N° 2057 - 30 de Enero al 05 de Febrero de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAlgunos lo votaron convencidos. Otros con escepticismo. Otros no le dieron su voto aunque lo respetan. Otros le tienen antipatía. A pesar de las diferencias de estos cuatro grupos, todos coinciden en algo: Luis Lacalle Pou era un mejor candidato en 2019 que en 2014. Ese consenso es relevante, tanto en el contexto general de la política como aplicado a la coyuntura específica de las próximas elecciones departamentales. Veamos ambos.
A nivel general, que la ciudadanía coincida en que un candidato mejoró de una elección a otra es algo digno de celebrar. Supone que reconocemos en la política una de las condiciones básicas de la humanidad: somos seres perfectibles: a partir de acciones y hábitos nos volvemos mejores personas. Ya sé que esto parece de una obviedad pasmosa, pero casi nunca lo aplicamos a los políticos.
Todos sabemos que Luis Suárez mejoró cuando se fue de Nacional a Europa. Todos reconocemos que Jaime Roos creció como artista de su primer disco al último. Hay consenso en que María Noel Ricetto se perfeccionó como bailarina luego de su pasaje por el American Ballet. Cada uno de ellos progresó a medida que desarrollaba su carrera. Nuevos desafíos producen crecimiento personal. Omito adrede la cuestión del talento. Me refiero a la matriz antropológica, que es la misma por la cual un niño que aprende a nadar a los 5 años lo hará mejor cuando tenga 7.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando aplicamos este principio a la política? O, mejor dicho, ¿por qué casi nunca vemos esta cuestión evolutiva cuando hablamos de la carrera de los políticos? ¿En qué mejoró Tabaré Vázquez durante su segunda presidencia? ¿Cuáles son los elementos por los que podemos decir que Larrañaga ahora está preparado para asumir el Ministerio del Interior? ¿Qué político ve su carrera como un desafío de crecimiento personal, del mismo modo que crecemos en el ámbito deportivo, artístico o empresarial?
Vuelvo al inicio: hay consenso en que Lacalle Pou mejoró como candidato de una elección a otra. ¿Cuál fue esa mejoría? ¿Cómo se mide? Lo primero: asimiló la derrota y aprendió de ella. Trabajó durante cinco años en consolidar un liderazgo interno, preparar todas las entrevistas, solidificar grupos de trabajo, escuchar, entender mejor el país, formar posibles gobernantes y consensuar líneas de acción que lo llevaran a ganar la elección. Lección aprendida. Eso no lo hace necesariamente ni un talentoso de la política ni mucho menos un buen presidente. El aspecto al que me refiero es otro: Lacalle Pou fue mejor político en 2019 que en 2014. Es irrelevante si uno lo vota o no lo votará jamás, lo que estoy planteando es lo novedoso del proceso de mejoría. ¿Por qué la matriz de crecimiento, de aprender de las lecciones, es algo tan ausente en el ámbito de la política? ¿Por qué es un caso tan aislado? Pensemos ahora en la coyuntura de las próximas elecciones municipales y concentrémonos en Montevideo.
¿Cómo es posible que no haya un candidato de la oposición que sea el mismo de las elecciones pasadas? ¿Cómo se explica que quizás Guido Manini Ríos o Ernesto Talvi compitan por Montevideo? ¿Cuándo se prepararon para ello? ¿Cuándo estudiaron sus barrios, los desafíos sociales, urbanos, ecológicos, financieros de la capital?
En las filas del Partido Nacional, se hablaba en la elección municipal pasada de que Jorge Gandini se preparaba y Lacalle Pou puso a Álvaro Garcé. ¿Por qué hoy ninguno de los dos está en la conversación? ¿No era que Sebastián Bauzá se perfilaba como el candidato idóneo para competir en mayo? No hay lecciones aprendidas, no hay mejora, no hay trabajo de una elección a otra para que aun los que no lo voten puedan decir: mejoró como candidato.
Otra lección no aprendida: lo que hizo Edgardo Novick en 2015 repitiendo el error que había cometido Pedro Bordaberry en 2005. Se presentan como candidatos municipales, votan relativamente bien y, en vez de trabajar para volver a ser (mejores) candidatos en las siguientes elecciones departamentales, se lanzan a la carrera por la presidencia, que termina siendo en ambos casos una carrera perdida. No hay manera de aprender así.
Hoy algunos se regodean viendo los problemas del Frente Amplio para definir sus candidaturas en Montevideo y escriben de la “carnicería” entre las distintas facciones de la izquierda. Miran la paja en el ojo ajeno y no se dan cuenta de que la izquierda gobierna la capital desde 1990. Eso significa que cualquiera de sus candidatos tiene más capacidad de asumir la comuna que los inexistentes candidatos de la oposición.
Perder una elección, municipal o nacional, puede ser una lección aprendida si y solo si el candidato que pierde tiene una convicción de lo que puede aportar al país o al departamento por el cual compite. Solo así aprenderá de la derrota y planteará un curso de acción desafiante para convertirse en un mejor candidato la próxima vez, del mismo modo que el deportista entrena para mejorar la performance en el siguiente partido y el artista en la siguiente actuación.
Que el Partido Nacional, el Partido Colorado y los otros grupos de la coalición no tengan uno, dos o tres candidatos que se formen para asumir la Intendencia de Montevideo significa que hay una lección básica que no aprendieron: a veces perder es una buena manera de recomenzar y mejorarse como político.
Hay todavía un aspecto más oscuro en todo esto: que no se encare Montevideo como un desafío político de oposición al Frente Amplio, que no se trabaje un plan de 5, 10, 15 años para mejorar la ciudad y que se esté hablado ahora de la importancia del candidato único para dar batalla significa que se quiere el poder por el poder mismo y no como modo de servicio a la comunidad.
Si lo que más importa es que pierda el Frente Amplio la intendencia, entonces la política entra en su peor versión: pura ansia de poder sin ninguna idea de servicio que la sostenga. Eso no solo es la causa principal del rechazo que a veces provoca la política, sino el caldo de cultivo para que los políticos no entiendan que tienen que mejorar, aprender y superarse como personas de servicio.