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    miércoles 19 de junio de 2024

    Lacalle Pou y el manual de Tabaré

    Nº 2276 - 16 al 22 de Mayo de 2024

    Desde febrero de este año vengo diciendo que Carolina Cosse está siguiendo al pie de la letra el “manual” de Tabaré Vázquez: hacia la izquierda en la primaria (capítulo 1), para virar al centro en caso de ser electa candidata a la presidencia del Frente Amplio (capítulo 2). Pero ese manual tiene un tercer capítulo, todavía más interesante. Es el que refiere a cómo ejercer la presidencia. Ese capítulo, aunque parezca extraño, ayuda a entender a su sucesor, Luis Lacalle Pou. Antes de sumergirme en esta analogía es necesario hacer algunas salvedades. La primera es que haré referencia a la primera presidencia de Vázquez (2005-2010) y no a su segundo mandato (2015-2020). Su primer gobierno fue exitoso. El siguiente, no. La segunda salvedad es que poner énfasis en las coincidencias entre Vázquez y Lacalle Pou no significa perder de vista las grandes diferencias entre ambos líderes en diversas dimensiones: orígenes sociales, trayectorias vitales, carreras políticas, énfasis programáticos, valores y creencias fundamentales.

    Vázquez y Lacalle Pou fueron presidentes centristas. Vinieron de mundos ideológicos muy distintos (socialismo versus liberalismo). A la hora de gobernar, se apoyaron en bloques políticos opuestos: Vázquez en los trabajadores organizados, Lacalle Pou en las corporaciones empresariales. Los dos presidentes lideraron coaliciones de signo diferente: desde la izquierda al centro, el “partido de coalición” de Vázquez; desde el centro a la derecha, la coalición republicana de Lacalle Pou. Pero ellos dos, como presidentes, se instalaron en el centro. Vázquez lo hizo, por ejemplo, convirtiendo a Astori en su “primer ministro”. Lacalle Pou lo hizo jerarquizando el Mides, o como en su reciente discurso en la Fundación Libertad de Argentina, argumentando que hace falta un Estado fuerte para que todos puedan gozar de la libertad. Los colorados, un poco en broma, otro en poco en serio, dicen que se volvió batllista.

    Los dos, desde que asumieron la presidencia, lograron construir autoridad, es decir, hacerse respetar y obedecer. Lo hicieron demostrando que estaban dispuestos a premiar y castigar, es decir, distribuyendo cargos y haciendo rodar cabezas (al fin de cuentas, “es mejor ser temido que amado”, escribió hace algo más de medio milenio Nicolás Maquiavelo). Pero también construyeron su autoridad negociando con sus socios. En ese sentido, ninguno de los dos la tuvo fácil. Vázquez debió hacer equilibrio entre Danilo Astori y José Mujica. Lacalle Pou, por ejemplo, entre Pablo Mieres y Guido Manini Ríos. Los dos presidentes priorizaron la negociación interna a la construcción de acuerdos con la oposición. Vázquez pudo haber dicho, como Lorenzo Batlle, “gobernaré con mi partido”. Otro tanto podría haber dicho Lacalle Pou: “Gobernaré con mi coalición”. No faltará el líder colorado que diga que fue “batllista” hasta en eso, esto es, en lo que tuvo de jacobino.

    Los dos lograron mover el statu quo partiendo de principios y valores diferentes (la igualdad como “estrella polar”, en un caso; la libertad como columna vertebral, en el otro). Seguramente, sus respectivos gobiernos fueron menos rupturistas de lo que buena parte de sus propios votantes esperaban. No en vano surgió, en su momento, la demanda del “giro a la izquierda” que Mujica logró canalizar. No en vano surge hoy, simétricamente, la demanda de acelerar las reformas promercado (basta repasar el discurso de algunos de los principales precandidatos de los partidos de la coalición de gobierno). Pero ni la primera presidencia de Vázquez ni el gobierno de Lacalle Pou tuvieron agendas triviales y logros menores. Desde la primera presidencia de Vázquez en adelante, el peso del Estado creció. Durante el gobierno de Lacalle Pou, tal como podía preverse, el peso del Estado tendió a disminuir. En ambos casos, por mandato de las estructuras políticas y de la competencia electoral, los cambios fueron “a la uruguaya”, es decir, graduales.

    Ambos, Vázquez en su primera presidencia y Lacalle Pou en la que todavía está en curso, superaron las expectativas previas. A los dos, a priori, muchos le negaban el certificado de “estadistas”. Pocos esperaban que la alianza entre Vázquez y Astori se sostuviera en el tiempo. Eran demasiados los que temían que Lacalle Pou no tuviera la consistencia requerida para liderar un gobierno exitoso. Sin embargo, los niveles de aprobación de sus respectivas gestiones fueron muy altos. Vázquez, de todos modos, no logró que Astori, su mano derecha, fuera electo candidato a la presidencia. La irrupción de Mujica hizo fracasar el plan presidencial. En cambio, a juzgar por los datos de los sondeos de opinión pública, en ese sentido, Lacalle Pou parece destinado a tener más éxito.

    Los dos, Vázquez y Lacalle Pou, ganaron elecciones que pusieron el punto final a largos ciclos políticos de predominio de partidos políticos de signo opuesto. Con Vázquez como candidato, se terminó el ciclo de 20 años de gobiernos colorados y blancos. Con Lacalle Pou a la cabeza de una coalición de cinco partidos, llegó a su fin la “era progresista”. Esto conduce directamente a la principal interrogante de la campaña electoral. ¿Será reelecta la coalición? ¿Estaremos viviendo, apenas, el final del primer gobierno de una “era” política más extensa, similar a la del Frente Amplio, pero de signo ideológico contrario? Dado que Lacalle Pou saldrá prestigiado de la presidencia (hay quienes ya lo comparan con Wilson…), es muy probable que su propio partido intente que vuelva a ser candidato a la presidencia en 2029. El “manual” de Tabaré, dicho sea de paso, también sugiere que esto puede pasar…

    Pero la segunda presidencia de Vázquez no fue como la primera. Apenas cinco años después, ni el mundo ni Tabaré eran los mismos. La economía se frenó y el gobierno se quedó sin dinero para financiar su ambiciosa agenda de políticas sociales (el “sistema de cuidados” era el buque insignia). Los problemas se acumularon sin que el presidente atinara a dar respuesta a la mayoría de ellos. Esto conduce de manera directa a un tema de fondo que merece ser debatido a fondo: me refiero a la cuestión de la reelección. Deberíamos discutir si no será preferible modificar la regla vigente. En lo personal, creo que el sistema de una (y solo una reelección) consecutiva aplicado en los EE.UU. es mejor que el nuestro. Si un presidente demostró ser un buen jefe de gobierno, hay que darle la oportunidad de ser reelecto para aprovechar mejor la experiencia acumulada. Reelecto una vez. Una sola vez. Nuestro sistema, que al impedir la reelección inmediata pretende minimizar la influencia de una persona, en los hechos termina extendiéndola hasta 15 años. Ya pasó con Julio María Sanguinetti y con Tabaré Vázquez. Puede pasar también con Lacalle Pou.