N° 1926 - 13 al 19 de Julio de 2017
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLuego de batallar durante meses con precios bajos, los agricultores uruguayos finalmente han tenido una oportunidad en las últimas dos semanas de vender su producción presente y futura a valores algo más decentes. Tras una cosecha histórica en soja por un rendimiento excepcional, el resultado comercial no ha sido el esperado. La soja salvadora que arreglaría las cuentas de las deudas de la agricultura sigue sin llegar, o al menos solo alcanzará a un porcentaje relativamente pequeño de agricultores.
Las siembras de invierno demostraron que el ajuste de la agricultura sigue siendo duro, en especial en aquellos cultivos que no ofrecen formas eficientes de manejar los precios. La colza y la cebada cervecera son los que se llevan los premios, mientras que el trigo queda rezagado en las preferencias. Años de precios poco atractivos y un contexto poco amigable del lado comercial lo llevaron a una superficie sembrada históricamente baja, pero que aún es más que suficiente junto a los stocks locales como para el abastecimiento interno. El alza de precios tanto de trigo en Chicago (de un 30%) como de la soja (un 20%) en poco más de un mes han permitido a muchos agricultores “fijar” en forma anticipada sus precios de venta (en el caso de la cebada) y por el saldo no vendido (en el caso de la soja). Suba bienvenida pero insuficiente.
El sector financiero está cada vez más quisquilloso al momento de otorgar créditos al sector agrícola. Y razones no le faltan, porque el nivel de endeudamiento y la morosidad han ido en aumento en el sector de forma sostenida. El alivio en los costos con la rebaja del gasoil es una ayuda modesta que no alcanza a resolver los problemas de fondo del sector, que sigue cada día más complicado y sin muchas soluciones de fondo para sus problemas de competitividad. El agricultor uruguayo va a hacer lo único que sabe, que es plantar, aunque las cuentas no cierren o simplemente sean muy justas.
El asunto es que nos vamos quedando sin margen para tener errores comerciales o aguantar un año complicado con el clima. Muchas empresas agrícolas siguen con números muy justos y a menos que el panorama de oferta y demanda global de granos cambie mucho en los próximos meses, vamos a tener que acostumbrarnos a una vida con fuertes vaivenes de precios, pero en promedio bajos para lo que nos hace rentables. Todo esto en un Uruguay caro y que sigue dándole la espalda al sector agrícola y no hace más que patear la pelota para adelante a la espera de que los tiempos mejoren. Nuevamente nos salvan los méritos de afuera más que los propios.
Estamos en un mercado enfocado en el clima, en especial en EE. UU. El mercado mira con mucha atención la evolución de los cultivos y los efectos del clima en la producción. La base de información de la que disponemos es asombrosa y uno tiene envidia ajena de la calidad y cantidad de datos disponible. En comparación con esa realidad, estamos en la Edad de Piedra y nos conformamos con unas pocas migajas para sacar algunas conclusiones. La información es poder y en Uruguay (que somos pocos) nos damos el lujo de no generarla. Y no es que sea caro de generar sino que no existe la voluntad de hacerlo quién sabe por qué motivo. No sabemos cuánto de la soja se ha vendido ni tampoco a qué precio. Ignoramos el rendimiento de la soja por departamento (no digamos a nivel de sección policial o de un productor individual). Tampoco sabemos la historia productiva de un agricultor. En un mundo donde la información permite saber y dirigir mejor los esfuerzos para una mejor estrategia de contención de riesgos, estamos perdiendo tiempo precioso a santo de nada y lo peor es que no hay una sola idea de para donde ir. Solo hay discursos vacíos de medidas concretas para llegar al núcleo duro de las cosas. Así está complicado crecer.
(*) El autor es ingeniero agrónomo (Dr.), asesor privado y profesor de Agronegocios en la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República y de la Universidad ORT