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    La mayoría de los “emprendimientos productivos” que reciben apoyo del Ministerio de Desarrollo no cancelaron sus deudas

    El gobierno quiere mejorar el programa para que los beneficiarios tengan capacidad de gestión

    Apoyar emprendimientos propios de las personas más pobres es una de las principales ideas que impulsa el Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Y si bien las autoridades evalúan de manera positiva los centenares de emprendimientos respaldados con capacitación y dinero, entienden que es tiempo de generar nuevas acciones para que crezcan en producción y dejen de ser actividades basadas solo en estrategias de “supervivencia”.

    Un trabajo realizado por un equipo de la Dirección Nacional de Evaluación y Monitoreo del Mides constató algunos problemas en el funcionamiento de estas actividades, como por ejemplo que menos de la mitad de los proyectos que recibieron dinero del organismo cancelaron la deuda contraída.

    Juan Pablo Labat, director de Evaluación y Monitoreo del Mides, entiende que “hay que mejorar” el programa, apoyar más a las personas involucradas y crear “cadenas productivas”. Labat dijo a Búsqueda que se debe discutir si todas las personas que se presentan en los llamados pueden ser “emprendedores”.

    El jerarca planteó que más seguimiento puede implicar un mayor gasto —que supere lo invertido específicamente en cada emprendimiento—, lo que muchas veces no es bien recibido en la sociedad.

    Además de esto, y el apoyo con el sistema de microfinanzas del Banco República, Labat dijo que se debe trabajar en cómo la gente devuelve el dinero que se le presta.

    “Somos negociadores, pero hay que ver la forma de cómo nos pagan”, explicó el jerarca. Destacó que se trata de gente en situación vulnerable y por lo tanto una salida puede ser que en vez de una ejecución directa, las maquinarias y materiales que compren pasan a ser del Mides hasta que se cancele la deuda.

    Cultura emprendedora.

    El Programa de Fortalecimiento de Emprendimientos Productivos del Mides busca “promover y potenciar una cultura emprendedora, como estrategia de fortalecimiento de la generación de alternativas de trabajo en población con vulnerabilidad, fomentando la participación y la gestión local”, según la definición que da el Ministerio.

    Esa promoción se basa en un apoyo económico, el seguimiento y capacitación a los emprendedores. Los emprendimientos suelen ser pequeñas empresas de servicios de limpieza, artesanías o la elaboración de alimentos.

    A este programa pueden presentarse personas y grupos que estén en condición de vulnerabilidad socioeconómica. Estos emprendimientos pueden tener hasta un 30% de sus integrantes que superen la línea de pobreza. El nivel de ingresos de estas personas en particular podrá superar el umbral de la línea de pobreza en hasta un 30% de su valor.

    El fondo financia bienes de capital fijo (maquinarias, herramientas), mejoras de local, instalaciones o infraestructura productiva, animales, materia prima e insumos.

    A la vez se establece un porcentaje de subsidio al dinero prestado de acuerdo a la situación de vulnerabilidad de las personas que son parte del proyecto. Por lo tanto, la devolución del monto aprobado podrá tener un subsidio hasta del 50%. Ese subsidio puede trepar hasta el 70% en caso de que se trate de financiar inversión en infraestructura para la obtención de habilitaciones pertinentes al rubro.

    Según datos del Mides, se invirtieron en todos los proyectos casi U$S 370.000. En promedio, cada emprendimiento recibió unos U$S 1.000, de los cuales una parte estaba subsidiada.

    El jueves 11, durante el Congreso de Sociología realizado en la Facultad de Ciencias Sociales, un equipo del Mides (integrado por Martín Moreno, Virginia Rojo, María Victoria Fernández y Leonardo Cosse) presentó un censo sobre la situación del programa. De un total de 373 emprendimientos, se censaron 278 y a 392 emprendedores. Problemas para coordinar algunas entrevistas, no poder localizar a algunos beneficiarios o el hecho de que no estaban en funcionamiento, impidió cubrir a todos, aclararon los autores.

    Uno de los puntos analizados fue la devolución del dinero. El 37% de los que recibieron el préstamos cancelaron la deuda en su totalidad. El 3% pagó más del 80% de lo prestado. El 10%, en tanto, devolvió entre el 50% y el 80%; el 23% menos del 50%. Por último el 27%, que no pagó ninguna cuota.

    Según los datos del programas, casi 6 de cada 10 emprendimiento recibieron un subsidio de entre el 20% y el 40%. El 27% recibió un subsidio menor al 20%; luego para el 14% el subsidio fue entre el 40% y el 50%. En tanto, 7% recibió un subsidio mayor al 50% del monto.

    Poca organización.

    En cuanto a las características de los emprendimientos, el 95% son individuales o familiares y 2% se consideran asociativos.

    En la investigación se informa que “más de la mitad de los emprendimientos no llevan registros de entradas y salidas de dinero, como condiciones mínimas para una gestión ordenada del mismo, a pesar de haber pasado por instancias de capacitación y de incentivo de dichas prácticas”.

    “Luego, tan solo 5% de los emprendimientos aumentó la carga de horas dedicada a la administración del emprendimiento; y similar porcentaje con respecto al tiempo dedicado a la comercialización”, se dice en el texto. Agrega que esta situación “permite suponer que los emprendedores continúan identificándose más en su rol de productores y menos con el de gestores del emprendimiento; es decir más como trabajadores independientes que como empresarios”.

    Además, dos de cada tres actividades se desarrollan en el hogar de uno de los emprendedores y el 57% comercializa sus productos o servicios a pedido. “Ambos datos refuerzan la idea de que la dotación de capital de tales emprendimientos es muy exigua, y por lo tanto parece mejor comprenderlas (...) como empresas de trabajo”. La “comercialización” de los productos aparece como una de las principales dificultades para generar “volumen” de ventas, señalaron los censados.

    Estos emprendimientos “funcionan con un bajo nivel de organización, a pequeña escala y con poca o ninguna división entre trabajo y capital en cuanto a factores de producción”, se sostiene en el informe.

    En cuanto a la visión que tienen los emprendedores, tres de cada cuatro afirmaron que tuvieron una “mejora general en el emprendimiento desde que ese obtuvo el apoyo del programa”. Hay 63%, además, que dice que vio incrementados los ingresos desde que recibió ese apoyo.

    En cuanto al nivel de inestabilidad, el informe indica que 73% de los censados declara que su actividad es zafral. Además, 42% de los emprendedores realizan alguna actividad generadora de ingresos complementarios.

    El equipo del Mides concluye que es “necesario profundizar sobre el hecho de que, en las condiciones en que la mayoría de ellos funcionan, no son empresas capitalistas sino empresas de trabajo: es decir, el factor primordial que opera en su funcionamiento, y que los emprendedores ponen en juego es el trabajo”.

    Entienden que se “hace necesario un cambio en los medios tecnológicos con los que opera, además de capacitación y una mejora en la gestión”. Como en estos casos no se generan excedentes, deben recurrir a créditos, lo que no parece sencillo dadas las condiciones de vulnerabilidad.

    Como recomendación, el equipo de trabajo plantea que se debe apoyar la construcción de redes y contactos con la demanda de productos o servicios de los emprendimientos. Por eso el Mides comenzó a realizar acciones para acercarse a “actores privados”, como “potenciales socios dentro de iniciativas que fomentan la inclusión en cadenas productivas”.

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