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    La Junta de Drogas busca revertir la “movilidad social descendente” de los “consumidores problemáticos” y reinsertarlos en la sociedad

    La mayoría de los que participan en la propuesta son hombres (87,5%), menores de 30 años (73,4%) y no tienen Ciclo Básico completo (60,7%)

    Cada mes, unos 2.000 uruguayos asisten a algún tipo de tratamiento para enfrentar sus problemas de consumo problemático de drogas. La mayoría intenta salir del espiral descendente que supone la adicción a la pasta base. Lograr ese objetivo, según la Junta Nacional de Drogas (JND), requiere bastante más que reducir o eliminar el consumo y, por eso, en los últimos años comenzó un programa de reinserción social que busca dar un “proyecto de vida” a los adictos.

    El plan no es fácil de concretar. Un currículum que muestra abandono temprano del sistema educativo y poca experiencia laboral, sumado a la asistencia a programas para abandonar el consumo drogas, hacen que las probabilidades de que un empleador contrate a alguien con esos antecedentes sean mínimas. A eso se añade, en muchos casos, un entorno social carente de “ejemplos a seguir” y que suele fomentar el consumo.

    “Creemos que las personas pueden cambiar, pero hay que darles oportunidades para que lo hagan”, declaró a Búsqueda la coordinadora del Departamento de Inserción Social de la JND, Rosina Tricánico.

    Entre el 2011 y julio de este año, el programa atendió a 548 personas con consumo problemático de sustancias, la mayoría de las cuales recibió cursos de capacitación o participó en pasantías laborales en organismos públicos.

    Perfiles.

    La oferta de tratamientos para adictos es amplia y con criterios variados. La red incluye los conocidos Narcóticos o Alcohólicos Anónimos, pero también a centros de Salud Pública, mutualistas, comunidades religiosas y centros privados que ofrecen diversos procesos de rehabilitación. Algunos exigen que los participantes bajen el consumo a cero, mientras que otros apuntan a una reducción progresiva.

    Esas son las instituciones que derivan al programa de Inserción Social. En algún punto del tratamiento, las organizaciones se contactan con la JND para derivar a una persona que esté en un grado avanzado y en condiciones de pasar a una etapa de reinserción. Las cifras internacionales —y Uruguay no es la excepción— indican que del universo de personas que tienen un consumo problemático, entre el 5 y el 10% se tratan, explicó Tricánico. Añadió que de las cerca de 2.000 personas que concurren a un tratamiento por abuso de drogas, aproximadamente el 70% tiene consumo problemático de pasta base.

    Pero del universo que asiste a rehabilitación son pocos los que llegan al programa de reinserción. “No todas las personas que están en tratamiento tienen una vulnerabilidad social que requiera un apoyo como para poder rearmarse”, aclaró Tricánico.

    Una vez que son derivados, un equipo articulador los entrevista para ver su perfil y definir en qué programa insertarlos. De acuerdo con los datos que recabó la JND, la mayoría de los que participan en la propuesta son hombres (87,5%), menores de 30 años (73,4%) y no tienen Ciclo Básico completo (60,7%). “Es un perfil que marca una movilidad social descendente y con nivel educativo bajísimo”, dijo la coordinadora. “A lo mejor es gente que llegó hasta sexto de escuela, que la va peleando a muy corto plazo y no se plantea una estrategia de vida”. Con esa experiencia de vida, añadió, “difícilmente creas que a través del estudio y el trabajo vas a poder hacer algo con tu vida. Nadie te lo dijo, nunca lo viste en tu entorno”.

    Después de entrevistar y analizar el perfil de la persona, el equipo técnico de la JND la envía a alguno de los proyectos. En los últimos tres años se dictaron cursos de capacitación con posibilidad de inserción social laboral, coordinados por el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop), pasantías con capacitación en oficios en OSE, cursos de fibra óptica en Antel, entre otros. Además hay talleres culturales y de deportes.

    Para la Junta, tan importante como conocer el perfil de las personas es sensibilizar a las empresas en las que trabajarán durante las pasantías. “Lo que sucede —dijo Tricánico— es que las personas arrancan con un prejuicio enorme y terminan pidiéndonos por favor que veamos cómo hacer para que sigan trabajando con ellos”. Y añadió: “Hemos tenido casos de personas con bajo nivel educativo que han sido excelentes trabajadores, que no se pueden quedar en las empresas porque es una pasantía, entonces se los recomiendan a las tercerizadas con las que trabajan. Así obtienen un capital social que les hacía falta”.

    Según Tricánico, una de las claves para que la reinserción se concrete es que los participantes tienen un referente educativo laboral que los acompaña en el proceso. Los ayuda “a articular” en donde están estudiando o trabajando “y también en su nuevo lugar en la casa, si es que vuelven ahí”. Ayuda a “recomponer su rol en el hogar, a salir del ámbito de consumo”. Y también a “evitar recaídas”.

    “Se apunta que los procesos vayan en aumento hacia la autonomía. Se arranca, a veces, con actividades muy protegidas y después se sube el nivel de exigencia”, añadió.

    Según datos que presentará la JND hoy jueves, a los que accedió Búsqueda, un relevamiento entre 100 participantes en el programa marca que el “50% de los entrevistados, a un an~o y medio de haber sido derivados a un proyecto de insercio´n, se encuentran trabajando, habiendo logrado muchos de ellos una estabilidad en lo laboral”.

    La coordinadora del programa sostuvo que la Junta aspira a que las organizaciones que realizan tratamientos para personas con problemas de adicciones incluyan el tema de la reinserción como parte de su trabajo. La idea es que la gente “empiece a pensar qué voy a hacer, cuál va a ser mi vida. Que la gente se plantee un proyecto de vida, más allá del tema de dejar el consumo”.

    Consultada acerca del tamaño del programa, que atendió a 548 personas en tres años y medio de existencia —aunque la estimación de la JND es que en los últimos seis meses del 2014 se sumen 200 más—, Tricánico dijo que eso se debe a que el plan de trabajo es personalizado. “No son 500 personas que metimos en un cajón, en una cosa estandarizada, se trata de un proceso personal”, sostuvo. “Esto es una política social que está incluida en un grupo de políticas sociales que se están llevando adelante y que son todas de cercanías. Acá hubo un deterioro social muy grande que no se arregla de otra forma”.