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    La LUV y Halloween

    Sr. Director:

    Lenin tomó por asalto el legítimo poder político en Rusia y Stalin construyó el holocausto centenario en millones de muertos, tomando ejemplo del nacional-socialismo de Hitler.

    Luego de derrotar a Hitler, cuando Washington todavía disfrutaba de una euforia bélica, creía en la buena voluntad de Stalin. En 1945 George Kennan, en la Embajada de EE.UU. en Moscú, predijo una confrontación: “EE.UU. debe enfrentarse al hecho de que su aliado soviético podría, al concluir la guerra, convertirse en adversario”. Proponía: “Reunir de una vez por todas en nuestras manos todas las cartas que tenemos y empezar a jugar fuerte”. Esta clarividente predicción hubiera evitado otro holocausto, pero fue rechazada por su colega Charles Chip Bohlen, porque “… esa clase de política exterior, no puede hacerse en democracia. Solo los Estados totalitarios pueden hacer y llevar adelante esa clase de políticas”. En 1946 Washington consultó sobre un discurso de Stalin opuesto a un orden internacional armonioso. Kennan envió un telegrama: “Los líderes soviéticos veían las relaciones Oriente-Occidente como una lucha entre conceptos antitéticos de poder. Habían injertado “la tradicional e instintiva sensación de inseguridad rusa, en una doctrina revolucionaria de alcance global de combate por el predominio, entre lo que Stalin llamaba “los dos centros de importancia mundial”, el capitalismo y el comunismo; cuya rivalidad solo podía terminar con un único ganador; harían lo que fuera por derrotar al enemigo. La ingenuidad de Truman ha permitido la sobrevivencia hasta nuestros días del socialismo totalitario. Pueblos enteros han resignado su libertad a manos de hipócritas que propagandean el derecho humano a vivir sin penurias económicas.

    La sombra del ministro de propaganda del Tercer Reich está entre nosotros. Sus principios, las ideas que propuso y la propaganda que llegó a endiosar a un hombre en una nación que había perdido su amor propio, están vigentes en este mundo mediático, donde no se discute políticamente cómo mejorar, sino cómo alcanzar el poder; aun a costa de producir cambios favorables en la penosa realidad de muchas personas. Goebbels no era un improvisado, la secuela de poliomielitis que sufrió en la infancia, lo convirtió en un lobo solitario inclinado a la lectura. Impedido de alistarse en la Primera Guerra Mundial, no fue obstáculo para mentir que la parálisis era una secuela de una herida en combate. La mentira fue su mejor arma. Escribió una novela autobiográfica, Michael, donde perfila inclinaciones antisemitas. En 1925 se afilió al Partido Nacional-socialista Obrero Alemán (NSDAP), que se convertiría en el partido nazi. Fue editor del diario del partido cuando conoció a Hitler, quedando impactado: “Este hombre que tiene todo para ser rey’”. Hasta entonces Goebbels tenía una marcada tendencia hacia las ideas socialistas. En un discurso en Königsberg planteó la disyuntiva: “¿Lenin o Hitler?”.  En 1926 se reunieron y Goebbels, desde entonces, juró lealtad al “genio político”’. Participó en el armado que conduciría a Hitler al poder. Al ver que todo estaba perdido se suicidó con su esposa, Magda Richter, luego de matar a sus cinco hijos.  Goebbels se encargó de generar una imagen de líder inquebrantable y decidido. Todos los medios de Alemania quedaron bajo su conducción. Repartió radios Volksempfänger, receptor del pueblo, con transmisiones “prodigiosas y conmovedoras”’ para capturar al público y “empaparlo con sus ideas sin darse cuenta de que son imbuidos en ellas. Nuestro deseo es movilizar al ejército de la opinión pública”.­­ Proponía adoptar una única idea para repetirla hasta el cansancio, e individualizar al único enemigo. Una mentira repetida se convierte en verdad. “Toda propaganda debe adaptar su nivel al menos inteligente de los individuos... la capacidad receptiva de las masas es limitada, su comprensión escasa y tienen gran facilidad para olvidar”’,  pequeñas contradicciones o gestos mínimos se convierten en grandes temas con valor simbólico. Información fragmentada se va largando como sondas, para probar su efectividad. ­­La impresión de que se piensa “como todo el mundo”, ayuda a convencer. “Más vale una mentira que no puede ser desmentida que una verdad inverosímil”.

    Todos estos principios se adivinan en la profusión de medios que irrumpen en nuestra vida actual. La campaña para derogar una ley que el gobierno electo presentó como la base de las reformas para el mejoramiento de la seguridad pública, la educación y el respeto al trabajo. Spots publicitarios mienten sobre el contenido. Quienes plantean derogarla ni siquiera la conocen, como evidenció Orsi y otros frentistas ante preguntas puntuales. La utilización de imágenes de líderes históricos de la coalición y el planteo de la supuesta “privatización de la enseñanza pública”, quieren distorsionar a la opinión pública. Prácticas en las que Goebbels demostró su maestría. Acciones guiadas por publicistas que, a sabiendo del origen (o desconociéndolo), envían sondas de prueba, alientan sentimientos primitivos, propagan verdades a medias —completas mentiras—, construyen noticias de impacto e idealizan a individuos de dudosa integridad. ­­Goebbels lo convirtió en un modelo exitoso, aunque los extremismos en los que cayó opacaron su efectividad. Están vivos detrás de cada noticia, de cada medio que distorsiona la realidad, de la versión de un dirigente político o sindical.­ La campaña para debatir sobre 135 artículos de una ley sobradamente estudiada en el Parlamento, es imposible. Más del 50% de esa ley votó la oposición por compartirlos. El frentismo no tiene ninguna alternativa para mejorar la ley. Iniciar la campaña fue una acción competidora del sindicalismo y organizaciones conexas, con un dispendio de dinero de origen oculto. Todo se resume en una lucha de poder. Trancar al gobierno. No se responsabilizan del desastre en derogar normas que han mejorado la vida de la gente. Que no impidan la educación pública claudicante 80 sindicalistas indagados por falsificar inasistencias. Que no se ocupen empresas y las destrocen como ocurrió con FRIOPAN; delitos graves para la Fiscalía, que el PIT-CNT quiere negociarlos en un Consejo de Salarios. Pero, por sobre todas las cosas, está en juego la libertad democrática de los votantes, como en otros plebiscitos, que luego se desconocieron. Un juego de poder no apto para ingenuos, entre los que se ufanan de ser socialistas como Hitler, y su propagandista Goebbels, comunistas como Lenin, como Stalin, y quienes los reconocemos a todos como lacras de la humanidad. Estos reciclados totalitarios muestran su claro objetivo: admiran a los Castro, a Maduro y Ortega, y a todos los totalitarios que han conculcado el derecho a disentir. La izquierda, que surgió opuesta al poder omnímodo; hoy, como ayer, tienen un único objetivo, alcanzar por cualquier medio el poder total, exclusivo y para siempre.

    En tiempos en que algunos festejan Halloween, téngalo en cuenta cuando le toque votar No al totalitarismo. No sea cosa que, perdiendo la libertad, otra vez dé terror el resultado.

    Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano