto es preocupante y obedece a que el pasado reciente fue un momento de esplendor, con inversión en el agro, la adquisición de maquinarias, las rentas de los campos, entre otros factores.
Hoy lo vemos como un desfase, porque estamos con inversiones y costos altos y con la rentabilidad baja. Eso está generando esa situación de morosidad, que crece y que cada vez es más complicada, porque deja expuesto a una productividad que está condicionada por el clima.
—¿Qué medidas del gobierno serían oportunas para apoyar al agro en este momento?
—El tema de la competitividad pasa por medidas vinculadas a que Uruguay es un país netamente exportador. Y el tipo de cambio es uno de los elementos que están limitando una mejor competitividad de los productos agropecuarios en la exportación.
En la inserción internacional sería fundamental que se pudiera concretar alguna negociación para el mejor acceso a los mercados. Hace unos días regresó una delegación oficial muy importante que estuvo en China con una expectativa general para negociar un TLC.
Hay algunas comparaciones que no comparto, porque se habla de complementariedad entre Uruguay y China. Es ridículo pensar que Uruguay puede ser complementario en algún sentido. Sí se puede pretender abrir puertas y hacer negocios que nos permitan reducir los aranceles aduaneros para una mejor colocación. Pero ahí estamos circunscriptos por dos temas. El primero es el Mercosur, porque Argentina y Brasil ya han manifestado que no son proclives a que Uruguay haga un acuerdo bilateral. Para eso tendría que salir del Mercosur, con lo cual sería peor el remedio que la enfermedad. Y en segundo lugar, en el Parlamento va a ser muy difícil su aprobación, ya que algunos sectores vinculados al PIT-CNT y al MPP no han estado dispuestos a aceptar un TLC.
Por eso, sería fundamental revisar las políticas para lograr acuerdos comerciales con países que nos permitan mayor fluidez en la colocación de nuestros productos.
—¿No ve ningún riesgo en la firma de un TLC con China, considerando el tamaño y la potencia económica de ese país?
—Para firmar un TLC deben ser considerados cuáles son los factores a favor y en contra. Con China tiene que ser una cosa acorde con las posibilidades de cada uno. Pero de cualquier manera, sea con China o sea con EEUU lo más importante en la negociación de un TLC es que se consideren adecuadamente las potenciales capacidades de cada uno de poder integrarse de la mejor manera.
—¿Qué opina de la decisión del gobierno de no invitar a la ARU y a otras gremiales del agro a que integrasen la delegación oficial que fue a China?
—Hubo una nota del Instituto Uruguay XXI que comunicaba algunos detalles de esta misión. Pero lo que Uruguay XXI no tenía claro es que nunca había llegado una invitación a la ARU.
Creo que el gobierno tenía que haber invitado a la ARU, pero desconozco los motivos de por qué no lo hizo.
—¿Qué posición tiene la ARU respecto a la instalación de una nueva planta de celulosa en Uruguay?
—En eso no hay dos opiniones. Se ve como algo muy positivo. Una tercera planta de celulosa en el centro del país es muy importante por los puestos de trabajo que generará, por las posibilidades de exportación.
Esperemos que se puedan hacer los acuerdos que se han puesto como condicionantes, especialmente en la mejora de la logística para extraer la producción.
—¿Y respecto al impacto que pueda tener en el valor de las rentas de campos, considerando un eventual incremento del precio y la mayor competencia para otros subsectores del agro?
—Posiblemente eso ocurra. Igualmente son muy importantes los beneficios que esto puede traer aparejado.
Lo importante es que los campos empleados para forestar sean los indicados para hacerlo. La silvicultura es una herramienta muy importante para complementarse con la pecuaria.
—¿Está de acuerdo con que los propietarios de frigoríficos también sean dueños de corrales para el engorde de vacunos? En el sector ganadero advierten esa situación como un factor de incidencia en la operativa de la faena y de los precios del ganado.
—Es muy difícil ser juez y parte. Es un motivo de preocupación para la ARU.
Lo vamos a revisar jurídicamente, para ver cuáles son las potestades y así poder actuar en consecuencia. Cuando hay una regulación por parte de uno de los actores que están comprando hacienda, eso puede llevar o ha llevado a una retracción en el precio del ganado. Compartimos esta preocupación y vamos a revisarlo para llegar a algún tipo de propuesta.
Si se demuestra que jurídicamente se puede corregir, entonces hacerlo.