—Como director de la Academia Nacional de Ciencias, ¿considera que el 2020 fue el año más desafiante desde su fundación?
—Como director de la Academia Nacional de Ciencias, ¿considera que el 2020 fue el año más desafiante desde su fundación?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá—Podría ser. Si bien su creación se votó en 2009 y el año pasado celebramos los 10 años, es una academia joven. Este año fue un lío por lo que pasó. En ese sentido, la palabra desafiante se adapta, y en algún sentido lo fue. Fue un año que también nos restringió en el ámbito de acción porque nos dedicamos muy fuerte y casi de forma exclusiva a la epidemia. Los demás temas, como la cooperación internacional y la educación en la ciencia, los mantuvimos a un nivel mucho más bajo. Al principio, hubo una serie de reuniones por Zoom que condicionaron la creación del GACH. En ese momento había miles de voces, todas distintas, y una enorme incertidumbre.
—¿Cómo se adaptó el trabajo en los últimos meses?
—En la academia seguimos analizando otras dimensiones científicas que han sido menos exteriorizadas.
—¿En qué áreas?
—En muchas. Recuerdo a Gerardo Caetano hablando sobre el impacto social y económico de la pandemia. Es algo que desde el punto de vista científico ha tenido menos salida y menos análisis porque los aspectos biológicos, de modelo y epidemiológicos nos consumieron la energía. Aún me acuerdo cuando empezamos a discutir el impacto educativo. Fue todo un tema. Por otro lado, la academia tuvo una propuesta sobre cómo debe ser la gobernanza y la distribución de las vacunas. Siempre buscamos que sea justa y equitativa.
—¿Su visión fue en línea con el gobierno?
—La academia empezó a estudiar el tema en una etapa previa porque el diseño de a quién se vacuna primero es un objeto de análisis de la comisión mixta entre el GACH y el Ministerio de Salud Pública. Acá queríamos que no solo se quedara con la vacuna el país que tuviera plata. ¿A quién vacuno primero? Eso es lo que se está discutiendo en la comisión. Como Uruguay no tiene capacidad de generar sus vacunas, queremos incidir y tener una ética que sea lo más justa a escala mundial.
—¿La comunidad científica en Uruguay vive un punto de inflexión en su historia? Hay críticos que dicen que se escuchan voces disonantes entre los académicos.
—No me afilio en absoluto a la idea que surgió hace unos días de que había grandes diferencias en el ámbito científico. Eso no es así. Que haya habido un episodio disonante en un mar de consonancias no se puede generalizar. Las instituciones funcionan bien, pero lo que hizo la pandemia fue reforzarlo. Le puso un acelerador a fondo y lo llevó a otro nivel, tanto en calidad como en cantidad y en velocidad.
—¿Hacía falta diálogo con el poder político?
—Y fue importante que el poder político lo visualizara. En este proceso histórico de consolidación del sistema científico, siempre hubo una duda solapada de decir “esto está bueno, pero no sé hasta dónde sirve. ¿Realmente aporta?”. Ahora se vio que un sistema científico sólido crea redes a escala internacional y hay una riqueza importante. Una vez, el exministro de Educación y Cultura, Ricardo Erlich, me dijo que la ciencia iba a tener más apoyo cuando la sociedad la considere una parte del sistema.
—Fue un año caótico, pero su carrera como investigador y profesor también estuvo bastante agitada. ¿Qué espera en los próximos cuatro años para la academia?
—Nosotros seguiremos insistiendo en expandir el presupuesto de la ciencia, en generar un sistema más potente y continuar con la promoción y el derecho a la ciencia. Queremos aumentar el aporte de los jóvenes: ellos nos dan más dinamismo y se contactan con sus pares. En eso estamos.