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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHablo de la resurrección del tema extranjerización de la tierra.
Legisladores frentistas acaban de presentar un proyecto sobre esto. Típico del Frente, a la vez jurásico e intelectualmente deshonesto: desde la dominación brasileña no se había visto tanto extranjero estanciero como durante los años de gobierno frentista. Batieron todos los récords, y no solo de “extranjerización agropecuaria”.
No puede decirse esto último de Cabildo Abierto, que acompaña la iniciativa. En cambio, sí sorprende que se embarquen en algo tan absurdo y tan trasnochado.
Según la exposición de motivos del proyecto, “El problema de la extranjerización de la tierra es una cuestión de soberanía…” ¡Haberlo dicho antes!
Hablando en serio, ¿se notó pérdida de soberanía en los 15 años que gobernó el FA por la mayor extranjerización de la tierra de toda nuestra historia? Yo no la noté.
Distintos son otros casos, como la genuflexión ante la OECD, que redujo enormemente el sector servicios, o el contrato con UPM. ¿Pero cómo se puede perder soberanía por el hecho de que el campo lo trabaje un argentino o un brasileño o un gringo, en vez de un criollo (o de un criollo agringado, como Sartori)? Si, al fin y al cabo, todos somos descendientes de inmigrantes.
En todo caso, el problema podría estar en otras etapas productivas, como la industrialización y la venta. El grueso de las industrias alimenticias instaladas son propiedad de extranjeros (el Frente parece no haberlo percibido) y, en definitiva, somos tomadores de precios, cualquiera sea la nacionalidad del productor.
Yo tendría más preocupación “soberanista” en seguir aumentando la deuda externa, receta que el Frene viene reclamando persistentemente.
A propósito, ¿no hiere su sensibilidad soberanística que toda la banca privada sea extranjera, o el grueso de las grandes superficies?
La exposición de motivos también afirma que la tal extranjerización afecta “las posibilidades de desarrollo de nuestro país”, lo cual bien podría ser cierto, pero en el sentido inverso al pensado por el Frente (¿y por Cabildo?) del momento en que la experiencia parece demostrar que los extranjeros suelen ser productores de punta. Eso fue clarísimo en materia agrícola cuando en la venida fuerte de productores argentinos (corridos por Kirchner, adicto a los mismos disparates que el FA) Batlle, con su infaltable sentido del humor, propuso sustituir la estatua de Hernandarias en la rambla portuaria por una de Néstor).?Al Frente también le preocupa preservar los derechos sucesorios de las familias terratenientes uruguayas (4º párrafo de la exposición). Una confesión asombrosa en seguidores de Marx. Se ve que me perdí una parte de El capital o, quizás, del Manifiesto.
Más adelante, retornando al cobijo de Carlos, la exposición critica que la tierra esté regida por las leyes del mercado y termine “siendo un bien de cambio”. O sea, vayamos a la estatización de los medios de producción. Por lo menos es más coherente. Ahora, ¿es esto lo que quiere el senador Mannini?
Pero lo más fantástico del razonamiento frentista (¿y cabildante?) es su preocupación por proteger a “la clase media rentista de nuestros campos, que en definitiva son compatriotas”, ante la amenaza que significa el extranjero, quien “tiende a expropiar definitivamente a esa clase media”. O sea, defendamos a quienes heredan la tierra y a quienes le sacan renta. ¡A qué nivel de dislates ha legado la izquierda! Y Mannini ¿se va a embarcar en esto?
Ahora bien, todo lo anterior se curaría, según el proyecto, si el extranjero se vacuna de ciudadanía. Ahí la misma persona pasa de demonio a santo (conservando, claro está, su nacionalidad original, como permite nuestro ordenamiento jurídico).
En suma, el Uruguay debería adoptar una política macro que fomente ser un país abierto, que no discrimina y que quiere aumentar los volúmenes de inversión, sabedor de que no hay crecimiento sin ella y que como la capacidad vernácula de inversión es limitada fomente la extranjera. Así está bien bajarse los lienzos en casos como el de UPM: y meses después jugar al sandinismo.
Malas compañías y peores ideas para Cabildo Abierto.
Ignacio De Posadas