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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn más de una carta a Búsqueda proferí mi convicción de que el escritor español Javier Marías es relevante novelista y crítico de las (malas) costumbres de este nuestro tiempo. Hoy quiero precisar algo más y enmarcar estas palabras previas en dolorosa contingencia cultural que ya ha sido publicitada, pero que merece que se diga algo más. Me parece que las palabras, Cuando los tontos mandan —título del último texto de Marías y del último artículo seleccionado en ese libro—, vienen como anillo al dedo para lo que procuro fundamentar en esta carta. La reciente asamblea general extraordinaria de la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA) ratificó la suspensión por seis meses del actor y autor teatral Franklin Rodríguez, exadherente frentista desengañado por “delito” de abandono de dicha ideología de izquierda y por haber dado un punto de vista rotundamente crítico —en el semanario Voces— sobre la realidad cultural uruguaya y especialmente sobre la institución teatral El Galpón. El mencionado reportaje incluía una crítica firme, apasionada, al buque insignia de esa institución, madre putativa de la categoría Socio Espectacular, que, a juicio de Rodríguez, iba en desmedro de la profesionalización del actor de teatro, faena cultural siempre mal remunerada, y que no hacía un ápice por reformar ese estado de cosas, sino que, por el contrario, ignoraba a los actores en aras de la omnipresente institución que se llevaba la parte del león del proyecto nombrado. Inmediatamente El Galpón, en reacción persecutoria, no le permitió continuar los ensayos a Rodríguez en la sede de su sala, declarándolo “persona no grata” y advirtiendo sibilinamente a los actores que compartieran en el futuro tareas escénicas con Rodríguez, advertencia (¿?) propia de policía secreta tipo KGB o Stasi. Es que flota sobre estos hechos un espíritu que arrastra efectos de menoscabo de libertad (espíritu nazi o estalinista, adjetivos propios de los dos totalitarismos del siglo XX), que bien les caben a los procedimientos de El Galpón y de SUA y a los fundamentos “progresistas” de ambas entidades afines, que no vacilaron en actuar hegemónica, corporativa, abusadoramente sobre uno de sus integrantes, en un rol de comisariato cultural del pensamiento único, que la inteligencia uruguaya se arroga con estilo infiltrativo, copador, “entrista”, leninista, en fin, desde hace decenios. En suma, Sr. Director, quiero decir, con Javier Marías, que “cuando se cede el lugar a los tontos, la vida inteligente se acobarda, se retira, se hace a un lado, al final queda arrasada”.
P.D.: Franklin Rodríguez renunció a la institución. Otro tanto hicieron Álvaro Ahunchain, Christian Font y quizá otros pocos que esta carta desconoce, pero creo que no deben sobrepasar los dedos de una mano.
Juan Carlos Capo