N° 1697 - 17 al 23 de Enero de 2013
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa marginalidad económica y cultural en Uruguay está directamente relacionada con el continuo fracaso del sistema educativo. Cuanto peor es el nivel de la enseñanza formal que el Estado imparte a niños y adolescentes, más marginales habrá en la sociedad.
Esto es evidente y, por eso, llama poderosamente la atención que el presidente José Mujica, que tenía claro desde que asumió la magnitud del problema (“educación, educación, educación y otra vez educación”), haya resuelto abandonar la lucha en un asunto en el que le va la vida al país, mucho más que si se legaliza la marihuana o si se construye un puerto de aguas profundas dentro de 30 años.
Reiterémoslo para los sordos que no quieren oír: los adolescentes uruguayos que concurren a los institutos estatales de enseñanza media están muy por debajo del promedio de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) en “comprensión lectora” (no entienden lo que leen), en “matemáticas” y en “ciencias”. Las tasas de repetición de los alumnos del Ciclo Básico de Secundaria (1º, 2º y 3º de liceo) son intolerables: cada 10 estudiantes, cuatro repiten el año. Con datos al 2010, el experto en educación Alberto Nagle advirtió que mientras del total de chicos que ingresaron a 1º de liceo en 2004 (37.403) 71,8% fueron promovidos y 28,2% quedaron repetidores, las cifras para 2010 fueron 41.242 nuevos alumnos, con 64,8% promovidos y 35,2% repetidores. Los números empeoraron en los dos años subsiguientes (2011 y 2012). En los departamentos del interior hay menos repetidores que en la capital: 22,01% en 2004 y 29,02% en 2010. Para Montevideo, los datos son de escándalo: 36% en 2004 y 45% en 2010. O sea que, en Montevideo, uno de cada dos alumnos de primer año de liceo no pasa a segundo. (1)
Todo esto ocurre en el mismo período en que el Estado triplicó (con el aporte exclusivo de los ciudadanos que pagan los impuestos) la cantidad de dinero que destinó a la enseñanza pública. En 2012, el sistema educativo público tenía tres veces más recursos que en 2004, pero los resultados han ido empeorando sin solución de continuidad.
Nagle dice que Uruguay asiste a “una tragedia” en esta materia, que no se limita al estigma de que un muchacho pase a engrosar la lista de los repetidores. “A la tragedia personal del fracaso de no pasar de grado, se le debe agregar la tragedia familiar de la situación y los costos que la situación acarrea a la sociedad uruguaya en su conjunto. Repetir un año para un joven que pertenece a la primera generación en acceder a un nivel educativo mayor al de sus padres, puede significar el fin de su aventura educativa”.
Además, el ausentismo docente aumentó. En 2004, 400.000 horas de clase no fueron dictadas en la enseñanza media por faltas de los profesores. Esa cifra había subido a 600.000 en 2008. Es todo un desastre: los índices de repetición son horribles, una enorme cantidad de alumnos desertan (dejan de asistir a las clases) y, encima, cientos y cientos de profesores no van al liceo cuando tienen la obligación de dirigir una clase.
La conclusión no se hace esperar. “La no resolución de los problemas del nivel medio de la educación nacional hipotecará las posibilidades de desarrollo estratégico del país, al tiempo que se profundizarán las situaciones de inequidad social que se vienen gestando en la última década” y “el fracaso académico a nivel del Ciclo Básico de la educación media constituye otra semilla para alimentar la nociva marginalidad social”, advierte Nagle.
Mucho más interesante es el análisis que el experto hace de otras variables sociales, para cerrar una explicación completa de este auténtico drama uruguayo.
Desde el año 2004 hay excelentes índices económicos: la tasa de empleo está muy por encima del promedio histórico, la desocupación es muy baja, la indigencia fue “arrinconada” a menos de 1%, la pobreza cayó de 40% en 2004 a 13% en 2012 y los salarios reales subieron exponencialmente. “Esta evolución macroeconómica francamente positiva de los últimos años debería tener consecuencias positivas en el clima de convivencia social. Todo lo contrario; el período ha registrado un incremento significativo de conductas anómicas en crecientes sectores de la población”.
Nagle recurre a la Real Academia Española para definir qué significa “anomia”: es un “conjunto de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación”. Y, entonces, sostiene que “pese al crecimiento económico sostenido del país durante los últimos años (...), la sociedad uruguaya en su conjunto está experimentando el incremento estable de conductas anómicas. Sectores cada vez más amplios de la población no respetan las tradicionales normas de convivencia entre los ciudadanos”.
Existen dos tipos de “anomias”. La “anomia consolidada”, que es cuando acciones prohibidas por la ley se desarrollan porque una conducta omisa del Estado “genera una zona de aparente legalidad”. Y la “anomia naciente”, que tiene su origen en las familias cuyos jefes permiten a los hijos crecer “en un ambiente donde faltas de distinta entidad (no delitos) se transformen en conductas habituales”. Así, dice Nagle, “el ámbito por excelencia de la anomia naciente es el sistema educativo, donde las autoridades, en sus distintos niveles, se acostumbran a convivir con tales conductas”.
Los viejos cantegriles (hoy llamados “asentamientos irregulares”) son un ejemplo de “anomia consolidada”. En el período 2000/2006, los cantegriles en Montevideo aumentaron a razón de seis por año. En 2006 vivían en esos conglomerados habitacionales casi 200.000 personas (6% de la población). En 2010 volvieron a multiplicarse y ya, para ese año, 257.000 individuos vivían allí.
En 2008, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) concluyó que no todo es pobreza en los cantegriles pues muchos pobres viven fuera de ellos. “Lo que opera en el aumento del número de personas que deciden ir a vivir al asentamiento es una cultura de marginalidad, basada en la anomia. La cultura de la marginalidad se diferencia notoriamente de la cultura de la pobreza”.
De modo que mientras el resto de los uruguayos se esfuerzan y compran un terreno para hacerse su casa o alquilar un lugar donde vivir, los “anómicos” es instalan en un “agrupamiento de más de 10 viviendas, ubicados en terrenos públicos construidos sin autorización del propietario en condiciones formalmente irregulares, sin respetar normativa urbanística”, sin “normas sociales” o en medio de su degradación.
Pero lo peor para el futuro del Uruguay es la “anomia naciente”. Nagle recuerda las épocas en que las familias uruguayas tenían como prioridad que sus hijos fueran regular y habitualmente a la escuela y al liceo. Eso ha dejado de ser así, al menos para un porcentaje nada desdeñable de la población.
Naturalmente, hay una relación directa entre la asistencia regular a los centros de estudio y el éxito escolar. Ya en el año 2000, Nagle y Ruben Tansini habían estudiado el fenómeno y habían advertido que “los niños que obtienen mejores resultados en todas las áreas de conocimiento relevadas (lenguaje, razonamiento, matemática, ciencias sociales y ciencias naturales,) son los que a su vez presentan un mejor perfil de asistencia. En efecto, los niños que repiten, muestran en las mencionadas áreas del conocimiento entre 40 y 41 faltas anuales. Es decir que faltan 8 semanas de las 34 que tiene de duración el año lectivo. Por lo tanto, pierden una de cada cuatro clases. En el otro extremo, los niños que aprobaron primer año en 1999 con las mejores notas tienen un promedio de inasistencias de 20, es decir exactamente la mitad de la de los alumnos que repitieron el año. De lo anterior se puede concluir que se está ante dos tipos de niños: los que faltan mucho y repiten y los que concurren asiduamente y les va bien”. (2)
No es muy difícil de entender: las faltas llevan al fracaso escolar y a la deserción y de allí surgen problemas de integración de los jóvenes al tejido social. Dice Nagle: “La anomia incipiente es un fenómeno que a menudo conduce a la marginalidad social”. Y concluye: “La asistencia regular es un antídoto indispensable para formar ciudadanía republicana y democrática”.
El sistema político y toda la sociedad deberían tomar nota de estas graves advertencias, antes de que los uruguayos dejen de reconocerse a sí mismos cuando se miren en el espejo y empiecen a parecerse a lo peor de las sociedades más atrasadas del mundo. No hay bonanza económica que pueda tapar todo el tiempo esta miserable realidad. Porque un día, simplemente, estalla.
(1) “Los desafíos del sector educativo y social en la hora del crecimiento económico”, Alberto Nagle, Ph. D en Ciencias de la Educación (Universidad de Gotemburgo, Suecia), durante el “III Seminario Estrategias de Desarrollo” organizado por el Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, 20 y 21 de junio de 2012
(2) Nagle y Tansini. Resultados académicos de los alumnos de primer año de escuelas públicas de Montevideo y características socioeconómicas de los hogares, Departamento de Economía, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República, 2000, pág. 40