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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáConsecuente con lo perverso de su estrategia, el neomarxismo o socialismo del S. XXI, a veces subrepticia y otras descaradamente, se encargó de infundir antivalores como: el irrespeto, la inmoralidad, el resentimiento y la injusticia. Así como de confundir a más de una generación, tergiversando los conceptos de valores tales como: los derechos (todos tenemos derecho a…), la igualdad (somos todos iguales, nadie es más que nadie…) y la libertad (todo se puede, todo vale…).
Así pues, observando nuestra realidad social, constatamos: una educación decadente, una extendida falta de respeto a la autoridad (en todas sus expresiones), niveles de corrupción estatal inauditos y una Justicia que en los últimos tiempos está en el tapete, y no por su profesionalidad, son las secuelas de 15 años de gobiernos “progresistas”.
Consecuentemente, en lo que va de este período de gobierno, se reitera el hecho de que a la hora de cumplir con su deber, los efectivos de la Policía Nacional se ven enfrentados a situaciones, tan complejas como delicadas, que van desde el insulto personal, pasando por el desprecio a la institución, hasta llegar al ensayo de la “desobediencia”, con actitudes desafiantes y provocativas del ciudadano abordado, en busca de una reacción inconveniente del policía, para luego denunciarlo por “abuso de autoridad”.
Si a esto le sumamos los aviesos cuestionamientos al “accionar policial”, emitidos a través de alegatos irresponsables de: legisladores, sindicalistas y algún que otro referente de la oposición, así como de los comentarios sesgados de periodistas poco afines a los “uniformes”, nos encontramos con un escenario crítico y peligroso…
Por tanto, a efectos de neutralizar esa práctica que, más allá de complejizar un procedimiento policial, constituye una potencial amenaza para el orden social y la seguridad pública, se impone: reaccionar oportunamente y promover un estado de alerta.
La instrucción, el entrenamiento y el respaldo jerárquico o legal aseguran el éxito de cualquier procedimiento, mientras que una adecuada preparación psicológica vendrá a fortalecer el ánimo del policía, que debe enfrentar situaciones donde: la autoestima, el dominio de sí mismo y una elevada moral son sus principales armas.
El policía debe dirigirse al ciudadano en forma clara y concisa, y frente al mínimo intento de agresión verbal o física, no debe dudar en “ejercer su autoridad”, sea pacíficamente o haciendo el “uso legítimo y profesional de la fuerza”.
“En ninguna circunstancia, el policía puede discutir y mucho menos pelear con un ciudadano”, debiera ser una premisa…
El “respeto a la autoridad” y el “apego a las normas” son los más claros indicadores de una democracia fuerte y de un consolidado Estado de derecho.
Luis Eduardo Maciel Baraibar