Adriana Peña asumió su segundo mandato consecutivo en Lavalleja apagando incendios. La intendenta asegura que el responsable de tanto fuego fue su suplente, Alfredo Villalba, que se sentó en el sillón municipal durante los cinco meses en los que Peña se licenció para trabajar en su reelección. Villalba no perdió el tiempo, quiso marcar su impronta. Impulsó varias obras a la vez: salones comunales, piscinas, comedores; arregló calles, llevó luz a barrios carenciados. “Se gastó demasiado, mucho más de lo que ingresaba, y hoy tenemos una deuda importante”, dice Peña. Ahora hay una investigación administrativa sobre la fugaz gestión del ex suplente, quien además abandonó el Partido Nacional y se sumó a las filas del empresario Edgardo Novick. La gestión de Peña también es cuestionada. Basado en observaciones del Tribunal de Cuentas, un edil del Frente Amplio la denunció penalmente por presuntas irregularidades en la administración. Peña le resta importancia y afirma que se trata de una “maniobra” para perjudicar una imagen que ha ganado en exposición pública. “Palos en la rueda“, dice. “Sabía que iba a pasar esto”, insiste.
—Exacto, y se gastó más de lo que se pensaba. Empezó a hacer muchísimas obras a la misma vez —que la mayor parte la pagamos nosotros, porque en su momento él no tenía el dinero para pagarla—. Y eso provocó un déficit importante en la Intendencia. Que lo estamos enfrentando, lo estamos pagando. El año pasado fuimos pagando de a poquito, a medida que podíamos, y en este año pagamos una cantidad de dinero impresionante de esos meses. De la obra que se empezó, mucha quedó inconclusa, y vamos terminando.
—¿No le parece curioso que haya pasado esto con un compañero suyo, al que eligió como su suplente?
—No, conociéndolo... No pensé que iba a llegar a estos límites.
—Pero usted lo conocía y lo puso como suplente suyo, lo integró a su equipo.
—Lo integré a mi equipo, porque él es vendedor, y se vendió muy bien. Como se me vendió a mí, se vendió a la gente también, porque la gente también lo votó pensando que él iba a hacer. Siempre pensé que la parte de Hacienda, que el Tocaf, que los controles, iban a lograr frenarlo, inclusive, yo apostaba que toda la plata que yo dejaba era imposible que la gastara; porque cuando llamás a licitación tenés un período de tiempo que tenés que hacer un llamado. La Intendencia tiene un presupuesto de 700 millones de pesos, y el año pasado se gastaron 900 millones de pesos. Se gastó mucho más de lo que ingresaba.
—¿No sospechó que podría pasar esto?
—Nunca imaginé que pasara algo así, porque con los controles que existen… Y bueno, ahora hay una investigación. La mayor parte de las obras están ahí, y ahora hay que terminarlas. Se va a necesitar una erogación mayor para terminar lo que quedó inconcluso.
—Y Villalba ahora se fue con Edgardo Novick.
—Por suerte… gracias a Dios. Se ha pasado por todos los partidos habidos y por haber, por todos los sectores… no tiene partido.
—Su gestión también es cuestionada ¿Qué dice sobre las denuncias de irregularidades que van a ir a Justicia?
—Las denuncias que hacen son las mismas observaciones del Tribunal de Cuentas que ha tenido la Intendencia a lo largo de su vida. La mayor parte es por falta de disponibilidad, cuando ellos no votaron el presupuesto. Entonces, ¿por qué se hace una denuncia ahora? La hubieran hecho en 2012, 2009, 2008… la hacen ahora.
—¿Y por qué la hacen ahora?
—Porque evidentemente está sonando el nombre de Adriana Peña. Es una maniobra para perjudicar mi imagen. Y lo tomo por cómo viene. Sabía que iba a pasar, sabía que iban a empezar a poner palos en la rueda, con distintas cosas. Esta es una de ellas.
—¿Por qué piensa que ha tomado protagonismo su nombre?
—Porque empiezan a buscar mujeres políticas, porque se necesitan por porcentaje, o por imagen… Y si miran al interior, aparece mi nombre como el de muchas más pero soy la única mujer intendente en el país. La única en el Partido Nacional. Entonces si miran para el interior me ven… De eso no tengo la culpa.
—Usted integra un grupo de intendentes de Alianza que ha agitado un poco las aguas del Partido Nacional. ¿Cuál es el objetivo de ese grupo?
—Todos hemos visualizado qué es lo que necesita el país, el partido. Nos sentamos a conversar como amigos, compañeros, tratamos un millón de temas comunes. Todo eso lleva a que si se juntan políticos, y del mismo partido, hablemos de política. Y empecemos a trabajar y ver cómo podemos ayudar en el partido. Que todavía falta mucho para poder visualizar y ver en el horizonte, sí, falta. Además tenemos muchos problemas, tenemos mucho que trabajar dentro de los departamentos. Entonces conversamos, nos juntamos. Y va a salir humo blanco de todas las conversaciones y con lo único que coincidimos es que el partido tiene que trabajar para lograr lo que todos ansiamos, que es ganar el gobierno.
—¿Imagina una nueva interna entre Jorge Larrañaga y Lacalle Pou?
—Yo opino que no, eh. El partido no necesita ir a la interna. Después, bueno, quienes se sienten o nos sentemos, veremos si llegaremos o no a la interna.
—¿Por qué no es partidaria de que haya internas?¿Son razones económicas?
—No solo por temas económicos. Tenemos que sentarnos a visualizar una posición única todos juntos a nivel de la cúpula. A nivel de los departamentos tiene que haber interna, es una competencia que debe existir. Pero no a nivel nacional. Porque después, cuando termina de pasar la interna, siempre hay alguien que queda más cómodo, que es el que pierde. Parece que no es así, pero sí es así. Queda más cómodo porque dice “bueno, yo perdí, ahora le toca llevar el carro a otro”.
—¿Eso se notó en las últimas elecciones?
—Siempre se nota. Entonces creo que si además hay un acuerdo nacional sobre quiénes van a liderar, con toda la fortaleza vamos todos atrás.
—El discurso suyo de que no haya internas choca de frente con el de Larrañaga.
—Bueno, tenemos tiempo de convencer a Larrañaga… Es lo que yo opino. Nadie me va a cerrar la boca, y menos en el Partido Nacional. Acá todos opinamos sobre lo que creemos que es lo mejor.
—Hay muchos blancos de a pie que no quieren que el futuro del partido se resuelva entre cuatro paredes. ¿Cómo se debería discutir que no haya internas?
—No es entre cuatro paredes. Nosotros al cerrar esa candidatura única a nivel nacional impedimos que entren a perjudicarnos desde otros partidos. Esa es la mayor seguridad que podemos tener.
—¿Y quién debería tomar esa decisión entonces?
—Tenemos que sentarnos entre todos para tomar esa decisión. Me parece que hay un grupo importante de personas que tiene que decir: “vamos a sentarnos a hablar”. Y llegaremos o no a acuerdos… Pero esa conversación va a existir.
—Pero usted dice “entre todos”. ¿Entre quiénes en concreto?
—Lacalle Pou y Larrañaga seguro. Y después un cúmulo que hay en cada departamento, capaz que los primeros y los segundos. Llegar a una mesa de trabajo. Esto tiene que tener la suficiente capacidad de resolución para que a nivel departamental no dañe a nadie. Se toma una decisión de ese tipo, se llega a acordar basándose en el testeo que se haga de todas las encuestas, consultas… Pero que nadie quede dañado dentro de los departamentos.
—Lacalle Pou no lo dijo públicamente, pero llegó a manejar su nombre como candidata a vice. ¿Se lo dijo a usted?
—Nunca me lo dijo personalmente. Tiene una razón: mujer, del interior… Pero hay mucha gente con capacidad y no necesariamente tiene que ser mujer.
—¿Estaría de acuerdo en integrar una fórmula?
—Si en el momento veo que puedo ayudar a que se gane, cómo no. Y si veo que hay otro que iría mejor que yo, también lo diría, e iría empujando atrás