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    La historia argentina

    En un conocido programa televisivo uruguayo, con motivo del fallecimiento del expresidente Carlos Menem, se evidenció una sorprendente ignorancia respecto del pasado de la República Argentina anterior a la presidencia del Dr. Raúl Alfonsín y de la feroz dictadura militar que precedió a esta. Se dijo, por ejemplo, que los presidentes de la Unión Cívica Radical nunca completaron su mandato constitucional. Esto es exacto respecto de Alfonsín y de Fernando de la Rúa, así como del Dr. Arturo Frondizi y Arturo Illia, un reconocido médico cordobés cuya correcta presidencia no llegó a su final, en razón del inesperado asalto al poder por parte del general Onganía.

    Pero nada se dijo de la primera presidencia del caudillo radical Hipólito Yrigoyen, quien llegó a la primera magistratura en 1916 tras haberse eliminado el sistemático fraude electoral por una ley propiciada por su ilustre antecesor en el cargo, el Dr. Roque Sáenz Peña. Electo por una mayoría abrumadora, gobernó el “peludo” Yrigoyen –—como le decían— hasta 1922. Su sucesor, el Dr. Marcelo de Alvear, a la sazón embajador en Francia, no participó pues en la campaña electoral y también superó por amplia margen a sus oponentes. Y gobernó hasta 1928. Era la época de oro de la Argentina, por lo cual no puede extrañar que al ser electo presidente fuera agasajado en Inglaterra, Francia e Italia.

    Para retribuir dichas atenciones, en 1925 Alvear invitó a su país al príncipe de Gales y al de Saboya. Su visita motivó una serie de gastos, que sumaron quinientos mil pesos de aquella época y que no estaban previstos presupuestalmente. Una vez finalizada la visita de ambos príncipes, su ministro de Hacienda, el Dr. Ortiz, le planteó la necesidad de imputar dicha suma a algún rubro presupuestal. No se preocupe, contestó don Marcelo, lo resolveremos la próxima semana. Transcurrida esta y cuando el ministro volvió a hablar del problema, la respuesta de Alvear fue sacar de uno de sus bolsillos los quinientos mil pesos, a lo que agregó, “estos gastos fueron para agasajar a mi persona, por lo que soy yo y no es el erario público quien debe enfrentarlos”.

    En 1928 volvió a la presidencia Hipólito Yrigoyen, quien el 6 de setiembre de 1930 fue depuesto por un golpe militar del General Uriburu a quien, entre otros uniformados, acompañó el entonces capitán Juan Domingo Perón. Fue el comienzo de la llamada “década infame”, en la que hubo comicios fraudulentos en 1932 ganados por el general Justo y en 1938 donde triunfó el Dr. Ortiz, quien falleció en el ejercicio de su cargo. Y luego, tras efímeros pasajes de otros militares por la presidencia, el Coronel Perón le ganó al radicalismo las elecciones de 1946, sin fraude.

    El ascenso de Perón al poder, fue facilitado por su carismática esposa, la joven Eva Duarte —Evita— quien falleció de cáncer cinco años más tarde, en su segunda presidencia. Ya viudo y a partir de 1952, Perón cayó en la corrupción y en ataques injustificados a la prensa opositora y a la Iglesia Católica. El populismo de raíces fascistas de Perón concluyó en 1955, cuando lo derrocaron las Fuerzas Armadas en forma explicable pero no justificable. Perón marchó entonces al exilio, primero en Paraguay y luego en España. El resto de la historia es ya conocida y para no extender demasiado esta carta, omito mencionarla.

    Gonzalo Aguirre Ramírez