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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl domingo pasado se sumó un nuevo incidente a la triste realidad de la sociedad uruguaya. Debido a un grupo de inadaptados y violentos, las autoridades pertinentes decidieron suspender el clásico antes de su inicio. En esta ocasión, un grupo de hinchas de Peñarol forzaron la suspensión.
Lo más triste del bochornoso incidente es que este tipo de conductas y episodios ya no sorprenden. Recordemos que la semana previa, la dirigencia mostró una incapacidad surrealista al no poder organizar el encuentro y garantizar la seguridad de los asistentes. Estamos hablando de un partido de fútbol. Qué podemos esperar de la salud, la educación o la seguridad.
Uno puede entender que personas de bajos recursos, sin educación moral o formal, actúen de esa manera. Después de todo, aprendieron a entender la realidad en términos de blanco y negro, de Nacional y Peñarol, donde no existe lugar para los matices y lo que no es del bando propio debe ser visto como enemigo.
Por eso, lo que realmente me preocupa fue la reacción de los hinchas en las redes sociales. Personas de buen nivel social, con educación terciaria completa, trabajadora, señalaban con el dedo hacia el otro lado de la tribuna. Al tratarse de pasiones demostraron que su intelecto se rebaja al nivel de los delincuentes que asaltaron la Amsterdam.
Simplificar el problema con argumentos del tipo “la hinchada de Nacional no armó lío”, “qué asco que sos, Peñarol”, o “lo de Santa Lucía fue mucho peor”, demuestra que la sociedad padece una falta de autocrítica y madurez sin precedentes. Y encima, si las personas con la educación necesaria para impulsar cambios positivos se dejan llevar por el fervor de las pasiones, sin detenerse un segundo a reflexionar sobre el problema de fondo antes de darle “publicar” en Facebook, claramente la situación es aún más negra de lo que parece.
Las autoridades deben asumir responsabilidad, actuar de inmediato y tomar medidas para resolver lo que les compete, aún si les genera costo político.
El resto de nosotros debe tomarse una pausa para entender si un deporte y un equipo realmente justifican rebajarse al nivel de un inadaptado social. Si es posible que una pasión, por más fuerte que sea, nos puede hacer olvidar nuestra formación y lugar de privilegio y responsabilidad en la sociedad.
Como diría Walter M. Miller Jr.: “Cuando al asesinato en masa se contesta con el asesinato en masa, (…) no sirve de mucho preguntar cuál hacha es la que está más ensangrentada.”
Joaquín Ramos
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