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“Hay un reloj de tiempo detenido, con el péndulo roto. (...) Hay una fotografía que ya puede ser de cualquiera”, escribió Jorge Luis Borges en su poema Inventario. Justamente algunos versos de ese poema, dedicado a “las cosas del olvido”, acompañan una animación de la muestra Y todos los otros, de la artista Elián Stolarsky, que se exhibe en el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) hasta el domingo 10 de junio. Varias voces de hombres, niños y mujeres se superponen al leer a Borges, así como varias historias confluyen en cada pieza de Stolarsky.
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Es esta su primera muestra individual en el MNAV, todo un logro para una artista joven, que nació en Montevideo en 1990. Algunas de sus piezas las exhibe ahora por primera vez, pero son trabajos que comenzó hace unos años en su estadía en Bélgica, donde estudió una maestría internacional en instalación y grabado en la universidad pública de Ghent, ciudad pequeña de la zona flamenca. Antes, en 2013, Stolarsky había ganado el Premio Paul Cézanne que otorga la Embajada de Francia a artistas jóvenes.
Y todos los otros incluye grabados, dibujos en grafito, animación, telas cosidas a mano, una gigantografía. Las obras están ubicadas en una “sala-pasillo” del museo (Sala 4) con un espacio abierto en el centro que deja ver qué está pasando en el resto del museo y a la vez tener una perspectiva de toda la exposición. En ese espacio, se destaca el montaje y la curaduría de María Eugenia Grau que permite seguir un recorrido lineal y también de conjunto.
En una línea luminosa se suceden pequeños cuadros de acrílicos tallados. Los primeros muestran a una pareja de abuelos que juegan al aire libre con sus nietos. Esa situación se va perdiendo a medida que se avanza por la línea hasta que los protagonistas quedan difusos, desaparecen o solo se ve una parte de su cuerpo. “La idea fue desmenuzar ese instante tan común, que tomé de un video previo a la II Guerra Mundial. En cada fotograma se reitera la idea del instante y de lo ínfimo que se vuelve en el presente.Por otro lado, quise también eternizar ese instante en el video que aparece en loop, volverlo infinito”, explicó Stolarsky a Búsqueda.
Para la artista hay dos formas de transitar esta parte de la muestra que se apoya en la animación. “Una es física: cada visitante dispone del tiempo en que ve las imágenes. En la otra, yo decidí disponer del tiempo como artista”. Esta segunda opción aparece en bases blancas donde se pueden ver las imágenes en loop y escuchar el audio con el poema de Borges.
“El pasado es un país extraño”, dice una cita del geógrafo e historiador norteamericano David Lowerthal que aparece en una de las paredes. Y de paisajes y de la memoria como único testigo de los hechos históricos hablan estas obras. “Es volver siempre a una realidad que se aleja y regresa como si fuera nueva. Por eso es un país extraño”, dice la artista.
En ese territorio de “extrañeza” aparecen las grandes piezas de tela cosidas a mano, algo nuevo en la obra de Stolarsky. “Mi abuela, que era turca sefaradí, fue la única que cosía en la familia, y esta es una manera de reencontrarme con ella. La mayoría de estas telas las conseguí en un mercado turco en Bélgica. Es una forma de construir varios símbolos dentro de mi propia historia”.
Las telas más grandes fueron hechas para esta exposición. Aparecen paisajes o a veces figuras humanas perdidas en el gran paisaje. Entre ellas está Y todos los otros, una preciosa pieza que representa un pueblo hecho con retazos. Son los que están y los que no están, tal vez los que vendrán. “Es la única obra que viene de Bélgica, las otras fueron hechas acá. Esa obra en cierta forma es el origen, por eso da nombre a la muestra”.
Y después están los rostros, o más precisamente retratos sin rostro. Así son los más de 80 dibujos hechos en grafito sobre papel de la serie Paisajes heredados. Es otra larga línea de retratos llenos de expresividad a pesar de la falta de expresión. Y después están los otros rostros, los que pertenecen a otra línea: la de los desfigurados por la guerra, los irreconocibles. A ellos la artista los representó con retazos de tela que los tapan o los insinúan.
Descendiente de inmigrantes polacos, la obra inicial de Stolarsky se inspiró en la trayectoria de su familia, sobre todo a partir de las fotos familiares. Así ha reflexionado sobre el Holocausto y los efectos de la guerra. En esta muestra enfatiza el vínculo entre la historia personal y la colectiva. “A partir de hechos familiares, de su pasado, la artista parecería referir de manera ampliada a todas las guerras, a todas las poblaciones que desaparecen, a todos los deportados, a toda clase de exterminio”, dice el texto de la curadora.
“Los números, los apellidos y los nombres de el hijo, el padre y el espíritu santo”, escribió Elián Stolarsky en un poema que acompaña sus obras. Son versos que hacen pensar en “esos otros” que ahora mismo están allí, en los paisajes desoladores de la historia.