Nº 2099 - 26 de Noviembre al 2 de Diciembre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAunque formalmente aún el presidente Donald Trump no ha reconocido la victoria de Joe Biden en las elecciones del martes 3, esta semana comenzó en los hechos la transición de gobierno en los Estados Unidos (EE.UU.) cuando la directora de la General Services Administration reconoció al demócrata como probable ganador. Eso habilitó el acceso a toda la información de la administración al equipo del presidente electo, incluyendo los reportes de inteligencia y otros clasificados.
Junto con este reconocimiento, se sucedieron algunos anuncios de quienes integrarán el futuro gabinete, y dentro de estos resulta trascendente el nombramiento de Janet Yellen como secretaria del Tesoro, la primera mujer en la historia en el cargo. Yellen presidió la Reserva Federal (Fed, por su sigla en inlgés) hasta que Trump la sustituyó por Jerome Powell. Su designación fue muy bien recibida por los mercados financieros y en general por varios motivos. En primer lugar, por la amplia solvencia técnica y experiencia que Yellen acumuló durante las casi dos décadas que pasó en la Fed, enfrentando entre otras cosas las consecuencias de la gran crisis financiera del 2008. Segundo, porque es conocida por sus posturas fuertemente expansivas en el plano de política monetaria —una “paloma”—, partidaria de bajas tasas de interés y de inyectar abundante liquidez, así como de apelar a un muy fuerte estímulo fiscal, como recalcara en varias presentaciones en las últimas semanas. Con Yellen es mucho más probable que se pueda aplicar un nuevo y significativo estímulo fiscal no bien asuma el gobierno de Biden, sobre todo si en las elecciones del próximo 5 de enero en el estado de Georgia los demócratas logran capturar los dos lugares en disputa para el Senado (lo que les daría la mayoría en ambas cámaras del Congreso).
En tercer lugar, la designación de Yellen aumenta las chances de que haya una mayor coordinación entre el Tesoro y la Fed, tanto por la experiencia anterior de Yellen en la Reserva Federal como por el sesgo mucho más expansivo que el banco central estadounidense ha adoptado en la última revisión de su estrategia de política monetaria en setiembre. Para varios analistas, la designación de Yellen es una especie de “luz verde” para ir a un mucho mayor estímulo fiscal y mayores déficit que a su vez requerirán de una mayor participación de la Fed en el financiamiento de los mismos, llevando a una “cuasimonetización” de una parte significativa de la deuda pública que se emita, al estilo de lo que sugieren los partidarios de la llamada Modern Monetary Theory. La coordinación entre el Tesoro y la Fed en ese contexto se vuelve crucial, y apunta a solidificar la creencia en que estaremos en un contexto de lower forever en materia de tasas, o sea, tasas cero o incluso negativas para siempre, junto con un estímulo fiscal permanente (o al menos por los próximos cuatro años de la administración Biden).
En momentos en que la segunda ola de Covid-19 ha llevado nuevamente a restricciones a la movilidad en varios países y regiones (especialmente en Europa) que han comenzado a afectar negativamente la actividad económica, la posibilidad de un estímulo fiscal y monetario mayor y durante más tiempo es una buena noticia en el corto plazo para la economía mundial, y también para la región y nuestro país en particular.
En el plano financiero, aquellos países con acceso a los mercados internacionales de capital seguirán disfrutando de crédito abundante y muy barato. Un índice de condiciones financieras para EE.UU. elaborado por la firma Goldman Sachs se encuentra en la actualidad en los niveles más expansivos de la historia. Quienes realicen reformas estructurales en sus economías y consigan por esa vía reducir las primas de “riesgo país” se verán doblemente favorecidos por el contexto financiero internacional previsible al menos por los próximos dos o tres años. Los flujos de inversión extranjera directa hacia los mercados emergentes también deberían incrementarse ante los magros rendimientos que ofrecerán en los próximos años los países desarrollados.
A su vez, muy probablemente el dólar debería continuar depreciándose (de hecho, esta semana tocó los niveles más bajos en dos años y medio según el índice de Bloomberg), y ello también sería beneficioso para los países emergentes, ya que impulsaría al alza los precios de las materias primas que en su casi totalidad cotizan en la moneda estadounidense, como de hecho se ha venido observando en las últimas semanas. En el mismo sentido, el sostenimiento del nivel de actividad en el mundo desarrollado con base en el estímulo fiscal y monetario, junto con la reaceleración del crecimiento en China el año que viene, debería ayudar a sostener y mejorar los precios de las materias primas.