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Hace unos años, cuando Phil Woods estuvo en el Festival Internacional de Jazz de Punta del Este, dijo que Tom Harrell, quien fue trompetista de su quinteto a fines de los 80, era uno de los pocos genios de verdad que había conocido en toda su carrera. Y la carrera de Woods fue larga e intensa. Que Harrell es un genio, no caben dudas. No deja un segundo de pensar en términos musicales. Prácticamente saca un disco por año. Y es uno de los mejores compositores de jazz de la actualidad. Sus temas se encuadran en un posbop, pero con múltiples influencias que pueden ir desde la bossa nova y la música celta, hasta Debussy y Ravel. Su impronta estética es inmediata. Escuchás un solo tema, con esos giros imprevisibles y misteriosos, y decís: es de Tom Harrell.
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Comenzó a tocar la trompeta cuando tenía nueve años. Su carrera incluye el aprendizaje en las bandas de Woody Herman y Horace Silver, además de haber tocado con popes como Bill Evans, Lee Konitz y Joe Lovano, entre muchos otros. Paralelamente ha tenido que convivir con la esquizofrenia, que le ha costado varias internaciones y efectos secundarios debido a la constante medicación. En el escenario parece un muerto viviente: mirada al piso, rigidez corporal, ligeros temblores al tocar su instrumento. Los años y la enfermedad han ocasionado una merma en sus facultades técnicas: ya no puede soplar la trompeta y el fliscorno como antes. Pero a los 72 años sabe emplear sus posibilidades del mejor modo, precisamente porque es un genio.
Infinity (HighNote, 2019) es su nuevo trabajo. Diez temas, todos de su autoría. Lo acompañan Mark Turner en saxo tenor, Charles Altura en guitarra acústica y eléctrica, Ben Street en contrabajo y Jonathan Blake en batería, además de Adam Cruz en percusión en un corte. Predomina una impecable línea melódica (The Fast, Coronation, The Isle, por elegir tres composiciones) que invita a notables trabajos solistas del saxo, la guitarra y la batería. Harrell deposita su tono medido, aterciopelado, que apunta hacia lo singular y no hacia lo histriónico.
Pasa el tiempo, cambian los integrantes de su banda, opta por otros instrumentos y el resultado sigue siendo el mismo: un maravilloso disco de Tom Harrell.