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Según la Real Academia Española, el género es el “grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo”. Pero la definición no termina ahí y añade una aclaración: “entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico”. Un concepto que en las últimas décadas ha ganado popularidad, aunque a veces se tiende a confundir con el de sexo, que es la condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas.
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Impulsado principalmente por la militancia de organizaciones sociales feministas, el concepto de género se ha incluido en las políticas públicas, en el trabajo, en la educación y en muchos otros ámbitos como, por ejemplo, la salud. Este último fue el objeto de análisis de la tesis de la Maestría en Género y Políticas de Igualdad de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales que realizó la directora de la División Salud de la Intendencia de Montevideo (IM), Virginia Cardozo. La jerarca analizó la incorporación de la perspectiva de género en el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) en Uruguay y reflexionó sobre los desafíos pendientes en la materia. Su período de análisis fue de 2005 a 2020, años en los que gobernó el Frente Amplio (FA).
La Revista Médica del Uruguay publicó un breve resumen de la tesis de Cardozo, que releva varios documentos vinculados producidos entre 2005 y 2020. En total, la palabra género aparece 76 veces, la palabra hombre 140, la palabra varón/varones 33 y la palabra mujer 446 veces. Además, las personas entrevistadas —muchas de ellas exjerarcas del Ministerio de Salud Pública (MSP)— utilizan la palabra género como sinónimo de mujeres, e intercambian una por otra de forma constante. Esto puede explicar, según la autora, la predominancia de la subcategoría mujer dentro de género. “La mayor frecuencia con la que aparece la palabra mujer puede comprenderse desde una mirada androcéntrica que, al considerar lo masculino como pauta de la normalidad o de sujeto universal, la mujer, por ser lo otro, la excepción a esta norma, debe nombrarse explícitamente para estar presente en el discurso”, agrega.
A nivel político, se trata de “subrayar la seriedad académica de la intervención al utilizar el término ‘género’ y no ‘mujer’”, reflexiona la directora de Salud de la IM. Añade que “al utilizar de esta forma el concepto se ajusta a una terminología científica de las ciencias sociales, alejándose de la política del feminismo. Esta acepción del género no se refiere necesariamente a las relaciones desiguales de poder, evitando caer en planteos que parecen amenazantes”.
El trabajo analizó, entre varios ítems, las políticas de salud sexual y reproductiva. Cardozo comentó a Búsqueda que allí aparecen “casi de forma exclusiva” las conceptualizaciones de género, “y prácticamente desaparecen” en lo que refiere a “otros aspectos de la salud”. “Uno de los peligros teóricos que encuentro es asociar salud y género como sinónimo de salud sexual y reproductiva”, advirtió, y añadió que “el género tiene que transversalizar todas las acciones en salud”.
“Políticas hacia la mujer”
En su tesis, Cardozo reconoció varios avances en la implementación de políticas “sensibles al género”. Las relaciones de poder se incorporaron, por ejemplo, en la negociación en torno al uso del preservativo. Durante el primer gobierno del FA se logró la subvención de los métodos anticonceptivos en todos los prestadores de salud. En el segundo período se dio un avance importante con la aprobación de la Ley de Ininterrupción Voluntaria del Embarazo.
La autora del trabajo contó que “muchos de quienes lideraron la cartera de Salud Pública” entre 2005 y 2020 identificaron “un cierto freno a la agenda de derechos y, en particular, a la de género, en el tercer período de gobierno” del FA. En ese período se diseñó la estrategia nacional para la prevención del embarazo no intencional en adolescentes, y empezó a cobrar fuerza el concepto de “transversalización” de la perspectiva de género. La apuesta era incorporar esa perspectiva en las metas prestacionales y los objetivos sanitarios nacionales del quinquenio. Pero, según Cardozo, este último fue un avance “más teórico”.
Resaltó que se concretaron también avances en el área de violencia de género y en salud sexual y reproductiva. Sin embargo, al analizar “el tipo de políticas” que se concretaron, la directora de Salud de la IM concluyó que se trata, en la mayoría de los casos, de “políticas hacia la mujer”. “No problematizamos las relaciones de poder a la hora de priorizar mi atención a la diabetes por encima de mi rol de cuidadora de los demás, por ejemplo”, advirtió la autora.
Un hito importante en lo que refiere a género durante los gobiernos del FA fue el cuestionamiento a la mujer solo como madre. Se revisó el modelo materno-infantil y se separó el Programa de Salud de la Mujer del Programa de Atención a la Niñez. Estos y todos los avances mencionados y recogidos en el trabajo, según la autora, se dieron más por la militancia de mujeres feministas y por el impulso de la sociedad civil que por “aspectos programáticos”.
En la institucionalización de la perspectiva de género, algunas políticas se tornaron “muy persona-dependientes”, opinó Cardozo. Agregó que no se logró una fuerte institucionalidad de género y que los avances se dieron “muy atados a personas y militancias concretas” dentro de la política de salud. Eso hace que los cambios sean “muy frágiles”.
“En la medida en que cambian las personas puede cambiar rápidamente el enfoque o retroceder. Creo que ese es otro debe del sistema de salud y que la ley de creación del SNIS no incorpora una institucionalidad de género en ningún momento”, reflexionó la directora.
La profundización en una agenda con perspectiva de género se ve hoy comprometida ante el surgimiento de “discursos pro-vida”, advirtió Cardozo. A su juicio, esto ya empezó a evidenciarse tras la llegada de la coalición liderada por el Partido Nacional al gobierno: no hubo un retroceso, pero sí un “freno”. Cardozo contó que su intención era incorporar el primer período de gobierno de la coalición en su análisis, pero consideró que, con la irrupción de la pandemia, era pronto para evaluar ciertos temas. Es que el centro de la política de salud estuvo enfocado en la atención al Covid-19.
Desde su cargo como directora de la División de Salud de la IM, Cardozo aseguró que impulsa varias líneas de trabajo que buscan transversalizar la perspectiva de género, que es el “gran debe”. Como ejemplos, mencionó que su división trabaja para asegurar la atención en salud integral y con dignidad a las personas que ejercen trabajo sexual y a la población trans. Además se agregaron cinco puntos para realizar el proceso de Interrupción Voluntaria del Embarazo a la red de la Administración de los Servicios de Salud del Estado.