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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn las últimas semanas he observado con atención la presencia del tema de la gestación subrogada en la prensa uruguaya. Se trata, sin duda, de un asunto de gran relevancia jurídica, ética y social que merece un tratamiento serio y profundo.
Sin embargo, llama la atención que buena parte de la cobertura mediática reciente aborde esta cuestión de forma parcial, omitiendo dimensiones del debate internacional que hoy resultan centrales. La discusión sobre la gestación subrogada ha adquirido en los últimos años una intensidad significativa en distintos países y organismos internacionales, particularmente a la luz de situaciones que han puesto en evidencia sus complejidades y riesgos.
Por ejemplo, durante la guerra en Ucrania —uno de los pocos países que permite esta práctica— se documentaron numerosos casos de niños y niñas nacidos mediante gestación subrogada que quedaron abandonados en hospitales u orfanatos al no ser “retirados” por sus padres comitentes extranjeros debido al cierre de fronteras. Estos casos provocaron un debate global sobre las implicancias jurídicas y humanas de estas situaciones. ¿De quién son esos niños ahora que los padres no pueden o no quieren irlos a buscar? ¿Quedarán huérfanos?
Asimismo, informes, investigaciones científicas y testimonios han puesto de relieve posibles impactos en los derechos de las mujeres —especialmente en contextos de pobreza o vulnerabilidad—, tales como la presión o la falta de libertad en el consentimiento, la existencia de contratos con condiciones abusivas sobre el embarazo (en algunos casos calificados como formas de trata y explotación de personas) y consecuencias psicológicas como depresión posparto o arrepentimiento de mujeres que prestan su vientre y luego quieren quedarse con la criatura en vez de entregarla a quien “la pidió”. Del mismo modo, se plantean interrogantes relevantes respecto de los derechos de niños y niñas nacidos por esta vía, en aspectos como el derecho a conocer sus orígenes, el vínculo y apego con la madre gestante, la transferencia de células durante el embarazo y las implicancias irreversibles en lo biológico y en lo genético derivadas del proceso.
En este sentido, resulta particularmente relevante el informe publicado en octubre de 2025 por la relatora especial de Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, Reem Alsalem, que aborda de manera específica la gestación subrogada desde una perspectiva de derechos humanos y advierte serias preocupaciones y sus efectos, incluso sugiere a los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas su prohibición como medida para prevenir abusos.
Del mismo modo, han emergido voces como la de Olivia Maurel, activista feminista francesa nacida por gestación subrogada, quien ha contribuido a visibilizar sus implicancias desde la experiencia personal. Su caso es bien interesante porque a los 30 años (hoy tiene 34) supo que su madre no era su madre, sino que sus padres franceses habían viajado a Estados Unidos para subrogar un vientre. Es una voz clave en este debate y su historia ha sido recogida en medios internacionales, documentales, incluyendo instancias testimoniales en Naciones Unidas y en parlamentos de diversos países.
Frente a este panorama, sorprende que estas discusiones, ampliamente cubiertas por la prensa internacional, no tengan prácticamente reflejo en el debate público nacional. Esta omisión no es menor: puede contribuir a configurar una visión incompleta —y, por tanto, potencialmente sesgada— de una realidad compleja que exige ser abordada en toda su amplitud.
En la actualidad, integro el Comité Estratégico del Grupo de Casablanca, una red internacional que trabaja sobre esta temática desde un enfoque de derechos humanos. Su declaración, firmada en Marruecos por más de 100 expertos de más de 80 países, sostiene que la gestación subrogada es contraria a los derechos de las mujeres y los niños y las niñas. En este marco, he tenido acceso a testimonios de mujeres que han participado en estos procesos y hoy se encuentran arrepentidas, usadas y devastadas, también la de hombres y mujeres que han nacido por esta práctica y relatan la repercusión negativa que esto ha tenido en la propia identidad.
Por ello, considero necesario hacer un llamado a los medios de comunicación a profundizar el análisis e incorporar la pluralidad de perspectivas que hoy conforman el debate global.
Sofía Maruri Armand-Ugón
Abogada, profesora universitaria e investigadora
Especialista en derechos humanos