El campeonato mundial de fútbol nos ha invadido, y así seguirá siendo por el próximo mes. Más allá de que todos queremos que gane Uruguay todos los partidos que pueda (ojalá que los siete que culminan con la copa) es indiscutible que estamos hasta acá del color del cielo y del corazón. Regalame un sol, pero aflojame un cacho…
Fortunato se sentó frente a la tele para mirar el informativo de cierre, y no tenía nada de sueño. Se rumoreaba que había varias noticias importantes, y no se las quería perder.
Arrancó el noticiero, y el informativista adelantó algunas de ellas.
—“Estimados telespectadores, hay varias noticias muy relevantes, a las que les daremos cobertura en el último tramo del informativo, ya que en instantes conectaremos con nuestros enviados a Brasil, que están en estos momentos en la concentración del equipo uruguayo. Se estima que en las próximas horas sería arrestado el empresario López Mena, y que el Frente Líber Seregni se alejaría del Frente Amplio si no se designa a Danilo Astori como compañero de fórmula del Dr. Tabaré Vázquez, y ha trascendido asimismo que el MPP analiza la posibilidad de que la senadora Lucía Topolanski presente renuncia a su cargo en la cámara alta, pero eso, como les dije, lo veremos al final. Ahora estamos en contacto con nuestros compañeros enviados a la Copa del Mundo, adelante desde Sete Lagoas, compañeros…”
Entra entonces un reportero desde una presumible sala de prensa en algún lugar del Brasil.
—“Así es, gracias, compañeros, aquí estamos en la concentración celeste, donde hemos tenido una jornada de altísimo interés para nuestra teleaudiencia, por lo que procedemos a informarles que el maestro Tabárez dispuso que los integrantes de nuestra selección se despertaran a las 7.30, cosa que así ocurrió, salvo en un par de casos. Les informamos que Forlán es un poco remolón, y recién abandonó las sábanas a las 7.34, pero ello contrasta fuertemente con la actitud del Rusito Pérez, que ya a las 7.25 se estaba cepillando los dientes, adelantándose así a sus demás compañeros. Tras reunirse en la amplia sala destinada al desayuno, todo el plantel procedió a ingerir los mismos elementos alimenticios, a saber fetas de jamón cocido, fetas de queso magro, una taza de café con leche, como siempre el Faraón Godín pidió media taza más, y el severo pero siempre paternal maestro Tabárez se lo permitió, todos comieron una ensalada de frutas y luego se fueron levantando de a poco para reunirse en quince minutos en el lobby, de manera de dirigirse al campo de entrenamiento”.
Cuando Fortunato ya estaba por explotar de tanta información de interés que estaba recibiendo su cerebro, el informativista local procedió a interpelar a su colega viajero con una pregunta sensacional.
—“¿Has sabido detalles del aprovechamiento de esos quince minutos entre el fin del desayuno y la partida hacia el campo deportivo?” —inquirió el local.
—“¡Sí, por supuesto!” —replicó el notero asignado a la cobertura —“vos sabés que nosotros estamos permanentemente detrás de las noticias relevantes para nuestra teleaudiencia, te cuento, por ejemplo, que en ese lapso Luisito Suárez aprovechó para ir al baño, y podemos confirmar que efectivamente movió el intestino en forma normal, por lo que su rehabilitación es todo un éxito, Suárez ingresó al toilette a las 8.04 y salió del mismo a las 8.12 minutos, por lo que estimamos que su aparato digestivo anda tan bien como su rodilla izquierda, para alegría de toda la población del Uruguay…” —concluyó el periodista viajero.
Fortunato sintió un alivio cuando la tanda interrumpió aquella catarata de datos de interés nacional, pero poco le duró el alivio. El primer aviso promovía un yogurt celeste con grageas celestes y vitaminas celestes, que son ideales para que los niños uruguayos se sientan más cerca de sus ídolos, tras lo cual una señorita en magnífica forma física le hacía caídas de ojos a un galán con intenciones de lo más aviesas, informándole que “si querés hacer el amor conmigo durante la copa del mundo, que sea con preservativos Potenceleste, ¡para que el gol no te cueste, usá los Potenceleste!”.
La imaginación de los creativos uruguayos en estos días parece no tener otro color: bicicletas celestes, préstamos en cuotas celestes de 1950 pesos mensuales para volver a homenajear a los leones de Maracaná, cerveza celeste, refrescos celestes, y apartamentos de dos y tres dormitorios con la financiación celeste del banco tal. Cuando habían pasado más de quince minutos monocromáticos color cielo, tras los ravioles celestes de la fábrica de pastas “La Garra Charrúa” y el papel higiénico celeste de la papelera “Ilusión Mundialista”, volvieron las noticias.
Fortunato aguardaba con ilusión las informaciones nacionales que había mencionado al pasar el informativista, pero qué va.
—“Y ahora tomamos contacto con otro de nuestros enviados al Brasil, adelante compañero en las calles de Río de Janeiro, unas notas de color, ¿has encontrado uruguayos que estén en Brasil para alentar a la celeste?”
—“Claro, compañeros en central, aquí estamos con una pareja uruguaya que está de luna de miel, pero que por supuesto alienta la esperanza de que nuestra selección haga un digno papel en la copa del mundo, a ver, ¿qué expectativas tienen ustedes acerca de la participación uruguaya en este campeonato mundial?” —le pregunta el notero a una parejita de veinteañeros que caminaban por Copacabana.
—“¡Ay, yo me muero con Lugano, es un divino, y les re-deseo a todos que ganen contra Alemania, o no sé bien, pero que ganen, que está de más que ganen y eso, ¿no?” —dijo la joven, mientras su pareja agregaba —“No, gorda, jugamos contra Costa Rica, pero tá, todos deseamos que ganen, ¿noverdá? Y yo también, lo mío no es muy original, ¿no? pero tá, que ganen y tá” —concluyó el entrevistado.
Cuando arrancaba otra entrevista “de color” a unos gordos uruguayos que estaban bajándose unas birras en un boliche y mirando garotas, Fortunato se levantó y se fue a dormir a su cama. Ni bien llega al dormitorio, su esposa le habla.
—“Mirá, Fortu, compré un juego nuevo de sábanas, las vamos a estrenar esta noche”.
—“¡Son celestes!” —replicó Fortunato, con desesperación –“¡me voy a dormir al sillón!” –agregó, sin que su mujer lograra entender tan extraña reacción.