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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa producción y difusión de imágenes —sonoras o no— ha llegado a tales niveles que un producto vulgar logra ser promocionado como superior y una guerra se puede ganar militarmente pero fracasar en la aceptación popular. Las fake news (noticias falseadas), los asesores de aspecto, el trucaje de imágenes son una realidad cotidiana. Algunos paradigmas, ejemplos, ideas, pautas y reglas han dejado su sitial y han sido sustituidos por lo que tiene mayor aceptación y no por su calidad y veracidad. Todo este preámbulo es para encarar un nuevo enfoque de la guerra entre Israel y los terroristas.
En un mundo en donde el “sentido común” es el menos común de los sentidos, donde los argumentos razonables y racionales son superados por los emocionales y sentimentales, en donde lo político está por encima de lo jurídico, las tomas de decisiones han cambiado de trayecto. Los terroristas atacan Israel y no importa si tienen razón o no, ¡si siento que sí, es sí!
Entonces una combinación del añejo antijudaísmo (mal llamado antisemitismo) precedido de una campaña de desprestigio logra que la causa de Israel ante la invasión pierda favor popular.
Los hechos descarnados son que Hamás atacó primero a la población civil de Israel, compuesta por árabes musulmanes, cristianos, drusos y samaritanos, así como otros grupos religiosos y étnicos minoritarios, con premeditación y alevosía (los túneles lo prueban), arrojando misiles, efectuando secuestros, violaciones, asesinatos de civiles (degollando a decenas de bebés), y hay quienes se espantan por gazatíes muertos sabiendo que fueron y son usados como “carne de cañón”, como escudo humano por Hamás. Esa incursión y su infraestructura significaron una cuantiosa fortuna en dólares no destinada a dignificar la vida de los palestinos.
Nos enteramos de que en varias ciudades hay manifestaciones de repudio hacia las incursiones israelíes; que varios gobiernos rompen relaciones con Israel y que dignatarios que ocupan cargos internacionales se unen a la claque pero no hicieron lo mismo cuando Rusia invadió a Ucrania.
¿Será que tendremos que acostumbrarnos a las falsedades, a las inequidades, a las actitudes irracionales de los que creen que la fuerza vale más que la razón? ¿Tendremos que acostumbrarnos a que la cantidad es mejor que la calidad? ¿Tendremos que visitar los museos donde se exhiba la ética y la moral como ejemplos del pasado?
Es hora de que se reconozca que ciertas ideologías han fracasado ya sea por su contenido o su procedimiento. Hay organizaciones internacionales que son funcionales a posturas radicalizadas y separtistas. Es hora de que dejen de ocultarlas en contenidos aceptables porque seguirlos lleva a la aniquilación.
Arq. (j.) Ignacio David Weisz