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Germán Olivera
Carta abierta al presidente de la República Oriental del Uruguay, señor José Mujica.
Estimado Sr. Presidente: Soy un ciudadano uruguayo que si bien radico en el exterior desde hace algunos años, sigo día a día la información de mi país.
Es así que recuerdo que cada vez que los Estados Unidos, Gran Bretaña o Israel realizan cualquier acción militar, el gobierno uruguayo condena enérgicamente las mismas, se solidariza con el pueblo y le recuerda a la nación de turno los tratados a los que está suscrita.
Sin embargo, después de años de que el gobierno bolivariano ha hambreado, sometido, coartado cualquier libertad individual básica, no ha salido ni una sola palabra de condena ni de usted, Sr Presidente, ni de su fuerza política, tan siempre lista a la condena sin el menor análisis de las causas reales.
Como ciudadano tengo el derecho a cuestionar no solo su actuar, sino cómo nos representa en el plano internacional. No crea que por decir dos o tres tonterías o cocinar salsa de tomate queda eximido del ejercicio del poder.
Yo le pregunto, presidente: usted sostiene que en su juventud luchó contra un sistema que comparte gran parte de las características del venezolano y no dudó para ello en empuñar armas, secuestrar, torturar ni matar. Habiendo hecho todo lo anterior, usted y gran parte de su fuerza política consideran que se violaron sus derechos humanos fundamentales. Sin embargo, tanto usted como su partido guardan un profundo silencio ante violaciones similares cometidas por el gobierno de Chávez y Maduro en Venezuela. Le pregunto, Sr. Presidente, ¿los derechos humanos valen solo para un bando? ¿Los estudiantes venezolanos no tienen derecho a querer un futuro digno? Le pregunto, Sr. Presidente, porque usted habla una y otra vez de la dignidad del ser humano.
Yo le pregunto, Sr. Presidente, ¿cuáles son sus credenciales y las de su esposa para avalar las elecciones venezolanas desde su chacra? Usted y su esposa han declarado ser poco amantes de la tecnología. Entonces, Sr. Presidente, ¿qué puede usted certificar de un proceso electoral el cual ni siquiera sabe cómo se realizó? ¿Cuáles fueron los técnicos que revisaron dicho proceso por parte del gobierno uruguayo? Porque le recuerdo, por aquello de que tiene mala memoria, que usted hizo esa declaración como jefe de Estado, no a título personal. Entonces, cuando usted “valida” una elección denunciada como fraudulenta incluso por miembros del CEN (Tribunal Electoral Venezolano) no lo hace personalmente, sino que lo hace el Estado uruguayo.
Incluso como no bastó con las declaraciones independientes, hasta un “comunicadito” de la Unasur sacaron.
Yo le pregunto, Sr. Presidente (disculpe, es que soy curioso; yo sé que a usted le ponen incómodo las preguntas, así que nuevamente disculpas), ¿alguna vez fue a un supermercado, almacén o pulpería en Venezuela? ¿Observó el estado de desabastecimiento en el que se encuentran? ¿Alguna vez tuvo que recorrer 8 hospitales porque uno de sus compañeros de trabajo en Caracas sufrió un infarto y los hospitales tenían las salas de emergencia cerradas? Yo sí lo hice, Sr. Presidente, por tanto creo que tengo autoridad moral y conocimiento de causa real para opinar. Sin embargo, usted, instalado cómodamente en la Torre Ejecutiva, cree tener derecho a opinar sobre su gran amigo Maduro.
Yo le pregunto, Sr. Presidente, usted que ha tratado de nabos, locos, tercos, etc., etc., a unos cuantos mandatarios extranjeros, ¿no se le hace que Maduro está un poco loco? Tiene visiones, habla con pájaros, se le aparecen ángeles. Le pregunto esto porque usted que es tan prolífico al hablar de cualquiera, queda mudo cuando se trata de Chávez y de Maduro. ¿O será que el negocio de la senadora Topolansky de un container lleno de libros invisibles lo dejó tan perplejo que no logra hablar de nada que se relacione con Venezuela?
Yo le pregunto, Sr. Presidente: usted ha declarado haber dejado la matadora atrás hace mucho tiempo, creer en la democracia y en la libertad de expresión. Entonces, ¿no cree que lo de Venezuela está muy mal? Le pregunto esto, Sr. Presidente, porque mientras el mundo se enamora de su discurso simplón, los que conocemos sus antecedentes no le creemos tan fácilmente; disculpe si le sueno escéptico. ¿Y sabe por qué, Sr. Presidente? Porque usted sigue igual de terrorista, pero en vez de balas usa palabras contra los periodistas o la oposición.
Yo le pregunto, Sr. Presidente, ¿usted no se da cuenta que Venezuela está en un estallido social peor que el de Argentina cuando De la Rúa se fue en helicóptero? Usted, como jefe de Estado uruguayo, ¿no cree tener la responsabilidad de obligar a Venezuela a cumplir con las cláusulas de democracia del Mercosur, Unasur, ONU, etc.? Mire: no le pido que vaya a Venezuela. Ya sabemos que tampoco le gusta viajar a menos que sea para festejar algo. Pero al menos un llamadito, una declaración, un llamado al embajador.
Yo le pregunto, Sr. Presidente, ¿no cree que bastantes problemas tiene con un ministro de Economía corrupto para encima dedicarse a defender problemas ajenos? No se ofenda por lo de “corrupto”; es que la otra idea que se me viene a la cabeza es que usted le haya dado órdenes, y por supuesto, Sr. Presidente, eso jamás lo pensaría. Recuerdo perfectamente: cometeremos errores pero nunca meteremos la mano en la lata. Ya nos quedó claro que en la lata no, pero en el BROU que es como nuestra alcancía nacional, lo hizo sin problemas.
Por último, Sr. Presidente, le pregunto, ¿cuándo va a dejar de actuar como un personaje de TV y se va a comportar como un líder de estado? Por las dudas que la memoria lo afecte nuevamente le recuerdo que Hitler y Perón eran muy populares, y mire cómo dejaron sus países.
Sin más, y estando seguro de que usted, al igual que siempre ha hecho, no va a contestar ninguna de estas preguntas, le saluda atentamente uno de los 3 millones y medio de jefes, auditores y contralores que usted y su gobierno tienen.
Germán Olivera