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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn respuesta al Dr. Roberto García. Soy médica internista oncóloga paliativa, y leyendo el artículo del Dr. Roberto García veo que su información sobre cuidados paliativos y muerte asistida es parcial y confusa. Al respecto de sus afirmaciones en el semanario Búsqueda en la carta de los lectores denominada El proyecto sobre eutanasia, deseo precisar:
1-No es una falacia de falsa oposición y ojalá nunca lo sea.
El Dr. Pedro Kasdorf es profesor con amplia experiencia en pacientes avanzados y de hecho le derivé desde el servicio que coordiné por 20 años de cuidados paliativos muchísimos de ellos para el alivio de síntomas, sobre todo dolor. A pesar de todo es difícil aun en su caso entender todos los detalles de atención paliativa de estos enfermos. Son varias las dimensiones afectadas en estos pacientes, social, familiar, espiritual, las que se van asistiendo adecuadamente solo si los servicios de cuidados paliativos son integrales, o sea, tiene trabajadores de todas las disciplinas, probablemente tenga experiencias en que ni existía dicha integralidad. Desde su lugar de consultante no puede ver el proceso de atención paliativa en su conjunto a menos que se acerque y participe de las reuniones o pida la información Yo tampoco podría afirmar que los tratamientos radioterápicos pueden aplicarse a casos que yo querría y no se aplican, porque no cuento con toda la experiencia y no accedo a toda la investigación que él accede. A modo de ejemplo de la reversibilidad del deseo de adentrar la muerte, muchos de los pacientes que se derivan por dolor de difícil control a radioterapia tienen deseos de adelantar la muerte por dolor y revierten con la radioterapia ese deseo, pero los radioterapeutas la mayoría de las veces no lo saben. Ese deseo es erróneamente asimilado a pedir eutanasia, cuando en verdad subyace no querer vivir así. No es falsa oposición, sino verdadera oposición. No lo incluyó el Prof. Vaz Ferreira en su lista de falacias, yo creo, porque lo he estudiado, porque ya conocía que el sufrimiento puede llevar al deseo morir y que matar no es aliviar. Hay oposición verdadera entre el aliviar el sufrimiento, de cuidados paliativos, y el eliminar al que sufre, de la eutanasia. En la práctica esto se traduce en que la existencia del atajo de la eutanasia debilita el complejísimo trabajo diario de bajar la carga de sufrimientos de pacientes y familias, por los paliativitas, con comunicación compasiva, búsqueda de recursos a veces fuera de las prestaciones formales, acompañamiento constante, porque las presiones sociales e institucionales minan y minarán la motivación y vocación para su logro. No obstante, tristemente a espaldas de las organizaciones sociales y científicas nuestro parlamento elabora un proyecto de ley de complementación de cuidados paliativos y eutanasia que lleva a los cuidados paliativos al papel de un mero decorado en el que ni el Estado ni los privados invertirán esfuerzos.
2- Los cuidados paliativos alivian 100% de los sufrimientos sin eliminar al paciente.
Para el bajo porcentaje de síntomas refractarios que, asistidos por profesionales entrenados por un tiempo prudencial, no se logran controlar, cuidados paliativos dispone del protocolo de sedación paliativa. La misma deprime la conciencia con sedantes a dosis suficientes y necesarias para que el paciente no perciba el síntoma. Requiere formación y entrenamiento y se aplica según el caso superficial, sedación transitoria, sedación irreversible, sedación terminal en la agonía. Se decide en equipo siempre que es posible y se solicita el consentimiento al paciente o a su representante legal. A diferencia de la eutanasia, la sedación paliativa no tiene por objetivo matar al paciente, sino aliviar el síntoma. El paciente no fallece a los pocos segundos como en la eutanasia. Permanece un tiempo variable y muere por su enfermedad en ese tiempo que pueden ser desde horas a días, la familia puede elaborar la pérdida, llamar a familiares que desean despedirse, y es fundamental para el duelo normal. A diferencia de la eutanasia, como en el suicidio, las familias viven la muerte de su ser querido con sufrimiento adicional por no despedirse en paz, por no haber podido hacer lo suficiente por aliviar a sus queridos y con culpabilización. Esto llevará una gran sobrecarga de los sistemas de salud por duelos complicados que se transforman en enfermedad psicológica y física.
3- No es terrorismo verbal, ojalá lo fuera, ocurrió y está volviendo a ocurrir.
Las afirmaciones que cataloga como “terrorismo verbal” se basan en hechos con documentación histórica e investigaciones con pruebas irrefutables.
El filósofo Miguel Pastorino en su artículo Los que sobraban: la eutanasia en la Alemania nazi, Semanario Voces, 24 de setiembre 2020, escribió:
“Los médicos de Núremberg: ¡Nunca más! La evidencia más fuerte de un cambio de mentalidad sobre la dignidad humana a través de eufemismos que naturalizan el homicidio son los testimonios de los médicos juzgados en Núremberg. Quienes participaron de esos crímenes alegaban que sus acciones fueron movidas “por compasión y sentimientos humanitarios”, que “no es un crimen tener un acto de piedad con los incurables… y la muerte puede significar liberación del sufrimiento”. Todos los involucrados creían que hay “vidas que no merecen vivirse”.
Una historia olvidada. El historiador, politólogo y periodista Götz Aly publicó en 2013, fruto de una investigación de más de 30 años, un libro sobre el programa de eutanasia nazi. Su objetivo fue hacer visible un horror que tiende a no recordarse. El autor ha creado polémica al exigir la recuperación de los nombres de los miles de desaparecidos cuyas familias no tienen cómo acceder a su memoria, incluso algunas ni siquiera saben de la existencia de tíos o hermanos que fueron arrojados al olvido. Su libro más conocido es Cómo Hitler compró a los alemanes (2006), pero su obra más reciente, Los que sobraban: historia de la eutanasia social en la Alemania nazi, está basada en cartas de familiares y documentos oficiales que dan cuenta del exterminio de 200.000 discapacitados física o psíquicamente. Las dos justificaciones de este proceder se fundamentaron en la “compasión” y el “acto humanitario” de “librar a las familias de las cargas económicas de vidas sin sentido”. Aly muestra en su trabajo que el programa de eutanasia nazi no estuvo primariamente apoyado en una cuestión “racial”, sino en una visión pragmática y materialista de la vida humana, donde la lógica de fondo era económica. Las “vidas que no producen”, “que no tienen sentido” ni siquiera para sí mismas y “que son una carga para sus familiares” deberían eliminarse para no prolongar un sufrimiento innecesario para sí mismos y los demás. Ese era el argumento central del programa eutanásico.
Por todo lo ocurrido la humanidad refundó su vida en convivencia en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, donde definió los valores de respeto a la vida y la dignidad de la persona como valores irrenunciables. El cuerpo médico de Uruguay puede marcar la diferencia con los países que practican la muerte asistida. Tiene la palabra para prevenir esta barbarie y no ser nuevamente la mano ejecutora de estos crímenes, lo que está ocurriendo en los países que legalizan la muerte asistida, así como la inclusión de nuevos criterios de personas eutanasiables.
Los médicos deberían comprometerse e involucrarse a través de la información sobre los avances que representan para la humanidad el desarrollo de la disciplina de los cuidados paliativos y sobre la necesidad del verdadero fortalecimiento social del cuidado de los más vulnerables. Deberían reclamar que no se permita —ni, menos, se señale como tarea a cargo de los médicos?— el discriminar entre vidas dignas de ser vividas y no dignas de ser vividas, autorizándonos legalmente a dar muerte o ayudar a darse muerte.
En cambio, debería pedirse que se apruebe la Ley de Cuidados Paliativos, para universalizar y garantizar la atención exigida por esa dignidad de cada persona. Es lo que exigen el Código de Ética Médica, aprobado por plebiscito en 2014, y las declaraciones de la Asociación Médica Mundial, ratificada en 2019.
Dra. Ana Guedes
Internista. Oncóloga diplomada en Cuidados Paliativos
Docente Universitaria de Cuidados Paliativitos