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    La adquisición de plantas industriales por empresas chinas. ¿Un proceso similar al brasileño?

    N° 1824 - 16 al 22 de Julio de 2015

    Hace pocos días se concretó la compra de una planta frigorífica nacional (Frigorífico Rosario) por parte del grupo chino Foresun Cattle Industry Co. La noticia de esta adquisición no es una sorpresa para Uruguay, ya que desde hace aproximadamente dos años se conocía el interés de varias empresas chinas en poner un pie en la industria cárnica de nuestro país.

    A mediados de la década pasada, la industria brasileña comenzó a desembarcar en Uruguay con la adquisición de varias plantas frigoríficas, en ese caso las de mayor porte, como Frigorífico Tacuarembó, La Caballada, Establecimientos Colonia, Ex. Elbio Pérez Rodríguez, Canelones y posterior y más recientemente Frigorífico PUL y Carrasco. Cuando ese proceso acelerado de adquisiciones comenzó en Uruguay, una de las preguntas que todos nos hacíamos era: ¿qué buscaban las inversiones brasileñas en Uruguay?

    De acuerdo con declaraciones de los propios empresarios y ejecutivos de estas empresas, Uruguay era un destino atractivo de inversión por ser un el país con acceso diferencial al mercado internacional de carne vacuna (accedía a mercados que Brasil no podía vender por tener un estatus sanitario inferior), con una sector agro-industrial maduro y profesional, con estabilidad política y económica, entre otros factores. Otra característica de la estrategia brasileña fue la importancia del apoyo del gobierno en ese proceso de expansión, con una participación relevante del Bndes (Banco Nacional do Desenvolvimento) en las empresas inversoras (por ejemplo en Marfrig y JBS el Estado tiene el 20% y 25% de sus acciones, respectivamente).

    A una década del inicio de ese proceso (que tuvo su última adquisición en marzo de 2014 con la compra de Frigorífico Carrasco por parte del grupo brasileño Minerva Foods), podemos sacar algunas deducciones relevantes. Uruguay fue parte de una estrategia de inserción internacional, en busca de lograr un posicionamiento global de empresas brasileñas de gran porte con un enfoque de proveedor de multiproteínas al mundo (carne vacuna, pollo y cerdo), donde el gobierno tuvo una participación activa en la concreción y gestión de las inversiones. Uruguay fue base para el ingreso y desarrollo anticipado del comercio con destinos donde Brasil no accedía y que recién ahora comienza a ingresar con carne propia (caso más claro China y Estados Unidos).

    La pregunta que nos hacemos ahora es: ¿serán las inversiones chinas un proceso similar al brasileño?

    Es muy prematuro sacar conclusiones certeras, pero podemos intentar analizar algunos aspectos relevantes. En primer lugar, mientras las empresas brasileñas buscaban expandir su base productiva hacia el mundo, las empresas chinas tienen el foco puesto en el abastecimiento de carne en su propio país. Es conocida la necesidad de carne del gigante asiático debido a una demanda creciente del producto, asociada a factores demográficos, económicos y sociales. La seguridad alimentaria (disponibilidad de alimentos en China) es el primer objetivo de estas adquisiciones, en especial para aquellas empresas que tienen sus propias plantas frigoríficas en China y que por razones de baja disponibilidad de ganado (y a costos elevados) tienen que salir en busca de opciones fuera de fronteras, que les permita optimizar recursos ociosos como plantas de procesamiento y cadenas de distribución locales. Ese aspecto no es menor, ya que el objetivo de esos capitales tal vez no sea el de la maximización del beneficio en Uruguay (maximización de la renta como unidad de negocio buscando el beneficio óptimo con la mejor combinación producto-mercado). Si las rentas o beneficios económicos de disponer el producto en China son mayores a los de darle otro destino (por sus ventajas competitivas en lo local) seguramente estas empresas concentren sus ventas al gigante asiático lo máximo que puedan.

    Otro aspecto que difiere respecto al proceso de la década pasada es que hasta el momento no se observa en las inversiones chinas una participación o promoción del Estado, como sí ocurre en Brasil. A pesar de que las mayores empresas importadoras de carne de China son estatales, hasta el momento no existe un avance de las mismas con objetivos claros de adquisición en la industria cárnica (sí lo han hecho en otros sectores como en granos, donde la empresa estatal Cofco adquiere Nidera y Noble Group).

    Existen para los chinos grandes barreras culturales, de distancia y de recursos humanos para la gestión de sus negocios al otro lado del mundo. Difícilmente el proceso de adquisición logre la agresividad y la velocidad que vimos con las empresas brasileñas. En esta etapa de inversión es probable que el foco esté en la compra de plantas de mediano porte, siendo el puntapié inicial en la experiencia de este tipo de capitales en nuestro país. No sería de extrañar que si el resultado es bueno en el futuro exista una segunda ola de inversión de empresas con participación estatal y en busca de un negocio de mayor envergadura, no solo en Uruguay sino también en Brasil y Argentina.

    (*) El autor es ingeniero agrónomo, especialista en el mercado cárnico y docente de la Universidad ORT

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