La entrada en vigencia de la llamada ley de “interrupción voluntaria del embarazo” (IVE) ha desatado una serie de controversias de conocimiento público. Uno de los actores principales del equipo gubernamental —si no el principal— de estas encendidas polémicas es el subsecretario del Ministerio de Salud Pública (MSP), el también médico ginecotocólogo y catedrático de la Clínica Ginecotocológica “A”, el doctor Leonel Briozzo. En materia de la IVE, el señor subsecretario ha eclipsado al señor ministro Jorge Venegas. También ha mostrado un protagonismo singular la médica y ginecóloga, Leticia Rieppi, coordinadora del Área de Salud Sexual y Reproductiva del MSP.
Se está produciendo el infrecuente fenómeno de que un subsecretario de Estado se haya convertido en un incansable militante de la aplicación de una ley, de su reglamentación, de sus fundamentos y de sus consecuencias bioéticas. Tan intensa es su militancia, que ha llegado a ser objeto de durísimas críticas aun por parte de sus propios colegas. El caso más notorio es el del Dr. Justo Alonso, doblemente colega del Dr. Briozzo, dada su calidad de profesor de la Clínica Ginecotocológica “C”. Los medios de comunicación han dado amplia difusión a los dichos del Dr. Alonso.
No ha faltado algún legislador —el diputado de Corriente Renovadora, Pablo Abdala—, quien, dando por reprobables las ideas y las prácticas que el Dr. Briozzo aduce poseer como virtudes bioéticas de su profesión, expresó que no le extraña el proceder del señor subsecretario porque “siempre fue abortero y ahora está aprovechando un momento histórico a favor suyo” (“El País”, 10.01.2013).
2. El Dr. Alonso afirmó que escuchó “por lo menos en dos oportunidades, de boca de Briozzo, amenazas de que el médico que no cumpla con el decreto es posible que se lo denuncie por omisión de asistencia o desprotección legal” (Íd., íd.).
3. “No es adecuado que un subsecretario de Salud Pública ponga en una página oficial de la Universidad de la República un editorial en el que plantea que los ginecólogos que eligen la objeción de conciencia accionan de ‘manera maleficiente’” (Íd., 08.01.2013).
4. “Él (el Dr. Briozzo) cita textualmente palabras mías y no dice que son dichas por mí. Pone ‘los médicos no somos policías, no somos jueces, no somos sacerdotes’, ese es el concepto que vengo manejando yo desde hace mucho tiempo y él lo pone sin citar la fuente, lo que es reprobable” (Íd., íd.).
5. La propuesta (de dar una “justificación real” de la objeción de conciencia) del Dr. Briozzo “no tiene ni pies ni cabeza” (Íd., 04.01.2013).
El Dr. Leonel Briozzo, en el editorial mencionado, citó a Juan Pablo II en apoyo de su posición referida a cómo debe entenderse la “objeción de conciencia”. Para muchos resultó sorprendente la referencia al fallecido pontífice de la grey católica, y por diversos motivos. En primerísimo lugar, porque no se conocía públicamente su vasta erudición en lo que refiere a la frondosa obra escrita del anterior Santo Padre. Porque la cita del Dr. Briozzo pertenece al mensaje de Juan Pablo II en el “Día de la Paz” del 1º de enero de 1991. (Nótese que dicho mensaje tiene por título Si quieres la paz, respeta la conciencia de cada hombre y refiere esencialmente al respeto de todas las formas de religiosidad). Por mi parte, completo la cita del Dr. Briozzo con estas líneas del mismo documento: “Negar a una persona la plena libertad de conciencia y, en particular, la libertad de buscar la verdad o intentar imponer un modo particular de comprenderla, va contra el derecho más íntimo”.
La versatilidad cultural del Dr. Briozzo es admirable. Sin embargo, tomar como autoridad en cuestiones de moral a un Sumo Pontífice (o sea, a la Iglesia Católica) es lo propio de los católicos. Lo que puede llevar a pensar que el Dr. Briozzo profesa la fe católica.
Para mi limitada argumentación en el campo de la fe católica, me ampararé en la célebre frase del Catecismo del Padre Astete de 1599: “Eso no me lo pregunte a mí que soy ignorante. Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que os sabrán responder”.
Si el Dr. Briozzo profesa la fe católica, bien lo demuestra, al punto que recuerda unas frases de un documento papal de hace veintidós años.
No obstante, los cristianos católicos se han llenado de asombro con la referencia a unas líneas del extensísimo documento del papa Juan Pablo II. Porque por algo que podría denominarse “principio de totalidad”, la fe católica es una estructura orgánica, una Weltanschauung. Y para el más sencillo e iletrado católico el aborto es entendido por la Iglesia Católica como un homicidio más. Para el pensamiento de la Iglesia Católica, no hay hiato ni cambio sustancial entre el óvulo fecundado, el feto de doce semanas y el anciano de 85 años.
Claro que debe constar que ni el papa Juan Pablo II ni ningún Papa son biólogos ni abogados ni ginecotocólogos, como el Dr. Briozzo. No. Y aun cuando tuvieran tales títulos, los Papas son, con el conjunto de los obispos, los guías, los pastores supremos del pueblo cristiano y católico. Para el pueblo católico, los Papas son maestros de moral, y esta autoridad les es conferida por el propio Jesucristo. El reconocimiento de la autoridad de los Papas en algunas materias es una cuestión de fe, y solo de la fe de los católicos.
Es así que llena de estupor que el Dr. Briozzo (aparentemente devenido católico, puesto que reconoce la autoridad moral del papa Juan Pablo II) sea un ferviente promotor de la aplicación de la ley de la IVE. Y tan ferviente, que apoya sus tesis en un texto de Juan Pablo II.
Es posible sospechar que el afanoso trajinar entre los documentos de la Iglesia Católica no le haya permitido al Dr. Briozzo llegar hasta la lectura y la meditación de la encíclica de Pablo VI titulada Humanae Vitae, por poner un ejemplo inobjetable en materia de la IVE, materia que apasiona al señor subsecretario de Salud Pública.
Como prueba de su apasionamiento por la IVE, sirvan estos párrafos que redactó para el sitio web de la Clínica Ginecotocológica “A”: “Como ginecotocólogos, sentimos y queremos ser los médicos de la mujer a lo largo de toda su peripecia vital, cuidando su salud integral bio-psico-social en todas las condiciones por las que puedan atravesar, algunas deseadas y buscadas, las que (a) todos obviamente más nos reconfortan, y otras, lamentablemente, no. El contexto para hacerlo: el derecho inalienable a la atención integral en salud y la defensa y promoción de los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos”. (El texto completo del editorial del Dr. Briozzo puede leerse en www.ginea.org/noticias/editorial. Su lectura resulta totalmente esclarecedora e ineludible para conocer la visión del Dr. Briozzo en muy variados órdenes).
En cuanto al derecho a la objeción de conciencia, el Dr. Briozzo es sumamente claro: “Esto (el derecho inalienable a la atención integral en salud y la defensa y promoción de los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos) implica para nosotros que, más allá de nuestras convicciones y valores personales con respecto al embarazo no deseado-no aceptado y al aborto voluntario, siempre respetables por cierto, lo que nos guió ayer y nos guía hoy, en nuestras decisiones y nuestras acciones, son los valores de nuestra profesión, no como la suma de individuos sino como colectivo profesional”. Es evidente el desiderátum del Dr. Briozzo: que desaparezcan las disensiones entre sus colegas y que actúen corporativamente, y no como grupo vivo y pluralista de personas. El ideal: actuar como colectivo profesional. Esto es, la pérdida de las identidades individuales y personales, sacrificadas en el altar del colectivo profesional erigido por el Dr. Briozzo, tal como el Dr. Briozzo entiende dicho colectivo profesional. O también, como la suma de clones o de idénticos, o el corporativismo a rajatabla de individuos que perdieron el derecho a su ser psíquico, a su libertad moral e intelectual de personas irrepetibles, a fin de subordinarse a un pensamiento único, el del Dr. Briozzo.
Sería infundado atribuirle al Dr. Briozzo un propósito espuriamente proselitista o un afán de valerse de las palabras de un Papa para lograr objetivos que están en absoluta e insanable contradicción con la fe católica. Pero sin atribuirle intención alguna al Dr. Briozzo, es claro que el señor subsecretario olvidó la lectura de firmes códigos de la Iglesia Católica, como es su creencia en la indisponibilidad de la vida de los seres humanos en todas y cada una de sus etapas evolutivas.
Si en algo he incurrido en error doctrinario, “doctores tiene la Santa Madre Iglesia” para ilustrarnos a todos, incluso al Dr. Briozzo, respecto a sus convicciones referidas a la objeción de conciencia, a la libertad y a los principios bioéticos que el Dr. Briozzo enuncia en su editorial ya citado (los destacados no pertenecen al original): “Desde una perspectiva bioética, pensamos que el compromiso de conciencia con la atención a la mujer que necesita interrumpir un embarazo y así conscientemente lo solicita, es acorde con el respeto a la autonomía, a la promoción de la beneficencia, al principio de justicia”.
Como corolario del editorial, el Dr. Briozzo expone su deseo de mejorar la sociedad a través del respeto del derecho humano de la IVE: “Desde el respeto a las diferentes opiniones (aunque, desde nuestro rol profesional, siempre haciendo primar los valores y decisiones de nuestras pacientes), desde la promoción de los derechos sexuales y derechos reproductivos y desde un cada vez más robusto compromiso de conciencia profesional, podemos colaborar inequívocamente a la construcción de una sociedad mejor”.
Por último, contrástese la declaración de principios del Dr. Briozzo con un párrafo del Dr. Tabaré Vázquez en el texto de la interposición del veto a la despenalización del aborto: “El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados. Por eso se debe proteger más a los más débiles. Porque el criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás, o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia”.
Fernando Iglesias Sanz
CI 1.393.495-7