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    Las intendencias y la obsolescencia planeada

    N° 1888 - 13 al 19 de Octubre de 2016

    “Cuando un sabio señala a la Luna, los tontos miran el dedo”. Y en el Uruguay progresista, pocos miran a la Luna, entre ellos, las intendencias.

    En la ciudad de Vancouver tienen un detallado plan para ser la “Greenest City 2020” (Ciudad más verde del mundo para el 2020), uno de cuyos diez capítulos es referente al transporte.

    Ellos están viendo el avance imparable del car sharing y les dan la bienvenida a empresas como Uber, Cabify, Blablá Car u otras, ya que entienden que compartir el auto ayuda a disminuir los embotellamientos, ahorrar en combustible, dedicar más tiempo con la familia y contaminar menos el ambiente.

    En Montevideo hacen todo lo contrario: quieren sancionar, prohibir y, si vivieran en su submundo perfecto “a la cubana”, arrestar o mandar al paredón a quien ose transportar pasajeros y cobrar por semejante ignominia.

    En Estados Unidos, lo que sería nuestro Ministerio de Transporte, trabaja en un proyecto denominado Beyond Traffic 2030 (Más allá del tránsito al 2030), donde no solo piensan en cómo agrandar carreteras, sino cómo cambiarán los hábitos de trabajo y traslado de los ciudadanos al incorporarse cada vez más tecnología, trabajo a distancia y deliverys que nos entregan cualquier producto en la puerta de nuestros hogares.

    Uber ya está viendo que el próximo paso son los autos conducidos sin chofer, lo cual, en principio, podría dejarlo afuera de su lucrativo negocio. Si aplicaran la lógica de Dourado-Martínez, Uber debería salir a prohibir estos vehículos, argumentando seguridad, riesgos y la infaltable “defensa de los puestos de trabajo”. Pero Uber tiene otra cabecita. Lo que hacen es anticiparse al futuro y ya están (ellos mismos) desarrollando los vehículos sin conductor. Ven que su modelo de negocios va a quedar obsoleto en unos años y no quieren esperar a que llegue ese día. La dupla Dourado-Martínez, sí.

    Esto nos lleva a pensar ¿para qué existe el Departamento de Tránsito de una Intendencia? La respuesta que quieren escuchar los ciudadanos es: para hacer que el tránsito sea fluido y ordenado. Pero no es ese el propósito ni de gobernantes, ni de empleados ni de empresarios que se sirven de sus favores; su propósito es otro: recaudar.

    Y la manera de recaudar más y mejor, es poniendo trabas, regulaciones ridículas y multas (muchas multas), justificando tal desmadre en que quieren “protegernos”. ¿De quién?

    Sin embargo, los ciudadanos no se sienten “amenazados” por Uber, sino por los delincuentes que pululan por nuestras calles. No se sienten mal atendidos por los socios de Uber, sino por los empleados de los taxis y sus patoteros patrones. Y tampoco se sienten “explotados” por los precios de la “imperialista Uber”, sino agradecidos por cobrar bastante menos que el prebendario servicio de taxis hiperregulado.

    Cuando vemos a nuestros grises gobernantes conducir nuestros destinos mirando por el espejo retrovisor y vemos cómo otros países nos sacan más y más ventaja mirando varios kilómetros hacia adelante, nos dan ganas de decir: “Cerrá y vamos”.