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“El objetivo ahora es no cometer errores, que se equivoquen ellos. Nosotros tenemos que planear sobre Por la Positiva, que es lo que nos va a permitir llegar enteros a 26 de octubre”. Recién habían terminado las elecciones internas de junio de 2014, y el entonces flamante candidato blanco Luis Lacalle Pou le trazaba así a su comando la línea estratégica a seguir en el remate de la campaña para aspirar a ser gobierno. Pero entre junio y octubre de ese año hubo mojones —“hitos claves”— que trastocaron los planes iniciales: dirigentes colorados acusando al candidato nacionalista de una supuesta extorsión, todo el aparato oficialista operando en contra, una accidentada entrevista televisiva, el bombardeo de propios y extraños al concepto “por la positiva”, la desarticulación en los hechos de un comando estratégico que había resultado exitoso en las primarias.
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Todas estas cuestiones están reflejadas en el libro “La Positiva. Los secretos de campaña de Luis Lacalle Pou”, escrito por el periodista Daniel Supervielle. El libro, editado por Penguin Random House, saldrá a la venta mañana viernes 13.
Ubicado como un “observador participante” que cruzó la frontera del periodismo para meterse en la cocina política de un partido, Supervielle narra en primera persona lo que vivió durante los dos años en los que se desempeñó como asesor estratégico de Lacalle Pou. Cuenta, por ejemplo, que el eje de la campaña tras las internas giraba en torno a la innovación que significaban las tres palabras que conforman Por la Positiva, pero que al mismo tiempo “llovían las presiones que Lacalle Pou sacara la boleadora, la tacuara afilada y empezara a pegarle con dureza al gobierno”. Y agrega: “Las presiones fueron enormes y venían de todos lados, de algunos militantes desconocidos así como de empresarios que apoyaban la campaña. Incluso de periodistas y asesores cercanos al Partido Nacional”.
Según el autor, la “convicción” de Lacalle Pou resultó “decisiva” para no pasar a una “estrategia de confrontación directa”. Supervielle admite que aún le persisten “dudas” acerca de si la estrategia exitosa en las internas debió ser utilizada para las elecciones nacionales. “Con el paso del tiempo considero que Lacalle Pou quedó muy solo en su discurso por la positiva. (…) Era Lacalle Pou el único que la defendía a cada paso que daba. Esa soledad discursiva —no política— de Lacalle Pou convertía a La Positiva en una lanza sostenida solo por el principal lancero del ejército, amén de que la tropa creía y acompañaba detrás. Esa defensa a ultranza hizo que Lacalle Pou pareciese repetitivo al defender La Positiva”.
Una entrevista y una denuncia inconvenientes.
“En el comando éramos conscientes de que Lacalle Pou no podía cometer errores. Como novedad imprevista que era, lo estaban observando con lupa.(…) Los errores se medían con detalle de manómetro y se cobraban al contado y con intereses de usureros”. Supervielle habla en su libro de una situación de “permanente exposición” que el candidato blanco “vivía desde que abría un ojo a las cinco de la mañana”. Y dice que esto “no sucedía con su principal adversario Tabaré Vázquez. La edad, su personalidad distante, siempre rodeado de custodios y midiendo milimétricamente cada aparición, le generaba un manto protector a las demandas de la nueva era digital, cosa a la que Lacalle Pou se expuso sin reparos y a veces hasta sin estrategia”.
Hubo dos episodios periodísticos que Supervielle cataloga como mojones determinantes en la campaña del candidato blanco. Uno de ellos fue la entrevista que le realizó el periodista Gabriel Pereyra para el programa “En la Mira” de VTV. “El episodio conocido como la sanata, mote con que el editor de “El Observador” calificó al programa de gobierno del Partido Nacional en una de las entrevistas políticas televisivas más extrañas de la historia del periodismo uruguayo, fue un incidente importante de la campaña”. Supervielle dice que Lacalle Pou fue a esa entrevista “sin imaginar que Gabriel Pereyra iba a ubicarse en un rol mucho más propio de una charla provocadora en el mostrador de una cantina de un club de barrio que de un entrevistador a un candidato presidencial”. El autor señala que los votantes frentistas viralizaron el video de la entrevista y lo “utilizaron para reforzar la idea planteada por Vázquez de que la candidatura de Lacalle Pou era como una ‘pompa de jabón’”. Las repercusiones del programa generaron “preocupación” en el comando por su impacto sobre los indecisos. “Nunca se sabrá si esa entrevista volcó en alguien la decisión del voto hacia algún candidato en especial. Pero, probablemente no hacia el Partido Nacional”, concluye el ex asesor.
El otro hecho periodístico fue la denuncia publicada por Búsqueda sobre una presunta extorsión de Lacalle Pou al candidato a vicepresidente colorado Germán Couthino. “El episodio de las revelaciones de Coutinho tomó a Lacalle Pou por sorpresa. Por lo inesperado y por lo grueso de la palabra ‘extorsión’”, escribe Supervielle. Y agrega que pese a que pronto las aguas se calmaron, el incidente había generado una “sensación negativa” en la opinión pública. “El razonamiento que me hizo llegar un indeciso que estaba por votar la fórmula del Partido Nacional y que al final no lo hizo fue más o menos así: ‘Si antes de ganar ya andan a las trompadas, qué puede pasar cuando ganen y sople el viento en contra’”. Para el ex asesor de Lacalle Pou este incidente “fue uno de los puntos más negativos que se registraron entre el 1º de junio y el 26 de octubre. No hubo estrategia previa de cooperación entre los partidos tradicionales para ganar las elecciones y sin esa cooperación fundamental la tarea resultaba casi imposible”.
La vuelta a la vieja política.
Supervielle dice en su libro, que la vorágine que sobrevino luego de las internas dejó con escaso margen de acción al comando que había delineado la estrategia para que Lacalle Pou llegara a ser candidato presidencial. “La delicada construcción política de la fórmula en el propio Partido Nacional, el aspecto publicitario y la intensidad de las giras agotadoras a lo largo y ancho del país condicionaron la estrategia del candidato y también su accionar”. Supervielle opina que hubo una puja interna entre la vieja forma de hacer política y la nueva táctica innovadora que Lacalle Pou implementó y resultó victoriosa en junio. “Para quienes estábamos pensando en la estrategia pero lejos de la demanda político partidaria resultaba inconcebible entender el beneficio de hacer nueve actos por día, con nueve discursos muy parecidos uno al otro. Representaba un desgaste físico y emocional para la fórmula que era evidente y dudo que beneficioso pero, no se podía detener. La campaña iba sola”.