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    domingo 16 de junio de 2024

    La sequía en el centro de la escena

    Nº 2195 - 13 al 19 de Octubre de 2022

    Los que vivimos cerca de la producción atravesamos horas de creciente angustia. El ánimo en general pasa del optimismo a la frustración, con cada pronóstico que no trae las lluvias cada vez más necesarias.

    El que tengamos por tercer año consecutivo un año Niña es de por sí ligar poco. Todos tenemos el recuerdo de la primavera y el verano anterior, que no terminaron mal en lo productivo. Los cultivos de invierno llegaron razonablemente bien al final del ciclo y los de verano, si bien arrancaron mal, ligaron lluvias más que oportunas en cantidad y calidad para llegar a una producción récord de cultivos de verano. La memoria corta está muy empapada de esa realidad.

    Pero esta primavera es distinta. Llegamos a octubre con muy pocas lluvias en el corazón de la zona agrícola, con una sucesión interminable de heladas (con las más recientes con un riesgo de causar daños importantes) y con cultivos que distan de ser los mejores. Para colmo de males los precios no son los de hace unos meses, cuando se sembró. Hay zonas donde los cultivos están tan mal que los productores no van a esperar a que terminen de llenar el grano sino que los van a picar para forraje cuanto antes. Y acá empieza el rosario de las pérdidas: ese grano sembrado con costos muy altos no llega al final, rinde menos y se vende a un precio considerablemente menor. Además, los precios ganaderos que antes servían como forma de valorizar un grano también enfrentan su propia debacle y arrastran con ellos la capacidad de pagar por granos forrajeros. La sequía también empujará a los productores ganaderos a desprenderse de sus ganados antes de lo deseable porque no tienen con qué alimentarlos, y con ello se incrementa la caída de precios por un aumento temporal de la oferta.

    Cada semana que pasa se achica el margen de los cultivos para aguantar lo que se viene en términos de rendimiento y calidad de granos. No todo el país está en malas condiciones. Hacia el norte las cosas están mejor, al igual que hacia el este. Pero el corazón de la zona agrícola (Soriano y Colonia) la están pasando mal. Si la sequía sigue, el problema es que no solo los cultivos de invierno serán magros sino que se compromete la capacidad de sembrar cultivos de verano. Si bien hay tiempo para sembrar, conforme nos vamos adelantando en el calendario tenemos mayores temperaturas y demanda hídrica, por lo que las lluvias que caigan “rinden menos” en condiciones normales. La sequía que tenemos no se arregla con una lluvia.

    Las consecuencias de la sequía son muy serias. No solo por la pérdida de producción sino porque se trastoca toda la cadena de pagos del sector agrícola. En general las pérdidas se pagan con la producción que viene después (si me va mal en invierno, recupero con el verano), pero la naturaleza está ensañada con nosotros y sigue enviando eventos dañinos y que preocupan cada vez más al sector. El Estado tiene ciertos instrumentos a su disposición cuando decreta la emergencia agropecuaria, pero siempre terminan siendo pocos para el tamaño de la crisis que generan estos eventos del clima.

    Podemos discutir mucho sobre la resiliencia al cambio climático y cómo nos preparamos como país para enfrentar sus consecuencias, pero siempre las ideas llegan a destiempo de las crisis. Así, un año récord de siembra, que muestra la capacidad de respuesta de los agricultores uruguayos a las condiciones del mercado, se escapa como arena entre los dedos con una sequía que nos cobra un peaje cruel y contra el cual no tenemos mucha defensa. Es frustrante ver el enorme esfuerzo que hace el productor en invertir en la mejor semilla, aplicar todo lo que tiene que aplicar (fertilizantes, agroquímicos) y ver cómo semana a semana su esfuerzo se seca en el campo.

    Siempre tenemos la esperanza de que los pronósticos de una primavera y un inicio del verano se equivoquen esta vez y lleguen las tan necesarias lluvias. Si no es así, todo el Uruguay se va a enterar más temprano que tarde de que la fábrica de prosperidad pasa por dificultades.

    (*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado.