Con ese “problema de fondo”, al que se suman algunos mensajes que desestimulan la inversión, la actividad volverá a contraerse en 2015, por segundo año consecutivo, afirmó a Búsqueda el presidente de la Cámara de la Construcción (CCU), José Ignacio Otegui. La baja, no obstante, no será “dramática”, si bien se perderán 6.000 puestos de trabajo, estimó.
“Cóctel mortal”.
El aumento de los costos por mano de obra y su bajo rendimiento son un “cóctel mortal” para las empresas del área, dijo una fuente del sector. Explicó, como ejemplo, que años atrás en las obras se subía el material a balde y hoy hay grúas y equipos para esa tarea. Sin embargo, la hora hombre rinde menos que antes.
Al respecto Otegui afirmó que la productividad de la mano de obra es 30% menor a la de 1999 y 2000.
“Si no se hubiera incorporado la tecnología que hoy está disponible, la caída hubiera sido mayor”, apuntó.
Dijo que una de las cosas que afectaron el rendimiento de la “hora hombre” fue la incorporación de mucha gente sin oficio y joven. Agregó: “A veces los comportamientos sindicales no contribuyen a lograr encauzarnos” en la materia.
“Hay que evaluar y encontrarle una solución a esto, porque por este camino nos vamos a quedar todos sin trabajo”, disparó el empresario. Y dijo que cuando se plantea esto surgen dificultades para conversar.
El director de la constructora González Conde, Juan González, coincidió en que la mano de obra “rinde mucho menos que hace treinta años, a pesar de que hay más tecnología y un salario excelente”.
El convenio vigente prevé un jornal de $ 763 para un peón común y $ 974 para un medio oficial, y $ 1.127 es el laudo base para el trabajo a destajo. El salario mensual del capataz de obra es $ 34.186.
A su juicio, parece que el obrero va a trabajar “haciendo un favor” y si se le pide que haga mejor una tarea la respuesta que recibe es: “si no le gusta ya sabe que me puede despedir”. Así, se lamentó, “no se puede mantener un diálogo”.
González opina que los Consejos de Salarios son “una especie de estímulo a no hacer”, porque gana lo mismo “el que pone 250 ticholos que el que coloca 500”.
Señaló que no es posible negociar algo a nivel de empresas y como “no se puede vivir renegando, uno trabaja con estas reglas”.
Consideró que con esta situación el que “paga el pato” es la clase trabajadora, porque hay mucho personal en seguro de paro. Y en particular en su empresa, si algún empleado se va o se jubila no se repone su vacante.
Como ejemplo de la falta de incentivos y del bajo rendimiento del personal, González aludió a que tiempo atrás el trabajador de la construcción ingresaba a la empresa como aprendiz, luego era peón, medio oficial y a los cinco o seis años se desempeñaba como oficial. “Ahora tengo peones que hace 15 años son peones, no mejoran”, ilustró.
Agregó que el sector enfrenta un “enorme problema de costos”, principalmente por la evolución de los salarios y las cargas sociales.
El índice general del costo de la construcción subió 11,7% en los últimos 12 meses a febrero, respecto a igual lapso del año anterior, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística. Los componentes que más aumentaron fueron la mano de obra (15,5%), las leyes sociales (15%) e impuestos (11%).
En caída.
Tras la crisis de 2002, la construcción se recuperó y llegó a un nivel de actividad histórico. Ello se dio especialmente por inversiones extranjeras en grandes obras (como las fábricas de pasta de celulosa de la ex Botnia, hoy UPM, y Montes del Plata) que requirieron más obreros. Ya sin ese empuje, en 2014 la actividad del sector se contrajo 1,8%.
Otegui evaluó que si bien ese descenso no fue “dramático”, supuso un “cambio de signo” en la evolución del nivel de actividad.
En ese marco recesivo, algunas constructoras con problemas financieros solicitaron concurso buscando quitas o más plazo de pago. Los casos más recientes son los de la brasileña OAS, vinculada a la obra de la regasificadora en Puntas de Sayago, y de Calpusa, que trabaja en la central de ciclo combinado de UTE en Punta del Tigre.
“Hoy los tres motores que demandan a la construcción, que son la obra pública, la privada y el negocio inmobiliario, están con menor aceleración. Vamos a perder puestos de trabajo y a tener menor nivel de actividad”, insistió el titular de la CCU.
A fin de 2012 el sector ocupaba a unos 74.000 trabajadores en obra y en 2014 eran 62.000. Esa gremial estima que se perderán otros 6.000 puestos este año y que en diciembre empleará a unos 56.000.
Para el presidente de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción, Hebert Cagnoli, la actividad vinculada al sector inmobiliario “cayó notablemente” en Punta del Este y se viene manteniendo en zonas costeras y centrales de Montevideo gracias a los proyectos de vivienda de interés social (VIS).
González dijo que su empresa tuvo un “muy buen” año en 2014 y este 2015 “pinta bastante normal” en cuanto al nivel de actividad.
Advirtió que la construcción trabaja con “márgenes de utilidad mínimos”, que ubicó en el orden del 8% anual, cuando hace años eran de entre 15% y 20%. Por eso, si llegaran a bajar los precios de los inmuebles “se deja de construir”, al no haber ganancias, dijo.
Se quejó de la resolución del Ministerio de Vivienda que topeó, desde el segundo semestre de 2014, los precios al 25% de las unidades VIS construidas en Montevideo. “Es una medida muy antipática. Yo hoy podía estar haciendo dos edificios más y no los empecé”, afirmó el director de González Conde, alegando que ello atenta contra la rentabilidad. “Con otro plumazo de esos se liquida la industria”, sostuvo.
“No hostigar”.
Otegui agregó otro aspecto que preocupa en la gremial que preside: las señales negativas para el inversor.
“Este país no tiene cultura de respeto al inversor: ‘El poderoso puede, entonces le puedo sacar lo que quiera’, y no es así”, opinó.
Reclamó “respetar al que viene y arriesga. Dejémonos de criticar y poner en tela de juicio las zonas francas, las exoneraciones impositivas, la VIS. Tenemos que aprender a no hostigar al inversor con tiempos, plazos o medidas excesivas, porque así la inversión no viene”.