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    La salud mental

    Sr. Director:

    Tres enunciados. Hace unos días el presidente de ASSE, Dr. Cipriani, declaró en Radio Universal algo que merece ser analizado: la salud mental, los RR.HH. y la institucionalidad involucrada en su abordaje, i.e. el futuro del Hospital Vilardebó y las antiguas Colonias de Alienados Dres. Bernardo Etchepare y Santín Carlos Rossi rebautizadas en 2017 como Centro de Rehabilitación Médico Ocupacional y Sicosocial (Ceremos). Como a los asentamientos, que los llamamos cantegriles.

    Casi en simultáneo surgió la propuesta de crear una comisión nacional de bioética —varias veces ya fue frustrada— y días después la de humanizar la salud.

    ¿Colonias de alienados o la sociedad alienada? Las colonias, junto a cárceles y cantegriles, configuran las ominosas “3 C” de Uruguay; vergüenzas con las que nos indignamos mensualmente, las postergamos hace añares y las naturalizamos hace décadas. Signo cabal de incapacidad, ignorancia o hipocresía.

    Antecedentes menores. Conocí las colonias a mediados de los 70 del siglo XX, cuando al cursar el posgrado de Neuropediatría la profesora María Antonieta Rebollo solicitó ir al Pabellón de Niños de las Colonias a ver si se cabía colaborar en algo. Lo detectado —en el pabellón de niños y el resto de las colonias— fue como contemplar “in vivo” uno de los círculos infernales de Dante. Resultado: se conformó un grupo con jóvenes de diferentes orientaciones (psiquiatría infantil, asistente social, psicología, psicoterapia). Se hizo el diagnóstico de los 43 niños y concluimos que ese ámbito institucional era una pésima solución. Final: en tres años se clausuró el Pabellón de Niños; fueron reinsertados en familias, propias o sustitutas, en la vecina ciudad de Santa Lucía y alrededores.

    Se tuvo el apoyo de la Cátedra de Neuropediatría, del Instituto Inter Americano del Niño y la Sociedad de Psiquiatría. Recuerdo la consigna que nos movía: “Rescatar la capacidad de indignarnos y dejar de transar con la mediocridad”.

    Pasaron más de 40 años. La sociedad sigue alienada con sus colonias.

    Declaraciones desde ASSE. Adjunto extracto de las declaraciones en Radio Universal: “Las colonias psiquiátricas tienen hoy 610 pacientes, muchos institucionalizados desde la niñez”, “hoy están bien atendidos”. “Si nos atenemos a la ley, ¿qué hacés con esas personas? ¿Te las llevo a tu casa o a la de otro? ¿Cómo se les atiende?”.

    “La ley (19.529) aprobada por unanimidad en 2017 no tuvo financiación”. “Hay que crear residencias asistidas, y eso requiere recursos que nos sobrepasan en el período”.

    Lo que desde ASSE se expresa es sin duda de buena fe, pero en cuanto a las acciones que propone resultan un calco fiel de lo que en las últimas administraciones todos los jerarcas de todos los partidos han hecho con el tema: eludir responsabilidades y postergar soluciones.

    El problema no son las personas en los cargos, es la cultura institucional sectorializada que nos impregna. Las chacras… Atomizamos todo, integramos y sistematizamos nada.

    Sin embargo, lo que sí llama la atención es que sea ASSE la que se explaye en el tema y no una jerarquía del MSP que es —en primera y última instancia— quien debe fijar las políticas sanitarias para que otros las apliquen; ASSE en el caso que nos ocupa.

    Pero el colmo es que se recurre al tema económico como la dificultad que inhibe hacer lo que todos sabemos que hay que hacer… y no lo hacemos.

    ¿La economía? El problema económico financiero de las colonias no es que falten recursos, ¡Es que se dilapidan! Lo expuse por escrito en un ensayo en 2019: Quo Vadis Uruguay. Transcribo 6 párrafos (pág. 64):

    “A inicios de la gestión del gobierno el MSP definió en 2015 —por escrito— 15 prioridades; una de ellas fue que las colonias serían cerradas al 2020. ¿Qué sucedió? La nada de Parménides.

    A fines del 2017 el Parlamento votó —por unanimidad— postergar el cierre para el 2025. ¿Cómo explicarlo? ¿En vez de los cinco años previstos requieren 10? ¿En función de qué? Si aducen razones, ¿podrán explicar el cronograma de acciones concretas conducentes al final deseado? ¿Qué se va a hacer en el 2018?, ¿Cómo se controlará? ¿Y en 2019, 2020, hasta 2025?

    Mientras no se asuma que el problema excede lo estrictamente sanitario y es social y de DD.HH. básicos no lo resolveremos: es del MSP + Mides + Jutep y la sociedad informada. Lo primero: que en marzo 2020 varios legisladores vayan, con los jerarcas del Mides, MSP, MTSS, INDDHH y Jutep a constatar la situación y analizar qué se va a hacer. Asumir responsabilidades y proponer un plan con cronograma; se puede lograr en dos o tres años.

    Pregunta: los ministros y legisladores, ¿conocen las colonias? Si fueron, ¿cómo explicar que el tema no figuró en los programas? Analicen: hoy, para 700 internados —a los cuales no se les brinda tratamiento curativo—, ¿cuántos funcionarios hay?, ¿cuántos faltan con y sin licencia?, ¿cuál el costo? Claro, ya sé, peras al olmo; no hay data estadística fiable. El Estado —ASSE— dispone para ello de ¡370 ha! y varios pabellones con miles de metros cuadrados que podrían tener otros destinos. ¿ASSE cuantificó el capital invertido en las colonias? Obvio que no.

    Con ese capital que los economistas analicen: costo, beneficio, calidad y ética. Y una de yapa. Santa Lucía: no tendría una pérdida neta de trabajo. Parte de la solución está ahí mismo, en casas o pequeños hogares. Y para el predio un destino que ni se imaginó.

    Resultados: 1) los pacientes vivirán mejor; salen de corrales e irán a hogares. Si tratamos dignamente a los internos seremos más dignos nosotros. 2) El uso del predio, pongan las neuronas a funcionar: campus universitario, parque industrial, hub I+D, parque temático. Venta. Todo, ¡salvo colonias de alienados, que son una vergüenza!”

    Lo previo fue escrito en 2019; hoy no se puede aducir la excusa de falta de recursos económicos. Hay una colosal desproporción entre el capital invertido, el costo de atender a esos 610 uruguayos y los resultados que se logran. No seamos hipócritas, las colonias son resabios de campos de concentración que destruyen la personalidad. En pleno siglo XXI.

    Colonias, bioética y humanización de la salud. Volvamos al inicio: la ética y la humanización están bien, pero basta de otear las estrellas mientras tropezamos una y otra vez por no mirar el entorno. ¿Buscar agujas en el pajar mientras las vigas del granero se nos caen? Vayamos a las cosas, uruguayos, a las cosas.

    Para pasar del dicho al hecho hay que ponerle pecho. El problema está servido. Con un poco de voluntad, una pizca de inteligencia bien distribuida y una cuota adecuada de coordinación interinstitucional (lo mandata la Ley 19.529, art. 11), el tema puede resolverse en este período. Con ello ganamos todos, en lo sanitario, lo social, lo laboral, lo cultural y lo económico. Cuestión de sentido común, cumplir con el deber y respetar y honrar la dignidad personal y nacional. Lo otro es seguir como hace décadas: dando vueltas a la noria sin posibilidad de avanzar.

    Por último, el tema requiere el concurso de personas bien intencionadas, con experiencia en el abordaje de desafíos sociales que se reiteran hace décadas y que, quizás, estén, en el momento, desocupados. No me refiero a nadie en particular. Pero si se le encuentra, bienvenido. Sería como la garantía que da el VAR al gol.

    Hora de releer a Victor Hugo y su Ceux qui vivent, ce sont ceux qui luttent. Un breve poema que resulta un imprescindible manifiesto para la acción política.

    Gonzalo Pou