La Policía todavía no tiene claro quiénes son los que controlan Carrasco Norte, que en gran medida son responsables de la inseguridad en Carrasco, Malvín y Punta Gorda. “Estamos investigando, pero en este caso creemos que se trata de criminales más jóvenes”, explicó uno de los informantes. Villa Española, Ituzaingó, Maroñas, Barros Blancos y Chacarita de los Padres son “zonas de conflicto”, pero existe un “equilibrio” entre grupos pequeños, lo que los lleva a actuar sin atacarse entre sí.
“El Betito”.
En su celda del Penal de Libertad, Alberto “El Betito” Suárez se jactó una vez de que tiene 50 subalternos dispuestos a seguir sus órdenes. Los investigadores creen sin embargo, que el “núcleo central” de esa organización son 15 personas y que se pueden sumar otros para cometer delitos puntuales.
Las organizaciones criminales uruguayas son “flexibles” y con “límites porosos, poco marcados”. Tienen una “identidad familiar” porque surgen alrededor de una familia, pero “no hay una identidad externa; ninguno se identifica a sí mismo ‘soy de la banda tal’”, dijo una fuente. “Tampoco tienen una estructura paramilitar, con un organigrama fijo con comandante y lugartenientes asignados a distintas tareas, es todo más difuso”.
“Naturalmente los delincuentes se van organizando en grupos porque el delito se vuelve más complejo, actuar solo se vuelve más difícil y el que quiere subsistir debe adaptarse a las nuevas reglas”, añadió.
A diferencia de lo que ocurre con los narcotraficantes que tratan de usar a Uruguay como país de tránsito para llevar drogas desde los países de producción (Bolivia, Perú, Venezuela y Colombia) a Europa, las cinco organizaciones identificadas por las autoridades no trabajan “subrepticiamente” y “sin hacer olas”, sino que buscan consolidarse “mediante la violencia y el miedo”.
En el caso de esas bandas, la escala de negocio que manejan no les permite “dar un salto a lo Pablo Escobar”, pero sí “darse muchos lujos” y aumentar su dominio en la zona.
El líder que más preocupa a las autoridades hoy es “El Betito”, que sigue dominando su grupo desde el Penal de Libertad con el apoyo de sus hermanos que están libres, según los informes policiales. Para contrarrestar esta situación, el Ministerio del Interior resolvió ubicar a Suárez en régimen de aislamiento (ver recuadro).
Los Alvariza.
Pese a que los Alvariza tienen influencia en el mismo barrio que “El Betito”, esos dos grupos conviven sin enfrentamientos porque el mercado de drogas en Cerro Norte así lo permite.
“Los Hermanos Alvariza” pueden movilizar a unas 20 personas. La Policía los asocia a robos de depósitos de drogas, “el sicariato” y las rapiñas.
Las autoridades investigan la posible vinculación de “Los Alvariza” con el asesinato de un narco en Parque del Plata y de Diego “El Peligroso” Suárez, socio de Washington “Bochita” Risoto, un presunto traficante de drogas que jugó en “las grandes ligas” a nivel internacional hasta que lo ejecutaron en la calle.
Por ahora los conflictos “son entre ellos, los narcos”, es una situación “subterránea” para la mayoría de la población, aunque afecta a los vecinos del barrio y se hace visible para la opinión pública cuando aparece un cadáver.
El 2012 se registró un récord de homicidios, que pasaron de 199 en 2011 a 267 el año pasado. La tercera parte de esos asesinatos fueron “ajustes de cuentas”, según la información oficial.
La “Chinga” y “El Chelo”.
El 2013 comenzó con un ritmo de homicidios similar al año anterior, lo que provocó que las autoridades aumentaran la presencia policial en barrios como Casavalle y Cerro Norte.
Una de las hipótesis que maneja la Policía es que “La Familia de la Chinga” estaría vinculada a varios asesinatos en la zona de la Cuenca Casavalle —entre ellos la muerte de la mujer asistida en la Policlínica de Badano Repetto—. Se les atribuye “haber matado a mucha gente” en su intento de dominar la venta de drogas, lo que desató una escalada de violencia.
“‘La Familia de la Chinga’ —cuyo jefe, “El Baby”, está preso y su hijo fue asesinado en el marco del conflicto— son distribuidores de drogas, pero en este momento están enfrentados a otros grupos más chicos que se dedican al narcomenudeo y que se juntaron para combatirlos”, explicó un oficial con amplia experiencia en el combate al narcotráfico.
Al igual que el resto de las bandas, la del “Chelo” Panizzi, que también está detenido y su organización es dirigida por su hermano, tiene como principal negocio el narcotráfico. Las autoridades creen que también posee un pequeño arsenal de armas que alquila para que otros las usen en sus actividades delictivas.
“Los Bartolo”.
Debido a conflictos como el que inició “La Familia de la Chinga” es que las autoridades resolvieron enviar a la Guardia Republicana a recorrer los barrios de mayor delincuencia durante las noches. Pero el enfrentamiento no es el único motivo: los patrulleros suelen ser recibidos con pedreas cuando ingresan a esos barrios para algún operativo.
El jueves 6 a las 21.20, una caravana integrada por dos vehículos blindados —con 10 efectivos cada uno— y una camioneta salió de la sede de la Guardia Republicana para cumplir con el patrullaje de rutina por los barrios Marconi y Unidad Casavalle. El operativo de ese día, ideado por el mayor Eduardo Ojeda, incluyó una recorrida por la zona y fijar puntos de control para registrar a las personas y vehículos que circulaban por el lugar.
El objetivo de las autoridades es “marcar presencia” en áreas que algunos grupos criminales pretenden convertir en “zonas liberadas”. En los puntos de control los efectivos intentan detener personas que porten armas o tengan antecedentes. “A esas horas de la noche es cuando muchos de los delincuentes se mueven, aprovechando la oscuridad”, relató uno de los efectivos que participaron en el operativo.
“Los Bartolos” son la banda que mejor control ejerce sobre su territorio. Los vecinos que se niegan a colaborar suelen ser víctimas del acoso de los criminales hasta que desisten y se van del barrio. Así, los grupos logran tener “campanas” que les avisan cuando un móvil de la Policía ingresa a “sus dominios”.
El jueves 6 por la noche, por ejemplo, dos motos de la Policía estaban trabajando en un accidente de tránsito en el cruce de las calles Trápani y Aparicio Saravia cuando empezaron a llover las piedras. Los efectivos solicitaron apoyo y como los dos blindados de la Republicana estaban cerca, concurrieron al lugar. Apenas llegaron se acabaron las piedras. Seis efectivos de la Guardia, con sus uniformes negros, cascos de keblar, pasamontañas en la cara y sus pistolas automáticas enfundadas caminaron hacia el lugar desde donde tiraban las piedras. Unos 15 minutos después de adentrarse en la oscuridad volvieron con las manos vacías.
“Estas bandas tienen un centro de operaciones en su barrio, tratan de definirlo como propio y controlarlo; todo lo que pase allí tienen que saberlo, nadie hace nada si no tienen su autorización y si alguien no cumple, se pudre todo”, describió un jerarca policial. “Desarrollan un sistema de control más fuerte del territorio porque en ese lugar tienen la guarida y la mayoría de sus depósitos”.
En la Chacarita de los Padres, en tanto, la banda de “Los Caquitos” —que tiene un nivel menor a las otras— quemó dos casas porque sus propietarios no querían “prestarlas” para que allí funcionara una boca de pasta base.
El futuro.
¿Por qué la Policía no desarticula a las bandas si las tiene identificadas? Los jerarcas policiales consultados respondieron que “los cabecillas” de varios grupos están en prisión. No obstante, dijeron que en algunos casos es difícil conseguir pruebas suficientes para que los jueces procesen a los involucrados.
“Los ajustes de cuentas son muy difíciles de aclarar porque los familiares de las víctimas no te declaran, —relató un oficial de alto rango de la Policía— tratan de tomar venganza por mano propia y los testigos no quieren aparecer porque tienen miedo de que les pase algo”.
Para enfrentar a las bandas criminales es necesario aplicar “mucha inteligencia policial” en los barrios donde actúan, “aumentar la cantidad de información que se recolecta” para conocer a fondo sus actividades y sus posibles movimientos. “Pero lo fundamental es instalar servicios del Estado, no dejar una zona liberada, porque después no vas a tener más remedio que entrar con el Ejército, como hizo Brasil en las favelas”, dijo un jerarca.
El Ministerio del Interior considera que Uruguay todavía está lejos de lo que sucede en otros países del continente donde los narcotraficantes pueden hacerle frente al Estado, aunque no descartan que eso ocurra en el futuro.
“Los líderes de bandas uruguayas, por su origen cultural, poseen una gran estrategia de supervivencia pero poca mentalidad para los negocios a largo plazo. Lo que no quita que en algún momento aparezca uno que tenga esas características”, opinó uno de los consultados.
“¿Cuál ha sido la escala de violencia en Colombia, México, Guatemala?”, se preguntó una autoridad de la Policía. En esos países, dijo, los delincuentes “comenzaron atacándose entre ellos, pero luego mataron fiscales, jueces, periodistas, legisladores”.
“¿Estamos nosotros en esa escalada? El número de muertos en ajustes de cuentas es grande para nuestro país, lo que evidencia un cambio. ¿Dónde va a terminar ese proceso? Esa es la pregunta que está picando”.