Nº 2233 - 13 al 19 de Julio de 2023
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs muy difícil no calificar como perjudicial a la llamada ley de talles. Pretende obligar a los comerciantes a ofrecer talles especiales para todas sus prendas, creando un mecanismo de controles, inspectores y multas a quienes no tengan esa blusa gigante esperando por ti en la vidriera y hasta suspendiendo varios días al comercio por incumplir con el gusto particular de un consumidor.
El error de base del proyecto está en la falsa idea que cualquier necesidad (en este caso, acceder a ropa variada) se transforma en un derecho y que ese derecho lo debe pagar otro.
Además, no podemos decir que acceder a ropa variada sea una necesidad (como sí lo es beber o comer). Se trata de un simple deseo, totalmente prescindible y secundario como para impedir llevar una vida plena.
Con esta ley le cargan la obligación al comerciante de contar con un stock de productos que es probable que nunca venda o venderá muy lentamente, recargando así los precios a los demás clientes, asumiendo pérdidas porque esa prenda “pasó de moda” u alquilando espacio innecesario para un stock que no rota. Pero ninguno de estos beneficiarios de la ley se compromete siquiera a gastar cierto monto mínimo por año en talles especiales.
Si hay un público que demanda talles especiales seguro habrá alguien interesado en darle una solución. Y si nuestro mercado es chico, lo ampliamos, pudiendo comprar de forma libre en el Mercosur, Estados Unidos o Europa.
Si lo que en verdad se quiere es darle más opciones de producto al consumidor, la solución es darle más libertad al comerciante y más libertad al comprador.
Por ejemplo, libertad para importar ropa especial sin la restricción de los tres envíos por año de US$ 200 cada uno, permitiendo consolidar más paquetes, ahorrando fletes y gastos. Trámite 100% online, gratis.
Si no lo encontrás en Baires o en Amazon, ¿pensás que lo vas a encontrar en una boutique de una galería en el Cordón presionada con la boleta de multas del burócrata por no tener esa pollera que te gusta?
Dos anécdotas. Por las décadas del 60 y del 70, mi madre y mi tía se confeccionaban sus vestidos, polleras y blusas con moldes de la revista alemana Burda. Lograban cosas preciosas, se entretenían, desarrollaron una habilidad, ahorraron dinero y estaban orgullosas. Y, sobre todo, ¡no molestaron a nadie para resolver su necesidad!
Yo desde los 12 años calzo 46, por eso en el liceo me decían el Pata. Casi nunca pude elegir un modelo en la vidriera. Solo entraba y preguntaba: en talle 46, ¿qué modelo tienen? ¡Y parecían zapatos de payaso! Con suerte, cada tanto, conseguía mocasines Guido en Argentina, pero me las tenía que arreglar yo y bancarme las burlas. ¿Cómo puedo pretender que el comerciante tenga todas las opciones de mi agrado cuando yo compro un par de zapatos cada varios años?
Lo peor de esta ley es su consenso. Hace 16 años están presentando ideas similares. Este no es el camino. Uruguay es un país de ideologías suavemente onduladas y un estatismo que todo lo cubre. Tendremos ley de talles que será inaplicable o nefasta.
¿Por qué no prueban con más libertad?