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La granja produce y comercializa frutas y verduras en un mercado sin estándares de calidad definidos
A diferencia de lo que ocurre en los países avanzados, que imponen estándares de calidad para la fruta y las verduras, en Uruguay no hay requisitos de ese tipo, aunque hay intentos de ir en esa dirección. Mientras tanto conviven distintas categorías en un mercado que los propios operadores ven como poco transparente
imagen de La granja produce y comercializa frutas y verduras en un mercado sin estándares de calidad definidos
De las granjas uruguayas surgen productos de diversa calidad y eso puede constatarse en las góndolas de las cadenas de supermercados y en los puestos de las ferias barriales. En esa materia, no hay estándares reglamentados ni se aplica un único criterio para clasificar las frutas y verduras. En otras palabras, todos hablan de lo mismo pero emplean un lenguaje diferente, lo que no aporta transparencia a la hora de hacer negocios y establecer precios, opinaron especialistas y empresarios del rubro granjero consultados por Campo de Búsqueda.
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Entre los productores frutícolas y de hortalizas, el criterio de selección estándar para su mercadería es un asunto que no ha estado en el centro de sus preocupaciones. Sin embargo, a partir de que la Dirección Nacional de Aduanas realizó hace pocas semanas una incautación en el Mercado Modelo (MM), el asunto comenzó a adquirir más notoriedad.
Los granjeros sostienen que son los consumidores, con sus preferencias, los que determinan qué calidad de frutas se producen. (Foto: Nicolás Der Agopián)
A raíz de ese operativo —en el cual se decomisaron más de 50 toneladas de frutas y verduras ingresadas ilegalmente al país, gran parte de mala calidad—, un grupo de empresarios de Salto expresó su preocupación y planteó comenzar a aplicar estándares de calidad más precisos. De esta manera, argumentaron, se podrán aumentar los controles sobre los productos que entran de contrabando.
“El mercado ha sido poco exigente en la estandarización” de criterios a nivel nacional, dijo a Campo de Búsqueda el especialista Alfredo Pérez. “Si la mayoría de la fruta y de la verdura se vendiera hacia al exterior las categorías de calidad estarían mucho más homogeneizadas”, estimó. Y aseguró que un sistema homogéneo a nivel país serviría para “tener reglas claras a la hora de comercializar” la mercadería.
En su jerga, algunos comerciantes del MM catalogan como “boludos” los productos de mayor tamaño y como “crema” aquellos de mejor calidad. Pero lo que es una mercadería excelente para un operador puede ser un producto de segunda para otro, y lo mismo sucede con el tamaño, precisó Pérez, que se desempeña en la Unidad de Información, Desarrollo y Promoción de ese mercado.
“Cada uno de los operadores fue desarrollando su propio sistema”, explicó, y añadió que “muchos catalogan a los productos en función de su tamaño (calibre) y no toman en cuenta la calidad (categoría)”.
Un estándar no reglamentado
Con la creación del Mercosur a comienzos de la década de 1990, vino una intensificación del comercio entre los socios del bloque y también un criterio de categorización estándar común. En ese protocolo, por ejemplo, una fruta o una verdura categoría uno implica cierto tamaño y determinadas características preestablecidas. Fue en base a esas normas que técnicos del MM y del Ministerio de Agricultura (MGAP) elaboraron un sistema de clasificación para aplicar en el mercado interno, el cual era más laxo que el del Mercosur y estaba ajustado a las características locales.
Esas pautas habilitaron a asignar de forma objetiva y homogénea cuánto vale un producto en función de su tamaño y calidad. Pero la adhesión a este marco normativo fue desde un principio optativo y no se elaboró ninguna reglamentación que obligara a los productores a aplicarlo. De hecho, en el MM hay operadores que venden productos que ni siquiera alcanzan los niveles de la categoría más baja del sistema de clasificación difundido por los especialistas, dijo uno de los técnicos que participaron en su diseño. Los únicos que comenzaron a guiarse según estos parámetros al momento de comprar frutas y verduras fueron los organismos estatales y algunos supermercados.
En línea con la idea de homogeneizar y “mejorar” algunas prácticas, en 2009 la Comisión Administradora del MM, en conjunto con los distintos actores del mercado (representantes de los supermercados, de las ferias y de distintas carteras), plantearon cambiar los envases de madera por envases de cartón descartable. El objetivo fue el de comenzar a trabajar de forma más higiénica y que todos los envases contengan el mismo peso, contó a Campo de Búsqueda otro de los técnicos de la Unidad de Información, Desarrollo y Promoción del MM, Pablo Pacheco. “No hay un estándar en el tamaño de esos cajones y cada operador utiliza envases parecidos al de los otros, pero nunca son iguales”, describió.
De la misma manera, otra de las propuestas que se incluyó en este proyecto fue la de comenzar a rotular los envases que contienen las frutas y las verduras con una etiqueta que indique de forma obligatoria el nombre de un responsable de la mercadería, una fecha de envasado y los kilogramos netos. “Yo no sé si una bolsa de zapallos que vende determinado comerciante tiene 20 o 22 kilos, y eso afecta al consumidor minorista, que es el que termina pagando las inequidades que hay en el sistema”, valoró Pérez.
“Otra información que se podrá especificar es la de calidad y el calibre según el estándar elaborado por la administración del MM”, pero “eso es opcional”, comentó Pacheco. En opinión del técnico, el curso natural del proceso implicará una reglamentación de este último punto. Pero toda esta iniciativa todavía está en período de implementación, añadió.
Para el encargado de la planta de empaque de la granja “Domingo Moizo”, Gustavo Moizo, avanzar hacia un criterio de selección estándar le daría más “transparencia al mercado”, mejoraría el escenario de negociación entre los productores y también sería favorable para el consumidor final.
Las exigencias del mercado
Como sucede en el mercado mayorista, en los lugares donde el consumidor compra frutas y verduras es fácil notar grandes diferencias en la calidad y en la estética de la mercadería que se ofrece. En algunos puestos callejeros, el aspecto de una manzana o de un tomate —por ejemplo— es muy diferente al que se ofrece en las góndolas de los supermercados. Pero incluso dentro de la feria existe gran diversidad.
“Los estándares de calidad están directamente relacionados con la zona en la que están trabajando. Es obvio que las exigencias que tiene el público en La Teja no son similares a las que tiene en Villa Dolores, que apuntan a mejor calidad”, comentó a Campo de Búsqueda el representante de la Asociación de Feriantes del Uruguay, Luciano Vario.
Al margen de las políticas de inocuidad, “en el mercado interno no hay una exigencia” de estándar de calidad. Para “el productor, por lo menos técnicamente no existe”, apuntó. “Tampoco hay ningún estándar formal ni un planteamiento estricto que deban respetar” los comerciantes, insistió.
“Las calidades las marca el mercado” y “es el mismo consumidor el que decide qué fruta hay”, aseguró por su parte Gustavo Moizo. “No somos los productores los que imponemos lo que queremos vender y “hay categoría tres (la de menor calidad, que comercializa la empresa donde trabaja) porque hay gente que la compra”, afirmó. Y señaló: “Este tipo de productos en Europa no existe porque la gente no los paga”.
“La compra que hace el feriante en el MM se ajusta al público al que le vende los productos” y “si usted tiene un público exigente es obvio que tendrá que tener mejores estándares de calidad”, argumentó Vario. En las ferias hay distintas “ofertas que se adecuan al bolsillo del cliente” y es en esa característica en donde se encuentra “su encanto”, interpretó.
Si bien no existe un estándar de calidad ni un mismo criterio de selección que sigan todos los productores, sí hay “un perfeccionamiento de los productos que se comercializan”, opinó Vario. “El producto de inferior calidad tiene cada vez menos aceptación” y “la gente es cada vez más exigente”, reiteró.
En opinión de Moizo, “el consumidor no siempre sabe lo que quiere” y en ocasiones confunde estética con sabor. “El público asocia color con calidad”, pero “hay manzanas estéticamente asquerosas que son las más ricas para comer”, valoró.