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La coincidencia de que en la misma semana leyera dos publicaciones —una de ellas en “Cartas al Director” de Búsqueda, titulada “El Mercosur y el Derecho”— en cierto modo en la misma sintonía, sobre la tesis de las “dos bibliotecas”, me impulsó a reproducir en esta carta la que leí en una publicación jurídica unos días antes.
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El Dr. Hugo de los Campos, en ocasión del comentario de una sentencia de reciente publicación en una revista de derecho, expresó:
“Ya hemos afirmado en anteriores columnas que el Derecho es una ciencia. Claro que no del tipo de las ciencias exactas —¿las habrá?— que se legitiman en el momento que la ocurrencia de un hecho empírico cae dentro de la hipótesis planteada, sino de las ciencias de la cultura cuya validación acontece cuando existe la coherencia de sus previsiones ideales y el conjunto de la normativa que las contienen. Y también afirmamos que en el 90% de los casos no existen “dos bibliotecas” sino que la supuestamente segunda está ocupada por doctrinas incongruentes con el contexto de las normas, o bien por los criterios expuestos sin la debida imparcialidad de espíritu, buscando objetivos que están a extramuros del Derecho”.
El doctor De los Campos continúa: “Hace muchísimos años, estando el profesor Horacio Cassinelli Muñoz buscando materiales dentro de la Biblioteca de la Facultad de Derecho, se acercó a mí que también me hallaba allí y me preguntó: ‘De los Campos, ¿podrías decirme dónde estamos?’. Yo por la gran amistad que nos unía sabía de su constante y fino humor solo expresado en círculos reducidos, y sin buscar ninguna significación extraña le respondí de inmediato: ‘En la Biblioteca’. ‘Contestaste bien”, me dijo. “Las otras cuyos volúmenes esta misma puede contener, refiere a las opiniones equivocadas, y a las interesadas aunque se aparten del Derecho. Hay muy pocas excepciones a ello”.
Y concordando también con el doctor Javier Barrios Anza —quien fuera el autor del otro artículo, que me incitó a enviar esta carta—, reproduzco sus dichos: “…proclamar que es general la existencia de las ‘dos bibliotecas’ es desconocer la realidad (...). Han difundido esa mentira y están logrando que cierta parte de la población mal informada pueda creerla, con el riesgo que se debilite el respeto por la Constitución, las leyes y demás normas jurídicas, creando peligro para los derechos humanos, porque es bien sabido que el orden jurídico es la única o por lo menos la mayor protección de los más débiles”.
Por respeto al Derecho, a la profesión de abogado, a los profesionales del Derecho y, sobre todo, por respeto a la gente, víctima inocente de semejante desconsideración, me pareció oportuno la transcripción de este artículo y, a su vez, adherirme al rechazo total de la tesis de las “dos bibliotecas”, que además de resultar de una gran mediocridad, resulta extremadamente peligrosa.