• Cotizaciones
    lunes 16 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    La libertad en cuarentena

    Director Periodístico de Búsqueda

    N° 2067 - 16 al 22 de Abril de 2020

    Va a pasar. La pandemia de coronavirus permanecerá como un episodio traumático, de esos que se recuerdan por décadas, pero tarde o temprano formará parte del pasado. Y con ella quedarán por el camino los días de encierro y distancia, el bombardeo constante de información, alguna útil y otra contraproducente, y la sensación de estar viviendo en un mundo en guerra.

    Volverán a abrirse las fronteras, a volar los aviones, a acercarse las distancias y a brillar las capitales del mundo para los turistas. Llegarán otra vez las reuniones sociales, los recitales, los espectáculos deportivos y musicales, y lentamente, con el paso de los meses, todos lograremos volver a levantarnos en ese mundo que era nuestro mundo y que hoy parece tan lejano.

    Pero hay otros aspectos que permanecerán como las cicatrices en el cuerpo luego de un gran accidente o una intervención quirúrgica profunda. No quiere decir que no existieran, pero con este sacudón mundial virósico que dejará centenas de miles de muertos adquirirán un protagonismo que antes no tenían.

    El ejemplo más claro son los sistemas de vigilancia y seguimiento de las personas. La infraestructura sobre la que trabajan ya estaba instalada, pero ahora se hizo mucho más abarcativa y casi invencible. Es difícil que eso vuelva atrás, es demasiado poderoso como para que alguien lo deje perecer, y puede traer como consecuencia directa una pérdida importante de la libertad.

    Así lo pronostican algunos intelectuales, de esos que suelen ir un poco más allá de la coyuntura. Como prueba, vale recurrir a dos citas de ámbitos muy distintos: una del mundo de la academia y otra perteneciente al boliche virtual de WhatsApp, tan popular en estos días.

    Dice el historiador israelí Yuval Harari, uno de los principales pensadores de los tiempos actuales, en un artículo referido al coronavirus: “En los últimos años se está librando una gran batalla en torno a nuestra intimidad. La crisis del coronavirus podría ser el punto de inflexión en ella”.

    Luego se refiere a los mecanismos de vigilancia actuales —“por primera vez en la historia humana, la tecnología hace posible vigilar a todo el mundo todo el tiempo”— e imagina la eventual imposición a la población de “una pulsera biométrica para vigilar la temperatura corporal y el ritmo cardíaco las 24 horas del día”, aunque advierte que algo parecido ya se puede hacer con los teléfonos celulares.

    “Hasta la fecha, cuando tocábamos la pantalla del teléfono y clicábamos sobre un enlace, el gobierno quería saber sobre qué clicaba exactamente nuestro dedo. Sin embargo, con el coronavirus, el objeto de atención se desplaza. El gobierno quiere saber ahora la temperatura del dedo y la presión sanguínea bajo la piel”, sostiene el historiador israelí.

    Y realiza además una advertencia hacia el futuro: “Si no tomamos la decisión correcta, quizá nos encontremos renunciando a nuestras más preciadas libertades, convencidos de que esa es la única manera de salvaguardar nuestra salud”.

    Dice Carlos Rauschert, un amigo abogado, ahora más abocado a la filosofía, en un mensaje mucho más directo vía WahtsApp: “En cualquier momento te van a meter un microchip y te van a vigilar hasta lo que comés, dónde estás, con quién te acostás, con quién hablás, toda tu libertad va a ser algo abstracto, controlado no se sabe bien por quién ni desde qué lugar. La concepción actual de la vida no existirá más, va a ser todo digitado”.

    A los dos les asiste razón. Con distintos lenguajes en función de sus lectores o auditorios, los dos dan en el clavo con respecto a la nube más negra que muestra el horizonte en tiempos de coronavirus. Es la libertad la que está en juego, la que entró en la peor cuarentena, una que es probable que perdure mucho más que las demás. Ya estaba comprometida por algunos avances tecnológicos, como muy bien explica Harari, pero ahora se le sumaron como enemigos la paranoia y el miedo, una combinación perfecta para terminar de debilitarla.

    Casi todos, en tiempos de redes sociales y comunicación excesiva, exhibimos nuestra intimidad varias veces al día sin siquiera reparar en lo que estamos haciendo. Abrir una cuenta, entrar a una página web, exponerse a una cámara, abusar del uso del smartphone, cada vez son más las acciones que emprendemos en forma inocente y que dejan una cantidad de huellas.

    Ahora toda esa información adquiere más importancia y muchísimo más control. No es que antes no lo tuviera, pero con el justificado argumento de la salud, crecen y seguirán creciendo las estructuras montadas en todas partes para aumentar el seguimiento a las personas y tratar de interferir y cambiar algunos de sus hábitos. Esto es incontrolable y ocurrirá a escala mundial. La paranoia generalizada provocada por el coronavirus u otros enemigos invisibles similares favorece el desplome de la libertad casi sin cuestionamientos.

    Dicen que en Uruguay todo llega tarde pero no creo que este problema arribe con retraso. Por el contrario, es un país que puede sufrir incluso más que otros. Porque la libertad no es de sus principales prioridades, por más que parezca lo contrario.

    Lo que encanta a casi todos los uruguayos es señalar con el dedo a los demás y responsabilizarlos de sus propios problemas. Unos pocos asumen lo que les toca y deciden actuar libremente. Los otros prefieren asumir el rol de censores y jueces de lo ajeno, como queda en evidencia con la cuarentena voluntaria. Y el terreno que dejará la pandemia será muy fértil para que esto crezca. Reinarán la desconfianza hacia el prójimo y el miedo, y todo eso contribuirá a más limitaciones y ataques a la libertad individual.

    Mientras, se seguirá discutiendo si la culpa la tiene la derecha o la izquierda, el gobierno anterior o el actual, los organismos internacionales de crédito o Venezuela, el comunismo o el capitalismo. El problema es que esas dicotomías ya son irrelevantes y ninguno de esos conceptos o actores son los que ocupan los nuevos centros de poder. Esos sí están trabajando en lo importante, mientras los demás, nosotros incluidos, seguimos distraídos con discusiones estériles y eternas. Hasta que ellos nos dejen.

    // Leer el objeto desde localStorage