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La estación experimental La Estanzuela del INIA comenzará a evaluar en breve un nuevo sistema de alta producción con metas en el entorno de los 18.000 litros de leche y una productividad de unos 1.250 kilos de sólidos por hectárea y por año, basado en la información recabada y los avances logrados durante más de 50 años de investigación en esa unidad, según informaron a Campo los investigadores de ese instituto Yamandú Acosta y Alejandro La Manna.
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El lanzamiento oficial de este sistema de alta producción se va realizar el próximo 11 de junio, en el marco de las celebraciones de los 100 años del inicio de las actividades de investigación en La Estanzuela, con la creación del Instituto Fitotécnico y Semillero Nacional. Si bien el Instituto contó con un rodeo de producción y un tambo desde temprano, con algunas pocas decenas de vacas que se ordeñaban a mano y pastoreaban mayormente en el área de la actual Unidad de Lechería, sus objetivos no alcanzaban las actividades de investigación y su propósito era proveer leche diariamente a la cocina del Instituto y a algunas familias del pueblito formado a su alrededor.
Recién a partir de la reestructura acontecida a principios de los ‘60 (el Dr. Boerger había fallecido en 1957) fue que se incorporó a las responsabilidades del novel Centro de Investigaciones Agrícolas Alberto Boerger la investigación en rubros de producción animal y se crearon las unidades respectivas como plataforma y campo experimental de las mismas.
Acosta y La Manna contaron que recién para mediados de los ‘60 se había creado la Unidad Experimental y Demostrativa de Producción de Leche de La Estanzuela y que para su planteamiento inicial se contó con el concurso de J. Percival, neozelandés del equipo de trabajo del prestigioso experto McMeekan.
Pronto, producto de un convenio con el gobierno holandés, se sumó al equipo un joven y pujante técnico, Cees van Velzen, por lo que desde su inicio las actividades de producción lechera en La Estanzuela contaron con la visión pastoril propia de Nueva Zelanda más la impronta europea de manejo animal individual y detallado.
Aportes revolucionarios
Estos técnicos relataron que esa Unidad Experimental y Demostrativa de Producción Lechera comenzó muy tempranamente a hacer aportes al productor comercial local, a través de publicaciones de extensión y reuniones de campo demostrativas, donde se trataban temas de profundo interés, como manejo del pastoreo, utilización del heno como suplemento, recría de reemplazos, crianza artificial de terneros y manejo del ordeñe, entre otros. Recordaron que aún circulan historias como cuando el Dr. Van Velzen demostró que para ordeñar una vaca no era necesario “apoyarla” con su ternero, rompiendo con una creencia profundamente arraigada en el medio uruguayo, extremo que causó asombro y hasta algo de incredulidad en la época.
Dijeron que ya en los años ‘70 comenzaron a integrarse al equipo del Programa de Lechería técnicos nacionales que continuaron las tareas de investigación y demostración ya comenzadas. La producción y utilización de pasturas se constituyó prontamente en una de las prioridades de trabajo del equipo.
Así, para comienzos de los ‘80, la Unidad de Lechería había probado y consolidado una propuesta productiva básicamente pastoril en la forma de Sistemas de Producción Estacionales de Otoño, de Primavera y Doble Estacional, que arrojaban productividades del orden de los 3.000 litros de leche por hectárea y por año, cifra que triplicaba fácilmente la media nacional. Nuevamente esta propuesta se basaba en el uso de pastura “pastoreable” en la casi totalidad de la superficie útil del establecimiento, una carga animal que duplicaba la media nacional y un desempeño individual de los animales un 30% superior a la media uruguaya. Esta propuesta —señalaron— constituyó un gran aporte al acervo técnico nacional, pero también causó algo de descreimiento y desconfianza. Con el correr de los años, terminó siendo un modelo ampliamente adoptado por los productores de leche del país.
La autosufi-ciencia en lácteos
Los investigadores del INIA señalaron que ya a principios de los ‘90, el tema dominante fue el de las “rotaciones” o sucesión de pasturas y cultivos para maximizar la producción total de alimento básico en el predio como forma de mantener una elevada dotación animal con una razonable performance productiva del rodeo. Dijeron que a partir de allí quedó claro que el concepto de rotación implicaba aceptar que las pasturas uruguayas podían ser plurianuales pero no perennes, por lo que para elevar y sostener su productividad había que planificar una cuota anual de praderas nuevas cada año, y que el uso de cultivos específicos, generalmente de verano, cosechados a madurez fisiológica y conservados como ensilaje, mostraba un muy atractivo potencial de respuesta.
Comentaron que durante esta década se formularon y evaluaron varias propuestas que permitieron alcanzar productividades de leche por hectárea y por año de hasta 7.500 litros, permitiendo esto recrear una nueva frontera tecnológica para la lechería nacional.
Para Acosta y La Manna, el diagnóstico tecnológico de esta década mostraba claramente que Uruguay había alcanzado con amplitud y sostenidamente la autosuficiencia en lácteos, por lo que toda producción adicional tendría por destino la exportación. Por lo tanto, se debía comenzar a considerar en forma preponderante no solo la producción de leche sino la aptitud industrial de la misma, por lo que el Programa Nacional decidió y ejecutó la incorporación de un Laboratorio de Calidad de Leche que permitiera incorporar temas de calidad a las propuestas experimentales bajo evaluación y con una capacidad excedentaria como para brindar servicio a terceros.
Dijeron que fue en esa década también que se incorporó la siembra directa, y para fines de los ‘90 la totalidad de pasturas y cultivos de la Unidad se realizaban bajo el régimen de siembra directa.
Ya entonces, y teniendo en cuenta el creciente interés por la sostenibilidad ambiental de la producción, se incursionó en forma creciente en medidas de mitigación del impacto de los efluentes orgánicos del tambo, con elaboración de documentos y manuales al respecto y el trabajo en la propia Unidad de Lechería, así como con otras instituciones nacionales en la materia.
Agregaron que para la década del 2000, en función de la síntesis de un importante cuerpo de información generada a partir de experimentos puntuales, se formularon y evaluaron a campo varios sistemas de producción que incluyeron consideraciones medioambientales, siembras directas para la producción básica de alimento, que permitieron alcanzar guarismos productivos del orden de los 11.500 litros de leche por hectárea/año y algo más de 850 kilos de sólidos comerciales (grasa más proteína lácteas) por hectárea/año.
Ahora se prepara un gran salto productivo basado en estrictos requisitos de sostenibilidad económica, ambiental y social, para que pueda constituir un genuino aporte a la lechería uruguaya buscando un progreso armonioso del rubro y atendiendo las necesidades y requerimientos de productores, asalariados, animales involucrados y con el menor impacto posible sobre los recursos naturales implicados.