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    La izquierda y el odio

    Sr. Director:

    ¿Por qué tanto odio?

    Para la izquierda todo está mal; o lo que no está mal es insuficiente y, si no es insuficiente, es tardío. Cuando el FA se reúne, como lo hizo, para definir un plan político, lo único que se le ocurre es “construir un grupo de seguimiento de incumplimientos” (del gobierno). De ayudar o aportar, ni hablemos.

    Pareció por un instante que el Sr. Fernando Pereira sería otra cosa (incluso lo anunció), algo más positivo. Pero le duró poco. El ambiente se lo tragó.

    Suele haber tentaciones en la oposición a caricaturizar y aún a cargar las tintas, de vez en cuando. Pero no siempre, no todo el tiempo. La experiencia en otros países es que cuando todos los partidos han pasado por el gobierno y experimentado sus dificultades, se genera una mayor comprensión, o al menos moderación, y no se cae tan fácilmente en estar contra todo, aun de los cosas más obvias y necesarias y aun cuando los efectos de esas tácticas destructivas le puedan pegar al propio opositor (como es el caso de la reforma de la seguridad social, que, si no sale ahora, el que venga la quedará).

    Acá no ocurre eso. El FA estuvo 15 años en el gobierno (donde no le fue del todo bien) y no parece haber sacado de ello una experiencia de sabiduría y comprensión, sino todo lo contrario.

    Cabe preguntarse: ¿por qué?

    No vivimos una realidad de opresión, de despotismo, de persecución política a la oposición. Tampoco, más allá del discurso PIT-FA, el gobierno dio vuelta al país patas para arriba. Cierto que tiene ideas y estilos diferentes al FA, de eso se trata en las democracias, pero no puede decirse, con veracidad, que haya transformado radicalmente al país (probablemente a disgusto suyo).

    Ahí están los Consejos de Salarios (que yo habría modificado), el PIT sigue meta paros y huelgas, han habido ampliaciones de los seguros de paros y de varios planes de asistencia, el Mides sigue ahí, pletórico de funcionarios nombrados por la izquierda (el PCU, para ser más preciso), los sindicatos de la enseñanza continúan trancando de lo lindo, la estructura tributaria es sustancialmente la misma… ¿Qué cambio de fondo puede justificar el manifiesto odio de la izquierda que le impide convivir democráticamente aún en lugares como el Senado?

    Nótese que quienes manifiestan ese odio no son los que más sufren por problemas económicos o sociales. El odio político que insufle el Frente no nace del dolor. Ni propio ni ajeno.

    No. Nace de otras fuentes.

    Nace, en primer lugar, de haber perdido el poder. Eso los tiene atragantados. No lo pueden superar. Y harán cualquier cosa (o casi) por recuperarlo, aunque sea a costas de perjudicar al país.

    Pero hay otra fuente que nutre ese odio del FA. Una más profunda, que no es coyuntural, que no se agotará aun si recuperan el poder.

    Es el enojo que nace del fracaso. Se acabó la utopía. Los años de gobierno le demostraron a la dirigencia frentista que su discurso choca con la realidad. No lo dicen (Mujica a veces sí), pero cuando les tocó gobernar tuvieron que hacerlo sometiéndose a la realidad. Tuvieron que hacer un gobierno capitalista, conviviendo con una economía de mercado. No solo metieron a Marx, Engels, Lenin, Stalin y compañía en el baúl de los trastos viejos, sino que el cacareo por Cuba, Chávez, Nicaragua y demás no pasó de eso, de cacareo y los pocos intentos de hacer algo concreto, se limitaron a fracasos puntuales, como los maravillosos negocios con Venezuela o las famosas velas al socialismo (velas de velorio).

    En la práctica tuvieron que gobernar dentro de los más ortodoxos parámetros capitalistas. Fotos de Vázquez y Astori en la puerta del FMI, intento de TLC con el imperio, asadito con Bush en Anchorena, bajada de los lienzos con UPM, récord de extranjerización de la tierra…

    La izquierda vive con un gran tumor interno: su discurso, pletórico de modelos y voluntarismos, es inaplicable. Tienen que vivir en una mentira y eso debe ser muy duro. Les amarga la sangre.

    Para movilizar a la gente, no les queda otra que el odio y el ataque. Porque lo que soñaron se probó irreal. No tienen nada constructivo para proponer.

    El odio siempre es estéril y señal de esterilidad.

    Por otra parte, una democracia no resiste el ataque permanente, la erosión constante. La experiencia demuestra que la gente termina por menospreciar a todos los actores políticos y, atrás de ellos, al sistema democrático.

    Ya nos pasó.

    Ignacio De Posadas

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