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    La “ley trans” (II)

    Sr. Director:

    Se aprobó en el Senado de la República la ley integral para personas transgénero. Se debatió sobre si esta ley es necesaria o si los derechos que aparentemente se consagran en ella ya están en la Constitución y convenios internacionales ratificados por nuestro país y, por lo tanto, no sería necesaria una ley específica sobre el tema. Por otra parte, se dio la discusión sobre la discriminación positiva que privilegiaría a este colectivo en desmedro de la población en general, etc.

    Sin embargo, en esta carta quiero discutir un aspecto de fondo sobre el tema: ¿la persona transgénero es normal? O sea ¿la percepción de no pertenecer al género que indica su sexo biológico se da en una persona con sus facultades psíquicas intactas o existe alguna prueba de alteraciones psíquicas o neurobiológicas que apoyen un terreno patológico?

    Hay múltiples estudios sobre el tema y no es este el lugar para hacer una revisión exhaustiva de los mismos, de manera que me basaré en los últimos hallazgos científicos. Me referiré en primer lugar a estudios epidemiológicos que exploran las comorbilidades psiquiátricas que se encuentran en el grupo más vulnerable de esta población: los adolescentes. En un estudio que se publicó en la prestigiosa revista Pediatrics de este mes de octubre, el Dr. Russel Toomey y colaboradores tomaron datos de 120.617 adolescentes de entre 11 y 19 años de la Profiles of Student Life: Attitudes and Behaviors Surrey, que se lleva a cabo en toda la nación norteamericana.

    De esta muestra poblacional enorme, aun para un país como los EE.UU., el 14% de los adolescentes de esa población general comunicaron por lo menos un intento de suicidio previo. Pero cuando se identificaron los transgénero se vio que la tasa de intento de suicidio llegó hasta el 51%. O sea, casi el cuádruple que la población general. Este dato habla por sí solo de la inestabilidad psíquica de esta población y la alta mortalidad por suicidio que se puede llegar a verificar entre los miembros de este grupo.

    Otras comorbilidades psiquiátricas en la población trans son también más altas que en la población general. Por ejemplo, los adolescentes trans sufren de 4 a 6 veces más depresión y 3 a 4 veces más autoagresión/ideación suicida que la población de adolescentes CIS-género (género coincide con sexo biológico). Otras estudios también muestran una sobrerrepresentación en la población trans de trastornos de la alimentación. Pero además, y esto es muy preocupante, se ha descripto en adolescentes derivados a centros especializados en los EE.UU. una sobrerrepresentación de la prevalencia de Trastornos del Espectro Autista (TEA), que alcanzan más del 20%. Esto excede ampliamente los guarismos de 0,6 a 0,7% de TEA que se verifican en la población general. Por último, otros estudios muestran que aproximadamente la mitad de los adolescentes referidos a los centros especializados de identidad de género en Europa y Norteamérica se presentan con cuadros psicopatológicos. Y, por si esto fuera poco, en algunos países como Finlandia y Canadá esta prevalencia sube al 75%.

    De manera que, cuando los defensores de la ley trans en Uruguay argumentan que la expectativa de vida de esta población es del entorno de 35 a 55 años, datos que no he podido verificar, es muy probable que un porcentaje importante de estas muertes tempranas se deban a autoeliminación y a la carga de enfermedad psiquiátrica que padecen. Por otra parte, no sabemos qué porcentaje de la población trans (que sufre disforia de género-sensación de malestar e insatisfacción con el sexo biológico) tiene algún grado de TEA. Y, si no sabemos que pueden sufrir este trastorno, no lo diagnosticamos y no lo tratamos. Todo el esfuerzo se pone en facilitar la transición del sexo biológico al género percibido (hormonización y/o cirugía de cambio de sexo).

    Por otra parte, debe quedar claro que no existe evidencia científica que demuestre en forma irrefutable que el cambio de sexo cura la disforia de género y, mucho menos, las otras comorbilidades psicopatológicas ya descritas. Lo que sí se puede concluir de los estudios que describen la terapia hormonal son los efectos adversos y complicaciones que acarrea. En los transfemeninos existe riesgo de trombosis venosa profunda, enfermedad tromboembólica, macroprolactinoma, cáncer de mama, enfermedad coronaria (infarto de miocardio), enfermedad cerebrovascular (stroke), litiasis biliar, hepertrigliceridemia, etc. Todas estas enfermedades son graves y algunas mortales.

    De manera que se necesita aún mucha investigación para echar luz a un tema tan complejo como la disforia de género que sufren las personas trans y su tratamiento. Es prácticamente la única área de la medicina en que se llevan a cabo intervenciones riesgosas para los pacientes y, en el caso de las quirúrgicas, además, irreversibles, sin tener confirmación científica de los resultados. El entusiasmo por el cambio de sexo basado en expresiones de deseo o creencias sin fundamento nos puede llevar a resultados catastróficos. Esta ley que se va a sancionar viene fogoneada por la ideología de género, que reclama ¨derechos¨ sin ningún sustento científico. Tenemos que separar los tantos, por el bien de las personas trans.

    Dr. Francisco E. Estévez Carrizo