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El Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay cumplió con su propósito y se vivió como una celebración. Como puntapié de los festejos por los 70 años de Cinemateca, el festival regresó, en su 40ª edición, a su fecha original en la Semana de Turismo y contó con exhibiciones a sala llena dado el cese de las restricciones sanitarias sobre los espectáculos públicos. Fueron, en resumen, varios días de cinefilia continua.
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Participar del festival significó presenciar fenómenos que se repiten y otros que sorprenden. No falta jamás el último y apurado sorbo de café antes de una función ni tampoco el encuentro casual entre realizadores uruguayos de generaciones diferentes. Se volvió a vivir, también, ese jolgorio y expectativa peculiar que rodea al momento previo de cualquier proyección.
La apertura a cargo de la francesa Claire Denis, Avec amour et acharnement, no logró el entusiasmo esperado. Sí lo hizo la película de clausura, a cargo del uruguayo Manuel Nieto Zas y su drama El empleado y el patrón, que se llevó merecidos aplausos en las tres salas colmadas donde fue exhibida. En otras secciones del festival, el documental Delia, de Victoria Pena (de próximo estreno en salas), se convirtió en uno de los títulos recomendados de boca a boca y terminó como una de las películas favoritas del público.
Dentro de las realizaciones iberoamericanas, hubo dos comedias dramáticas imperdibles, ambas en blanco y negro y con personajes a la deriva: la española El Planeta, de Amalia Ulman, y El perro que no calla, de la argentina Ana Katz. Sus futuras reposiciones son más que bienvenidas.
El cierre del festival tuvo torta, velitas y canto. Pese a que la palabra Cinemateca no se adecuó tan bien en la métrica del Cumpleaños feliz, poco importó. Con la proyección de un video con escenas memorables del cine internacional y uruguayo, el sentimiento festivo quedó cementado. Durante unos minutos el trío de jóvenes adultos de Bande à part bailó junto con Mia Wallace y Vincent Vega de Pulp Fiction en un ejercicio de montaje que transmitió una idea difundida a lo largo del evento: el cine no puede, ni debe, parar.