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    La función policial

    Sr. Director:

    La función policial ¿da para estresarse? Positivo... Sí da para estresarse. ¡¡¡Claro que sí!!! Y la respuesta de un categórico “sí” se ve reflejada cuando se consulta a sus protagonistas: menos tiempo con la familia, mayores índices de divorcio o separación, menos esparcimiento, mayores compromisos laborales, entre otras consecuencias.

    Doña María, madre de Juan Carlos, actualmente con el grado de subcomisario ejecutivo que trabaja a cargo de una Comisaría en el interior del país, recordó: “En una cena familiar con mi esposo y mi hijo menor, él nos dijo que quería ser policía. Y que lo hacía porque sentía que esa era su vocación. Me sentí… desilusionada”. Y aclaró: “desilusionada porque junto a su padre siempre pensamos y educamos a nuestros hijos para que hicieran la carrera de médico, abogado, contador, ingeniero o cualquier otra cosa…”. No obstante, señala que su esposo le respondió: “Si nuestro hijo nos hubiese dicho que su futuro iba a ser jugar al fútbol, lo aplaudíamos, nos sentiríamos orgullosos de él. Entonces, por qué no motivarlo para que se inicie en esta profesión”. Y en estos momentos la desilusión de su madre se transformó en orgullo: “Orgullo porque logró terminar la Escuela Nacional (EPES), conoció a su actual pareja y tiene dos hijos con ella, los educó y es una persona de bien, honesta y trabajadora, y me siento realmente muy feliz al saber que estaba equivocada”, reflexiona la entrevistada.

    La tarea policial en los tiempos modernos da para todo, incluso para el estrés. ¿O acaso alguien piensa que los policías no tienen familia, que son extraterrestres o marcianos de otro planeta vestidos de azul, con un arma y una vara en la cintura? ¡¡¡Claro que no!!! Y de acuerdo a la opinión de algunos entrevistados, haciendo un poco de futurología de aquí a un tiempo no muy lejano, el policía va a ser, o mejor dicho, debiera ser, cada vez más técnico y menos ejecutivo, cada vez más práctico y menos burocrático… cada vez más abocado a la función de prevención y no tanto de represión, entre otras cosas.

    ¿Y cuáles son las razones del estrés? La subcomisario Laura Borges, encargada de la UEVDG en Villa Ansina, departamento de Tacuarembó, expresa: “El trabajo policial es muy estresante. Continuamente hay que estar resolviendo problemas contando con muy poco tiempo. No se puede titubear, porque como nos han inculcado, el que duda muere. Siempre se nos demanda saber de todo, cada vez que salimos a un llamado no sabemos qué nos vamos a encontrar y cuando llegamos debemos resolverlo de cualquier forma”. El Sr. Comisario Dirley Gómez Montes de Oca, oriundo de la ciudad de Rivera y con destino actual como jefe de División I en el departamento de Tacuarembó, agrega: “Creo que uno de los factores (de estrés) más importantes es la rutina diaria, acompañado de un abordaje del ciudadano que por una u otra razón plantea una situación y exige una solución espontánea”. Por su parte, el Crio. Mayor (retirado) Manuel Sasías, que tuvo a su cargo entre otros destinos la Escuela Departamental de Policía en el departamento de Tacuarembó y la Cárcel Departamental, reflexiona de la siguiente manera: “El trabajo policial tiene muchas aristas: primeramente hay que considerar que existe un régimen disciplinario, del cual cada funcionario tiene su responsabilidad con la institución; y al apartarse de sus derechos, obligaciones, y de la normativa vigente, le trae aparejado una sanción. A eso hay que sumarle todos aquellos procedimientos en los que están en juego su integridad física, vivir toda la problemática de una sociedad a la cual él juró defender. Toda esa vivencia en lo cotidiano lo va asumiendo como propia, y con el tiempo lo va desgastando emocionalmente. Claro está que el policía tiene una formación para ello y puede asumir profesionalmente cierta clase de procedimientos que a veces son muy significativos, que presentan una alarma social y que para una persona común y corriente puede ser extremadamente catastrófica y aberrante, pero el policía tiene que actuar en consecuencia. Uno de las tantos factores de estrés que puede ir en desmedro del funcionario es cuando este no sabe apartarlo de su vida particular, cuando se descarga emocionalmente con la familia, amigos, y en su círculo social”.

    No obstante ello, esta profesión presenta algunas características: el constante rechazo que se recibe por parte de un alto porcentaje de la población; el no tener día, horario ni destino fijo para ejercer la tarea; las amenazas de cumplir una sanción disciplinaria en caso de que algo salga mal; el saber que muchas veces la vida de una tercera persona depende de las decisiones que se tomen en un momento determinado. Dentro de la jerga policial, existen frases hechas que distan mucho de la realidad. “No da para estresarse”, obedece a que en ciertos momentos o circunstancias la tarea tiene sus buenos momentos. Otra frase hecha es que “la persona que no sirve para nada encuentra su lugar en la Policía”; y al respecto en las entrevistas llevadas a cabo no se evitaron plantear estas interrogantes.

    La subomisario Laura Borges fue concluyente en su respuesta para ambas preguntas: “De cualquier manera te estresas, aun sin darte cuenta. No es cualquiera que puede ser policía, para ello tienes que tener mucha determinación, interés en ayudar a las demás personas, anteponer sus problemas antes que los propios, saber que cuando salís de tu casa uniformado a trabajar te despedís de tu familia sin saber si vas a volver vivo, disimulando tu preocupación para que ellos no se den cuenta, esconder tus miedos de que les pase algo malo, porque tenemos realmente conocimiento de cómo está la delincuencia y que muchas veces los civiles desconocen, y así mismo tener la valentía de afrontarlos. No es para cualquiera, si todavía le sumamos el esfuerzo que hay que hacer para ingresar y luego para poder recibirse, eso lo puede decir solamente aquel que nunca lo intentó o que ingreso por ser “hijo de”, pero por suerte estos son los menos. Te puedo asegurar que ser policía cuesta mucho sudor y lágrimas, pero con mucho orgullo de que nadie te regala nada y es todo a base de esfuerzo”.

    El Crio. Dirley Gómez y el Crio. Mayor Manuel Sasías rechazan de forma tajante las frases que menosprecian el trabajo policial, y coinciden en manifestar que “son dichos que intentan desprestigiar o descalificar la profesión, que es tan digna como cualquiera”. Agrega el Crio. Gómez: “Tenemos gente muy capacitada, y el noventa y nueve por ciento son los mejores elegidos dentro de la plaza de ofertas de recursos humanos disponibles. Es más, creo que si se los asigna a otras empresas se adaptan y cumplen con las exigencias de las mismas en forma excelente”.

    “Eso de que usen estrellas o grados encima del hombro no me convence”, dice doña María. Y se pregunta: “¿No sería mejor que ascendieran por capacidad y no tanto por antigüedad?; ¿acaso un ingeniero o un abogado tienen que andar jactándose de su función para ser alguien en la vida? No, no. No estoy para nada de acuerdo con ello”.

    Policías eran los de antes, ¿y los de ahora? ¡¡¡También!!!

    Los tiempos modernos y el transcurrir de las nuevas generaciones traen consigo una cuestionada comparación. Ni mejor ni peor que los anteriores, sino diferentes. Y en lo que tiene que ver con esta profesión, ha cambiado la relación entre el superior y el subalterno, el régimen disciplinario, la instrucción policial no es tan estricta como antes, entre otras cosas. Al compartir estos conceptos con el Crio. Dirley Gómez, contesta: “Comparto que los funcionarios cambiaron, son más preparados y están más capacitados. Esto se debe a que las funciones que deben cumplir tienen que acompasar a los requerimientos tecnológicos y las exigencias para suplir las necesidades del servicio. Proporcionar a la población una atención óptima, un estándar de seguridad que requiere planificación, etc., nos obliga a cambiar y actuar como una empresa que brinda un producto. En cuanto al régimen disciplinario, considero que ha cambiado para mal, porque no sirve como modo de corrección. Sí como un sistema mal aplicado donde los medios coercitivos llegan y el infractor ya se ha olvidado por qué motivo lo sancionaron. Aparte, va contra la economía del funcionario, creando trastornos en su medio de vida”.

    La subcomisario Laura Borges brinda su punto de vista: “Comparto que la exigencia en la disciplina ha cambiado, pero todo va en la persona: el que es respetuoso y disciplinado en su casa lo es también en su trabajo. Anteriormente se exigía más y los que eran un poco descarriados, se los enderezaba o se iban. Ahora no es así y esto puede influir negativamente en la función policial. Con respecto a la familiaridad entre el superior y el subalterno, no tengo objeciones, debido a que uno se puede dirigir con respeto de igual forma. Es más, siempre nos han inculcado que la policía es una gran familia, así que no le veo cual es el problema”.

    El Crio. Mayor (R) Manuel Sasías confirma ambas versiones: “Como toda profesión, tiene que ir cambiando y acompasando los tiempos, más en la Policía, ya que las sociedades van cambiando, se modifican las leyes, etc., y se tiene que mejorar día a día en la lucha contra la delincuencia. Tiene que tecnificarse y adquirir nuevos conocimientos atinentes a la función. Creo que la relación superior-subalterno siempre fue buena, todo depende de la ubicación que tenga cada uno dentro de su función”.

    Una mancha negra: Policías son más propensos al suicidio y a incurrir en episodios de violencia doméstica con sus parejas:

    Los policías no son la excepción a los hechos de violencia doméstica que frecuentemente ocurren en nuestra sociedad. El Crio. Manuel Sasías brinda su punto de vista e intenta darle una explicación a este flagelo: “En la labor policial cada uno convive con la problemática social, en todo tipo de procedimientos. Hay que saber que el policía va adonde nadie quiere ir, tiene que hacer lo que nadie hace, y eso lo va absorbiendo en lo cotidiano, pero es una mochila que carga sobre sus hombros. Cuando llega a su casa, en la puerta cuelga la mochila del trabajo, y cuando llega al trabajo cuelga la mochila de lo familiar. A veces por diversas situaciones pueden verse mezcladas las circunstancias, y si estamos ante un policía violento es un problema; y es ahí que la Institución tiene que detectarlo a tiempo y corregir”. Y también se refiere a la importancia que debe tener el ejercicio de esta profesión por vocación, y no por la necesidad de obtener un empleo: “A veces una persona ingresa a la Policía sin saber qué es, pero a través del tiempo va adquiriendo conocimiento y la vivencia que desarrolla dentro de la misma le hace tomar cariño y se vuelve un buen funcionario”.

    De acuerdo con las declaraciones del Crio. Dirley Gómez, “el policía es casi el cien por ciento vocacional, y surge desde la infancia de un niño donde juega a ser policía. Una vez ingresado al círculo laboral, pueden ser buenos policías o malos policías, todo dependerá de los valores morales que trae desde el seno de su familia y la capacitación que adquiera, valores que se le implantan por superiores e incluso compañeros”. Con respecto a la cotidianidad con hechos de violencia doméstica y cómo estos pueden afectar la labor policial, declara: “Está comprobado que estas situaciones que afectan a la población, con el policía lo hacen de igual forma, pero no es un factor determinante para que se actúe con violencia. En sí somos seres racionales y pasamos por una etapa de capacitación para obtener más resistencia a estos escenarios”.

    La subcomisario Laura Borges a diario trabaja con hechos de violencia doméstica, por el destino donde se desempeña en la actualidad como responsable de la Unidad de Violencia Doméstica y de Género en Villa Ansina, departamento de Tacuarembó, y considera que en muchas ocasiones el cambio de horario o de destino puede ser considerado como una desmotivación para el ejercicio de la labor policial; “más allá de que los policías tenemos la característica de trabajar con mucha voluntad y de forma desinteresada, simplemente por la satisfacción de ayudar a quien lo requiere”. Al ser consultada en referencia a hechos que puedan contribuir a la conducta violenta del policía con los cuales debe convivir, como accidentes graves o fatales, homicidios, suicidios y otras circunstancias, expresa: “No creo que esos episodios contribuyan a que el policía sea violento, puede potenciarlo en el caso de que ya lo fuera, en mi caso particular no me afecta, pero sé que a otros sí les afectan según el momento en que estén en sus vidas”.

    Por amor a la camiseta:

    No se podría cerrar este trabajo sin plantearles a nuestros entrevistados una inevitable interrogante. Consultarlos acerca de la elección de esta profesión, y cuánto tuvieron que ver los antecedentes familiares para iniciarse en este camino. Al respecto, el Crio. Mayor Manuel Sasías dijo: “Lo de herencia o legado familiar es relativo, cuando ingresa puede ser buen o mal funcionario, lo que pasa es que se crece viendo a su padre o familiar policía y uno lo va haciendo propio y busca imitarlo. (…) Un hijo de policía debería tener un plus especial para su ingreso y debería ser considerado especialmente, porque ha visto y ha mamado la vida policial en su padre, y sabe lo que ello conlleva”.

    El Crio. Dirley Gómez, que tiene una verdadera familia policial, en el sentido más literal del término, con orgullo expresa: “Soy policía, mi padre fue policía y mis hijos son policías. Mis hermanos son policías y mis sobrinos son policías, en fin… somos una familia policial”. Y al ser consultado por las reuniones familiares, agrega: “En las charlas de familia siempre se reanudan temas relacionados con la función policial… la primera opción en cuanto a la profesión a seguir la tenemos todos muy bien definida”.

    Por amor a la camiseta se ingresa en esta profesión, señala la subcomisario Borges: “Sobre todo cuando existe el orgullo de pertenecer a la institución, eso se contagia a las demás generaciones. En mi caso fui la primera policía en mi familia, de ahí ya van ingresando tres familiares más (…) lo importante es ser una persona responsable, cumplidora y honesta, después tendrá tiempo para aprender a ser policía. Hasta el último día de nuestra carrera estamos aprendiendo, lo importante es ser dedicado y tener interés de aprender”.

    — (…) Antes de retirarse, señor periodista, permítame felicitarlo —expresó doña María.

    —Ah… sí. ¿Y eso por qué? —le contesté (café y tortas fritas mediante).

    —Porque mi hijo Juan Carlos, o alguno de sus colegas, siempre son noticia en la crónica roja: por negligencia o por abuso del poder o porque suelen pedir algo a cambio cuando realizan un buen procedimiento, pero nunca se enfatiza en la vida personal y familiar de cada uno. ¡Qué pena me da al ver por la tele a los policías cubriendo un servicio de seguridad en el estadio o arriesgando su vida en la calle! Parecen muñequitos en una serie de dibujos animados… ¿Usted me dijo que también es policía, verdad?

    —Sí, señora. Con el grado de cabo subescalafón ejecutivo.

    —¡¡¡Ah, con razón entonces!!!, ¡¡¡mira qué bien!!! Tal vez mucha gente al leer su artículo pueda cambiar el preconcepto que tiene de esta profesión y ojalá que pueda generar una sensación de empatía para con ustedes”.

    —Esa es la idea. Muchas gracias.

    Lic. Javier Mungay