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Esta es una comedia de robos, con ladrones elegantes y villanos de pacotilla, tal como sabe hacer el cine norteamericano (y a veces el francés) pero que solía ser difícil de imitar, porque su mecanismo de relojería exige un libreto muy pensado, un humor sutil (nunca de golpe y porrazo) y su manera de colocar a los personajes en ambientes refinados (a fin de cuentas, roban cosas muy caras, no vulgares bancos) requería una fotografía esmerada, cuidada, linda de ver.
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Pues bien, el cine argentino ha llegado a ese nivel. Así como el director Ariel Winograd había hecho hace dos años “Mi primera boda” (con los uruguayos Daniel Hendler y Natalia Oreiro), donde rescataba bastante bien el estilo de las comedias de enredos (en inglés screwball comedies), ahora propone a un par de granujas que se engañan mutuamente (nuevamente Hendler, con Valeria Bertuccelli) mientras roban (y se roban) una valiosa máscara de oro de un museo y una botella de vino Malbec de Burdeos perteneciente a la bodega de Napoléon III. Si está picado no importa, la película dice que vale mucho y hay que creerle. Son las reglas del juego.
Por cierto que el argumento no vale dos vintenes, pero es el motor que hace funcionar la comedia y el combustible está aportado por sus dos estrellas, que actúan y se comportan como si toda la vida hubieran hecho este tipo de películas: una pareja de comediantes que maneja hábilmente sus diálogos para encaminarse, mediante trampas y engaños, a donde todo el mundo sabe que van a terminar, porque Vino para robar es, ante todo, una película romántica. Las referencias cinéfilas, los guiños al espectador, la propia esencia de los personajes (con Martín Piroyansky muy eficaz como hacker y compinche de Hendler) y los apoyos secundarios de Pablo Rago, Juan Leyrado y sobre todo Mario Alarcón, hacen de esta comedia de robos un entretenimiento atendible.
La carrera de Daniel Hendler (1976) en Argentina lo sitúa como uno de los actores jóvenes más destacados de su generación. Su trilogía con Daniel Burman (donde obtuvo un premio en Berlín por “El abrazo partido”), su filmografía que abarca 27 títulos, su carrera teatral y televisiva, su incursión en la dirección cinematográfica (“Norberto apenas tarde”, 2010) y sus proyectos futuros demuestran que está en su mejor momento y lo aprovecha muy bien. Con Valeria Bertuccelli hace una pareja muy simpática y desenvuelta, lo que favorece sin dudas a una película que apuesta todas sus fichas a la seducción que ambos puedan desplegar. Para un tipo que no se afeita nunca, no está nada mal.
“Vino para robar”. Argentina, 2013. Dirigida por Ariel Winograd. Escrita por Adrián Garelik. Duración: 120 minutos.