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    La Policía y “el fantasma de Maracaná”

    Sr. Director:

    Sobre el “fantasma de Maracaná” y otras cuitas. Como le consta al Sr. Director, en pocas ocasiones he usufructuado el generoso ofrecimiento que Búsqueda brinda a sus lectores para emitir opinión sobre diversos temas de actualidad: las veces que lo hice, muy pocas, emití el pensamiento libérrimamente sobre cuestiones que, entendí, no debía silenciar. Paso a referirlas: la primera de ellas tiene que ver con esa inexplicable excusa según la cual la Policía no actuó ante la inminente fuga de menores infractores alojados en una dependencia del Estado, porque “no recibieron a tiempo la orden judicial correspondiente”: por lo menos esa fue la versión que trascendió en los medios de información.

    Y me parece inexplicable por lo siguiente: si en un domicilio particular los vecinos oyen que un hombre, en hechos de violencia doméstica, está castigando severamente a una mujer y hasta éstos oyen las súplicas de la infortunada para que el violento no la mate, alertada la Policía en forma presta, ésta llega al lugar y los funcionarios perciben la inminencia de la agresión mortal ¿qué deben hacer los agentes del orden? ¿Esperar que les llegue a tiempo la orden judicial para ingresar a la morada o, derechamente y sin vacilaciones, tiran la puerta abajo e intentan evitar el homicidio?

    Si un estudiante de Derecho Penal contesta en el examen que la Policía no debe entrar en esas circunstancias al domicilio particular por carecer de orden de allanamiento, seguramente perdería el examen por olvidar el significado de un instituto penal, de indudable aplicación: el cumplimiento de la Ley (art. 28 del C.P.). Ahora bien, ¿no es aplicable el mismo instituto —causa de justificación— cuando se trata de preservar el bien jurídico de la seguridad pública?

    ¿No es más importante en tales casos actuar en defensa de la seguridad pública, valor tan depreciado por estos tiempos, que aguardar la llegada tardía e ineficaz de una autorización judicial? Y no se argumente que un juez de la Nación impartió genéricamente una orden de tal naturaleza, porque si así ocurrió realmente, ese magistrado habría olvidado la existencia de la causa de justificación.

    ¿Existió realmente una orden judicial previa?

    Pero como ahora no ejerzo jurisdicción en el área penal, formulo estas reflexiones, como modesta contribución en un tema que me plantea perplejidades.

    Sobre el fantasma. Ahora que el tren fantasma del Parque Rodó acaba de ser desplazado, ha comenzado a circular esa lamentable ocurrencia del “fantasma de Maracaná” que hasta una firma publicitaria ha llegado a auspiciar.

    Me parece una lamentable idea, lanzada a pocas horas de que los muchachos de la gloriosa celeste han defendido con prestigio y dignidad la memoria de gestas futbolísticas inolvidables; han actuado con vergüenza y responsabilidad, desde la “mística” y seriedad que les ha inculcado el maestro Tabárez.

    ¡Señores! La hazaña de Maracaná fue única y milagrosa. Entonces, más allá de la euforia que todos los uruguayos auténticos vivimos después de la ansiada clasificación, dejémonos de “fantasmas” y otras “paparruchas”, que no dejan de ser una falta de respeto a la memoria de aquellos inolvidables jugadores que nos llenaron de alegría aquel memorable 16 de julio de 1950 y que llegué a vivir y sentir, cuando yo tenía 5 años de edad. Falta de respeto a la memoria de los cracks que ya no están con nosotros —más allá del recuerdo cariñoso y respetuoso que les debemos— y falta de respeto al gran Edgardo Ghiggia, que el miércoles 20 lo homenajearon muy merecidamente en el Estadio Centenario.

    Pero de ahí a hablar de “fantasma” y de “fantasmas” me parece una total falta de respeto a la historia gloriosa del fútbol uruguayo; una falta de respeto a la enjundia del fútbol brasileño, que tantas veces le ganamos y tantas veces nos ganaron, más allá de Maracaná.

    Entonces, apreciados lectores, permítanme compartir con Uds. lo que dije antes sobre la hazaña de 1950 en Maracaná: “Maracaná fue inolvidable, quizás por eso, irrepetible. Duró lo que dura un meteorito; pero dejó una huella indeleble aquí en el Uruguay y también más allá, en el norte…

    Por eso amigos, no me quiten ese recuerdo. A los milagros no se los explica. Maracaná existe en el recuerdo y no me importa si eso es malo o es muy bueno. Simplemente, existe, desde lo más hondo del alma” (Cf. “Historias de un uruguayo”, p. 80, Dardo Preza Restuccia).

    Dr. Dardo Preza Restuccia