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    La elusiva verdad

    La veta de series y películas documentales sobre crímenes famosos está siendo explotada con habilidad por Netflix. Esta página ya recomendó el documental que quizás encabece la lista de calidad, el notable Making a Murderer (EEUU, 2015), donde luego de un trabajo de diez años, con más de 700 horas de entrevistas filmadas y un riquísimo material de archivo, se cuenta la historia de Stephen Avery y su proceso judicial en una serie de diez episodios de una hora cada uno. También se ponderó la factura de Amanda Knox, (EEUU, 2016), documental de 90 minutos de duración sobre el sonado crimen de una estudiante inglesa en Perugia, Italia. Ahora Netflix acaba de comprar los derechos de Shadow of Truth (Israel, 2016), una serie de cuatro episodios de 45 minutos cada uno sobre el asesinato de Tair Rada, una estudiante israelí de 13 años ultimada a cuchillazos en el baño del liceo en el año 2006. El hecho ocurrió en Katzrin, ciudad israelí ubicada en los Altos del Golán, la frontera entre Israel, Líbano, Jordania y Siria. Estrenada el año pasado en Israel, tuvo un enorme éxito de público.

    Estos documentales sobre crímenes notorios casi siempre apuntan a desnudar las carencias y los excesos de los sistemas judiciales y policiales, y Shadow of Truth no es la excepción. Habitualmente muestran la injusta privación de libertad durante años de alguien cuya culpabilidad inicial luego se transforma en inocencia y vuelve a la libertad, como es el caso de Amanda Knox, o de alguien que aún hoy permanece en prisión aunque su incriminación demuestre graves falencias probatorias y hasta corrupción en algún estamento policial o judicial, como es el caso de Making a Murderer.

    El parentesco en este último sentido con Shadow of Truth es evidente, ya que Roman Zadorov, el presunto asesino de Tair Rada, aún sigue preso, al igual que el caso de Steven Avery en la serie norteamericana. Pero hay una diferencia importante: mientras Avery desde el principio y hasta el día de hoy se declara inocente, a Zadorov la Policía lo tortura psicológicamente hasta que le arranca una confesión de culpabilidad. Aunque luego Zadorov se retracta ante la Justicia y se declara inocente, todo aparece armado como para ignorarlo y mantenerlo entre rejas. Una rápida solución del caso, aunque no sea exacta ni justa, parece ser lo políticamente correcto para calmar las aguas en un pueblo con miedo.

    Hay algunos momentos salientes: el perito forense que declara que mientras fue perito público solo le cuestionaban dos de cada diez pericias, mientras que ahora, que es perito privado, solo le aceptan dos de cada diez, dando a entender que hay una rosca en el sistema público judicial y policial que también incluye a los peritos oficiales; la reconstrucción del crimen en la que el incriminado Zadorov comete numerosos errores, lo que llevaría a concluir que no puede haber sido el asesino, y la cereza de la torta, que es la revelación de que el acompañante de celda de Zadorov, que lo presiona para que se declare culpable, es un informante contratado por la Policía con sueldo fijo más premio por cada confesión obtenida.

    Cada uno de los cuatro capítulos está precedido por un epígrafe revelador de su contenido. El segundo cita a Descartes: “Si realmente buscas la verdad es necesario que una vez en tu vida dudes, en lo posible, de todo”. Y el cuarto trae una frase de Ambrose Bierce: “Donde hay duda, la verdad está en su sombra”. Ambos epígrafes son una suerte de alfa y omega que encierran toda la problemática en torno a la búsqueda de la verdad y la justicia.

    El documental israelí es de buen nivel, aunque está por debajo de los dos norteamericanos mencionados. Quizás por falta de un mayor material de archivo y por un exceso de testimonios que alargan un metraje que habría mejorado siendo menor. Hay que decir también que los realizadores pueden haber buscado ese efecto mareador del exceso de conversación, cuando culminan la serie con la imagen tomada desde arriba de un hombre quieto, presuntamente Zadorov: mientras la cámara se eleva va descubriéndose que está rodeado de gente que habla y habla sin parar. Mucho blablablá, pero la verdad y la justicia siguen sin aparecer.

    Así como hace diez años el crimen conmocionó a la población de Katzrin y le quitó la tranquilidad durante bastante tiempo, el estreno del documental el año pasado en Israel provocó enorme conmoción a nivel político: el fiscal general lo calificó como “una amenaza a la democracia”, mientras que el presidente de la Corte Suprema advirtió sobre el peligro de los “procesos alternativos en la televisión”. Cuando se sacan los trapitos al sol, estas reacciones son comunes y conocidas en los cuatro puntos cardinales. En este sentido, la compra de los derechos de la película por una cadena de prestigio y difusión masiva como Netflix, es un distintivo de honor para los tres realizadores Yotam Guendelman, Ari Pines y Mika Timor.