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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesde que el Ing. Daniel Martínez comenzó la campaña hacia las elecciones internas, ha realizado un más que reiterado hincapié en lo que él entiende por “ética” o “el imperativo ético”. Pues bien, a continuación presentaré tres casos en los cuales Martínez nos demuestra cuál es la comprensión que tiene de su tan manido concepto.
1. En diciembre del año 2016 estacioné correctamente mi automóvil en la rambla y allí lo dejé hasta la mañana siguiente, pero cuando lo fui a buscar ya no estaba. Dos semanas más tarde y por pura casualidad un vecino lo vio en un descampado a cuatro cuadras de distancia. Estaba sucio, golpeado, rayado. Un cuidador me dijo que hacía dos semanas un camión de la intendencia lo había dejado allí con motivo de una competencia atlética de aficionados. Concurrí a la Intendencia de Montevideo (IM) a preguntar por qué no avisaron a la Comisaría de la zona, pero me dijeron que lo habían hecho. Sin embargo, en la Comisaría me respondieron que tal atribución de responsabilidad a la Policía era una infamia, pues ellos solamente reciben información de automóviles trasladados cuando lo reciben de la Cooperativa 31 de Enero, lugar al que la IM traslada vehículos mal estacionados.
De nuevo me presento en la IM, y allí se me dice que ellos informaron a la policía, pero que tal vez, como el sistema que están utilizando es nuevo, pudo haber fallado, pero que ni aún así la IM aceptaba responsabilidad alguna.
Por lo tanto, entregué personalmente en el despacho de Martínez una carta detallando los hechos y solicitando el pago de $ 32.000 , siendo $ 22.000 de ellos para los arreglos de chapa y pintura y el resto para gastos extras de taxis, incomodidades por no conseguirlos a tiempo y compensación por el costo de patente y seguro por el tiempo que no dispuse de mi vehículo.
Seis meses más tarde (sí, seis meses) me llaman de la intendencia para entregarme un sobre enorme conteniendo un CD y 80 hojas en las que se detallan todas las actuaciones realizadas en el Ministerio del Interior, la Comisaría y la propia IM, en todas las secciones involucradas e incluso su Departamento Jurídico. Luego de dedicarme tres horas a leer ese voluminoso expediente, la única conclusión es que la IM no encuentra motivo para acceder a mi reclamo, fundando su resolución mediante el siguiente texto: “No surge de las actuaciones agregadas si la Seccional 10a de Policía recibió efectivamente el reporte del traslado del vehículo, lo cual reviste importancia en la medida que, de haberlo recibido, la carga de comunicar el traslado al propietario del vehículo es de la Seccional Policial. Mientras que de no haberlo recibido hubo un error en el sistema de comunicación que establece el protocolo creado al efecto”.
Cual vulgar rapiñero, la Intendencia de Montevideo a cargo de Martínez se apropió de mi automóvil y se niega a aceptar responsabilidad alguna. En suma, hubo un error en el sistema de comunicación responsabilidad de la IM, y el contribuyente debe hacerse cargo del error de la IM. Pero además, en los seis meses que les insumió realizar todas esas investigaciones han de haberse gastado diez veces mayor cantidad de dinero que el que con toda justicia le reclamé a la intendencia.
El “paladín de la ética” Daniel Martínez dispuso que yo me hiciera cargo del daño que él me produjo. Clara demostración de lo que entiende como “imperativo ético” este candidato a la presidencia de la República.
2. Vayamos a la segunda enseñanza ética que nos dejó Martínez. En noviembre del año pasado debí ausentarme de Montevideo por un lapso de cuatro días y al regresar constaté que habían llegado las facturas de Contribución Inmobiliaria correspondientes al último cuatrimestre del año, pero su plazo de pago ya había vencido. Las habían entregado el 12 de noviembre y su vencimiento era el 14 del mismo mes. Las aboné apenas llegué y concurrí a la IM a solicitar que no me agreguen multas y recargos por la circunstancia anotada, habida cuenta del tan exiguo período de cancelación de la deuda. Se negaron con el argumento de que yo podía haber visto en la computadora las fechas de pago. Me pregunto: ¿Entonces para qué mandan las facturas? ¿Tengo que estar todo el año pendiente de la computadora para saber en qué fecha vencen las facturas de todos los servicios? Por otra parte, la Contribución se paga cuatrimestralmente. ¿Les resulta tan difícil, por ejemplo, enviarlas con 15 días de anticipación? Todas las facturas de consumos mensuales se entregan con un mínimo de siete días de antelación e incluso la Tarifa de Saneamiento (que es bimensual) con un mes de anticipación. ¿Y una obligación cuatrimestral, cuyo importe se conoce desde inicios del año, se entrega dos días antes de su vencimiento?
Naturalmente que me obligaron a pagar multa y recargo por dos días de atraso, cuando deberíamos ser los contribuyentes quienes deberíamos expulsar de sus cargos a este conjunto de funcionarios incapaces.
3. Tercer caso que nos provee Martinez de su profunda calidad “ética”: hace unos meses estuvo el susodicho buscando afanosamente una candidata a vicepresidenta y la decisión recayó en otra “licenciada” que no es “licenciada”, sino que además ni siquiera terminó cuarto año de liceo, pero que igualmente (al igual que otro “licenciado” de triste recuerdo) se atribuyó una condición de la que carece. ¿Aceptar una postulante con esas características es otra muestra de la ética que pregona Martinez? Tal parece que sí.
Como corolario final, agrego aquí unos versos de Martin Fierro, que evidentemente no constituyen el norte en la conducta “ética” de Martinez, y muy alejados están de sus multiproclamados “imperativos éticos”: “Muchas cosas pierde el hombre / que a veces las vuelve a encontrar / pero les debo enseñar / y es bueno que lo recuerden / si la vergüenza se pierde / jamás se la vuelve a encontrar”.
Eduardo Grois