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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Reforma constitucional para qué? Un raro consenso parece unir a vencedores y vencidos, a gobernantes y opositores, a frenteamplistas, blancos y colorados: que es necesario reformar la Constitución para no perder tanto tiempo con tres o cuatro convocatorias a las urnas cada cinco años.
Entre las razones aducidas en favor de tal reforma, se destaca el gasto que representa para el país cada llamado a elecciones, así como el tiempo empleado en cada consulta, que podría ser destinado con mayor provecho —se alega— a otras tareas del gobierno.
En efecto, nuestro sistema electoral prevé elecciones nacionales cada cinco años, que a veces se desarrollan en dos vueltas, una elección de autoridades departamentales y municipales y las internas de los partidos, a veces con algún plebiscito en el medio, con lo que se configura una democracia altamente participativa, cuyos ciudadanos se educan cívicamente ejerciendo periódicamente su soberanía en las urnas.
Las propuestas que por ahora circulan no van en favor de ensanchar la democracia sino, por el contrario, se propone la eliminación de las elecciones internas, la fusión de las nacionales con las municipales y hasta la eliminación de la segunda vuelta.
Como primeras reflexiones, se me ocurre que la democracia nunca es demasiado “cara”, que es mucho más cara la falta de democracia, la insuficiencia de democracia que los uruguayos hemos padecido desde varios años antes del golpe de Estado de 1973. Diría también que practicar la democracia no es “perder el tiempo”, aunque muchos profesionales de la política puedan creer que ellos tienen cosas más importantes que hacer.
Juntar en un solo acto electoral los comicios nacionales y los municipales puede parecer a primera vista muy práctico y económico, pero con esa opción se recortaría la democracia, puesto que, bajo la apariencia de una alegada mayor eficiencia, se pondría a los ciudadanos, en una misma votación, ante decisiones de carácter radicalmente diferente, como mostraron las últimas elecciones en departamentos y municipios. Juntar las nacionales con las municipales sería taparle la boca a la gente, como también lo sería la eliminación de las internas partidarias.
No está mal que los políticos vean el mundo a través de sus conveniencias; de alguna forma, todos lo hacemos, pero tengamos en cuenta que, para el común de los ciudadanos, la mayor conveniencia radica en ampliar la democracia, en preservar y extender los espacios de participación ciudadana conquistados en las últimas décadas y en no dejar que los políticos nos hagan creer que el sistema representativo los convierte en únicos depositarios de la voluntad popular. Es cierto que no podemos tener en el siglo XXI una democracia directa, como también lo es el hecho de que la Constitución puede ser reformada en cualquier momento mediante los procedimientos previstos en ella, pero no deberíamos dejar que esa potestad ciudadana sea utilizada para que nos recorten los espacios de participación que la Carta consagra.
Ricardo Soca
CI 1.010.140-2