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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSr. Director: Me pregunto, ¿la garrafa la tiraron ellos o la tiramos nosotros?
Pensar que los violentos son algunas decenas o algunos cientos de personas, que el problema es que hay criminales camuflados, que es un lío por la venta de droga, que hay infiltrados que vinieron de Argentina, es una forma de mantenernos en nuestra zona de confort, un mecanismo de defensa que nos permite visualizar el problema en clave policial: “Hay un tercero, ajeno y distinto a mí que comete estas barbaridades. Con voluntad política y eficacia policial podemos terminar con ellos”
No conozco a la persona que tiró la garrafa, se dice que está identificada y que no tiene antecedentes penales. Estoy convencido de que es así. Lo más probable es que al otro día haya llevado sus hijos a la escuela y se haya ido a trabajar. Es muy probable que no sea uno de “ellos”, sino uno de “nosotros”.
Hace 30 años si en una tribuna de fútbol alguien robaba al vendedor de Coca-Cola, varios de “nosotros” lo agarrábamos y se lo entregábamos a la policía. No demoraba diez minutos.
Los chicos que el domingo se tomaron las Coca-Cola robadas son hijos, sobrinos o nietos de aquellos de “nosotros” que hubiésemos detenido al delincuente hace 30 años. No forzosamente los hijos, sobrinos o nietos del delincuente.
Gradualmente las conductas antisociales han dejado de ser excepcionales para transformarse en generales, no solo, ni principalmente en el fútbol.
Hace pocos días atrás la decisión de cerrar las puertas de un local bailable terminó con un joven muerto, otro preso, una casa saqueada, dos autos incendiados…Y todo porque no entraba más gente en el baile.
La prepotencia en el tránsito, el nulo valor de la vida no ya para un delincuente habitual (un exponente de “ellos”), que no duda en lastimar o matar sin necesidad, sino para uno de “nosotros” que al volante de un auto atropella a un ciclista y huye sin prestarle asistencia.
La violencia en los hogares (los de “ellos” y los de “nosotros”), la cantidad de docentes destituidos y procesados por relacionamiento inapropiado con sus alumnos. ¿Hay alguien a quien podamos considerar más parte de “nosotros” que un docente?
¿Hay alguien que pueda ser más representativo de “nosotros” que el propio vicepresidente de la República? ¿No es un signo de crisis absoluta de valores que el vicepresidente exponga su investidura al escarnio público insistiendo neciamente en reivindicar un título profesional que a todas luces no posee? ¿No es un signo de crisis de valores que su fuerza política no le haya indicado un proceder más digno de su investidura? ¿Qué proceder le hubiera exigido con su inmensa autoridad moral el Gral. Seregni?
Lo que nos pasa, lo que hemos perdido, que es mucho y muy valioso, no ha sido por culpa de ellos; hemos sido “nosotros” los que por omisión, por incapacidad o por pereza no hemos sabido enfrentar decididamente el progresivo deterioro de la convivencia, el avance del relativismo moral, la pérdida de la noción de responsabilidad individual, la resignación frente a la mediocridad, la banalización de la cultura, el festejar la estupidez o la ignorancia como signo de jovialidad.
No nos engañemos, no son “ellos”, somos “nosotros”, desnudos frente al espejo.
Carlos Álvarez
CI 1.711.730-9